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La historia del libio que corre por su país para llevar un mensaje de paz

Abdelsalam Al Busairi tiene 30 años, es maestro y entrena una media de 75 kilómetros al día; busca que su accionar ayude a terminar la guerra en Libia

Viernes 20 de octubre de 2017 • 12:03
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Abdelsalam Al Busairi, el libio de 30 años que corre por su país para sembrar paz
Abdelsalam Al Busairi, el libio de 30 años que corre por su país para sembrar paz.

Abdelsalam Al Busairi es un libio de 30 años que recorre su país, afligido por la guerra, con un mensaje de paz a cuestas. Según publicó el diario El Mundo, corre una media de 75 kilómetros al día bajo temperaturas que superan los 40 grados.

"Aquel día, sin ninguna razón en particular, decidí salir a correr. Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el final del pueblo. Y cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el condado de Greenbow.", cuenta Al Busairi.

"En mi primer viaje corrí durante 450 kilómetros desde Sabha (una ciudad a 640 kilómetros al sur de Trípoli) hasta casa», relató a Crónica este treinteañero nacido en el pueblo de Qaraqra y curtido en las maratones que se celebraban en Libia antes del naufragio.

El detonante que estimuló su aventura fue la muerte de su tío en medio de los conflictos. Era el cuarto pariente que se moría desde las revueltas de 2011.

Desde entonces sus zapatillas recorrieron la ex patria de Muamar Gadafi, convertida hoy en un reino de taifas donde una constelación de milicias, ejércitos y gobiernos rivales litigan salvajemente por el poder.

La travesía

"Recorrí ya casi 2500 kilómetros. En los pueblos a los que llegó siempre me reciben la policía, las autoridades y los vecinos. Los saludo y me quedo a pasar un día con ellos. Los escucho y me escuchan. Luego, sigo mi viaje", comenta empeñado en unir con sus zancadas los restos de un Estado fallido, ruta de refugiados que huyen de su propio horror y hogar de extremistas, contrabandistas de armas y nostálgicos del coronel.

Incansable, Abdelsalam atraviesa oasis, desiertos y sierras agitando una bandera que reza «Tolerancia y reconciliación por nuestra patria». Obsesionado con hacer sanar las heridas, el joven arrastra su mensaje entre trincheras, hasta donde el ruido de la guerra se ha convertido en rutina.

"No podía no ir a los lugares calientes. Encontré personas amables y buenas que perdieron la confianza en los otros", asevera cargado de optimismo. "Si Dios lo quiere, un día dejarán las armas. Se aburrirán de los combates y se sentarán en torno a una mesa. Mi objetivo es propagar la paz por mi país. Cada compatriota tiene el deber de contribuir a recuperar la unidad", opina. "Libia volverá a pesar de todo, de esta guerra y de su destrucción".

"Si Dios lo quiere, un día dejarán las armas. Se aburrirán de los combates y se sentarán en torno a una mesa. Mi objetivo es propagar la paz por mi país. En el mapa que construyen sus pisadas no hay lugar vedado ni atajos sencillos. Transitó las fronteras con Túnez y Egipto e irrumpió en epicentros del levantamiento contra Gadafi como el enclave mediterráneo de Misrata, donde el cadáver del dictador fue expuesto como un trofeo de guerra", señala.

"Si Dios lo quiere, un día dejarán las armas. Se aburrirán de los combates y se sentarán en torno a una mesa. Mi objetivo es propagar la paz por mi país. "

Y comenta que en el último trayecto vistió una zona peligrosa en la frontera con Níger y jamás tuvo ningún problema. "El pasado marzo se adentró en Derna, una villa controlada por un grupo de milicias y bajo asedio de las tropas del general Jalifa Hafter, dice. Enseguida, añade: "Accedí a través de un corredor controlado por el ejército. En mis conversaciones comencé a percibir cambios positivos. La gente quiere paz. Están hartos de matanzas y tienen la necesidad de reconciliarse pero esperan aún un líder capaz de volver a unirlos. Yo les convenzo para que hablan con el enemigo".

Una causa que impacta

Su fama, que se fue propagando por todos los rincones del país, atrajo a patrocinadores que ahora financian sus viajes en lugar de pagarlos con sus ahorros. Entre sus flamantes patrocinadores figura la compañía de telefonía nacional Libyana. "Estoy preparando otras dos misiones para los próximos meses", menciona Abdelsalam.

"En cada nueva expedición crece mi entusiasmo. A veces hay quien me acompaña corriendo durante el trayecto que une dos ciudades cercanas. Recibo muchas muestras de ánimo. Mi familia, mis amigos y mis vecinos son los primeros en apoyarme. Jamás me topé con alguien que rechazara mi iniciativa», admite. En las fotos captadas en su llegada a varios pueblos, caravanas de coches y motocicletas escoltan sus pasos.

Cuando su peregrinaje termine, este libio -que dedica las mañanas a la lectura del Corán y las noches a practicar deporte- planea su salto al viejo continente. "Quiero viajar a Italia, cruzar Europa y el próximo año llegar a tiempo a Rusia para lanzar un mensaje al planeta coincidiendo con el Mundial de fútbol: los libios queremos la paz". "Espero", concluye, "que cada gota de sudor que ha resbalado por mi rostro haya servido para lograr que las armas callen por fin".

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