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Acortemos el trecho entre el dicho y el hecho

Lunes 23 de octubre de 2017 • 00:18
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A veces me pregunto por qué teniendo normativas tan claras plasmadas sobre papel muchas veces la realidad no se condice con lo escrito. Me refiero por ejemplo a la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (CDPD) escrita por las Naciones Unidas, que en Argentina es la ley número 26.378 y que es tan importante como nuestra Constitución Nacional. En su preámbulo nos recuerda, entre otras cosas, que todas las personas tienen la misma dignidad y valor, y que cuando todas las personas tienen la misma libertad y derechos, el mundo tiene más paz y justicia. También menciona que para todas las personas con discapacidad es muy importante ser independientes y tomar las propias decisiones, y que las personas con discapacidad tienen derecho a participar en las decisiones que tienen que ver con ellos. Esto se resume en la máxima “Nada sobre nosotros sin nosotros”.

Al mismo tiempo, pienso por ejemplo en la Ley número 27.043 sobre el Abordaje Integral e Interdisciplinario de las personas que presentan Trastornos del Espectro Autista que fue promulgada en el Congreso Nacional en diciembre de 2014 y que aún no ha sido reglamentada. Casi 3 años después, las familias aún están esperando que las inviten a participar del proceso de reglamentación. ¿Y la buena práctica de “nada sobre nosotros sin nosotros”? ¿Dónde quedó?

Por otro lado, los países que firman la Convención están preocupados porque las personas con discapacidad también sufren discriminación por discapacidad y por otras cosas y les niegan muchos derechos. Me viene a la mente un fragmento de la Resolución 311/16 del Consejo Federal de Educación: “Las escuelas tienen prohibido rechazar la inscripción o reinscripción de un/a estudiante por motivos de discapacidad” (¡!). Y por otro lado pienso en las decenas de familias que peregrinan de escuela en escuela porque sus hijos con discapacidad no son aceptados. ¿Conocés algún ejemplo? Nuevamente, el gran salto entre lo dicho y lo hecho. ¿Cómo hacemos para cambiar las cosas? ¿Cómo hacemos para que no se sigan vulnerando derechos una y otra vez? ¿Cómo hacemos para que no se discrimine a las personas con discapacidad? Esto no es responsabilidad de otros, es responsabilidad de cada uno de nosotros.

Probablemente el primer paso es estar informado. La CDPD tiene la cualidad de abrir nuestra mente e introducirnos al mundo de la neurodiversidad y los derechos. Recomiendo que tengas en tu mesa de luz la Convención y cada vez que tengas un ratito la hojees. Hay una hermosa versión adaptada a lectura fácil y en formato accesible (versión audiolibro y versión en Lengua de Señas Argentina) que se puede descargar o ver/escuchar en www.convenciónaccesible.com.ar .

Por otro lado, encontré una linda sugerencia en el final de una página web sobre Recomendaciones sobre Accesibilidad Electoral: “Las personas con discapacidad saben qué tipo de asistencia necesitan y cómo quieren ser ayudadas. Escuche y respete sus indicaciones”. Todo se resume en algo tan simple como escuchar y respetar a las personas. Y en confiar en que cada persona sabe qué quiere y qué necesita. No parece tan difícil cambiar el chip y que cada uno aporte su granito de arena para acortar el trecho entre lo dicho y lo hecho.

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