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Mariano Rajoy optó por el más duro de los escenarios

Si el Senado aprueba la puesta en marcha del 155 todo el gobierno catalán será removido

Sábado 21 de octubre de 2017 • 10:07
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Todo el control de la región de Cataluña pasaría a manos de Madrid
Todo el control de la región de Cataluña pasaría a manos de Madrid. Foto: AP / Paul White

MADRID.- El gobierno de Mariano Rajoy eligió la más dura de las fórmulas posibles para la intervención de Cataluña . Un escenario de máximos. Aunque lo niegue, en los hechos, todo el control de la región pasará potencialmente a Madrid.

Es un paso de fondo pero que, por el momento, no se activa. Queda pendiente la necesaria aprobación del Senado. Algo que podría ocurrir en la semana entrante o en un plazo de no más de 10 días.

En esta espiral que ha ido de plazo en plazo y de prórroga en prórroga, esta vez, ese paréntesis de diez días es el único y último margen que queda para desactivar la medida más dura de la democracia española.

Si antes de que el Senado apruebe la puesta en marcha del 155, el presidente Carles Puigdemont no mueve ficha, ese es el escenario que le espera a la región sobre la que dejará de gobernar. Sus principales resortes pasarán a estar bajo control de Madrid.

Consecuencias del 155

Todo el gobierno en pleno, con su vicepresidente y sus ministros, serán removidos de sus cargos .

Los principales resortes pasan a depender de Madrid. Las cuentas de la economía pasan a estar controladas por los ministerios de Luis de Guindos y Cristóbal Montoro.

Los Mossos d´Esquadra, la policía regional catalana, de cuyo papel en el pasado referéndum del 1 de octubre tanto se sospecha, los medios públicos de comunicación. Todo pasa a estar bajo la mirada de Madrid.

Junto con eso, el Parlamento catalán queda seriamente afectado en sus funciones. Podrá seguir operando, pero siempre que “no dictamine en nada que vaya en contra del artículo 155”, según explicaron fuentes del gobierno central.

Tan restringido queda que el presidente del gobierno central se reserva la facultad de disolverlo, llegado el caso.

Es, de lejos, el conjunto de medidas más restrictivo para el funcionamiento democrático de una región autonómica que se aplica en los 40 años de democracia en España.

Mucho se conjeturaba sobre el carácter que Rajoy le daría a la intervención. Si sería “dura” o, por el contrario, si la abordaría con una visión quirúrgica. Muy especifica y puntual.

Quedó claro que optó por la máxima posibilidad. La que asegura el control de todos los resortes. La que, por arriba de todo, envía un poderoso mensaje de autoridad. “En España la ley se respeta. Esa es la base de un Estado de Derecho”, dijo.

Es un Rajoy como, hasta ahora, no se conocía. El hombre calmo y que esperaba, ahora, se ha puesto a la cabeza de la ofensiva.

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