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El mejor muestrario de los paradigmas del fútbol

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 22 de octubre de 2017 • 19:30

La principal función es educar. No queremos seguidores sino formar líderes”, dijo Mauricio Pochettino esta semana, y la frase me pareció tan reveladora que la anoté en mi cuaderno de cabecera. El técnico del Tottenham Hotspur fue una de las grandes figuras de la última fecha de la Champions League, una competición que expone como ninguna otra los sustanciales cambios que vivió el fútbol en los últimos años. Su equipo se enfrentaba en el Santiago Bernabéu al test que permitiría comprobar hasta qué punto está consolidada su evolución, y lo aprobó con creces, jugando de igual a igual y sin mirar el escudo del rival que tenía enfrente.

El formidable trabajo de Pochettino en Inglaterra se extiende más allá del norte de Londres para alcanzar la estructura de la propia selección, nutrida de hombres de los Spurs y del Southampton, el primer equipo que dirigió en Gran Bretaña. Su verdadera obra se halla en el descubrimiento de jugadores, en tener la valentía de ponerlos en Primera y potenciarlos. En su currículum, este trabajo debería constar por encima de cualquier título que logre.

Y en buena medida, esa frase explica su tarea. Solemos tener una concepción personalista del líder, relacionada sobre todo con el carácter y el mando indiscutido, y es un error, porque ese tipo de liderazgo es inservible para el juego. Crear líderes útiles es formar jugadores que aprendan a pensar y decidir en la cancha con el objetivo de hacerle frente a las dificultades y las demandas del partido.

Por esos rumbos transita Pochettino. Así ha conseguido armar un gran equipo sin grandes estrellas. Un conjunto inteligente que sabe manejar los distintos registros del juego, que tiene un poco de todo, conoce lo que hay que hacer en cada momento y que es, además, el ejemplo perfecto de la evolución que vive el fútbol inglés.

La realidad de que el tradicional juego de tácticas rígidas, pelotazos y centros ya no alcanza para competir con españoles o alemanes ha hecho que la Inglaterra futbolística se haya sumado por fin a la globalización. La tarea de técnicos como Arséne Wenger (el pionero), Pep Guardiola o Pochettino empieza a dar frutos, y hasta los hinchas aprenden a saborearlos. Lo demostraron el martes los del Manchester City, aplaudiendo cuando el equipo salía de la presión con el arquero y los marcadores centrales tocando la pelota dentro de su propia área.

Italia vive un proceso semejante. Después del 0-4 ante España en la final de la Eurocopa 2012 se dieron cuenta de que debían dar un giro, incluso a pesar de que su fútbol calculador y de contraataque les permitió obtener excelentes resultados durante décadas.

La Roma o el Nápoli, más allá de ganar o perder, son la consecuencia de ese cambio. Todos ellos reúnen jugadores que se relacionan bien con la pelota, que se involucran mucho y cuyo objetivo es tener un funcionamiento tan integral como el del Tottenham, el Liverpool o el City.

Un ejemplo contracultural

El nuevo paradigma a nivel mundial es utilizar la táctica no sólo para cerrarle los pasillos al adversario sino, y sobre todo, para generar movimientos en ataque que permitan construir a partir de la pelota. Hoy los equipos tienen herramientas más amplias para luchar contra la adversidad y esto deja más expuestos a los que eligen aferrarse al resultado olvidándose del juego.

El Atlético de Madrid es un representante de esa expresión que empieza a ser casi contracultural. Tanto en el partido contra el Chelsea hace algunas semanas como en el de Liga ante el Barcelona se puso en ventaja, y en lugar de aprovechar los factores psicológicos favorables de esa circunstancia adoptó demasiado pronto la postura de acentuar el ejercicio defensivo. Y en ambos casos le salió mal.

Diego Simeone por el momento sobrevive con ese modelo, aunque quizás en el futuro tenga que darle una vuelta de tuerca. Sobre todo, porque el público ya advirtió que se puede ser eficaz jugando amablemente.

Durante mucho tiempo nos han vendido –también en la Argentina– la farsa de que sólo se podía llegar a la eficacia por el camino del sufrimiento y la practicidad. Hasta que el Barcelona de Guardiola demostró que no era cierto. Este es su legado más importante, el que vino a enseñarnos que se puede tener otras expectativas. Esas que renueva la Champions League en cada jornada.

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