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Mirar a Miró antes que nadie: esa experiencia inagotable

Un recorrido exclusivo por el montaje de la gran muestra con obras tardías del artista que llega al Bellas Artes

Domingo 22 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Pleno montaje de la muestra, que se compone de cincuenta piezas entre pinturas y esculturas
Pleno montaje de la muestra, que se compone de cincuenta piezas entre pinturas y esculturas. Foto: Hernán Zenteno

El pabellón de exposiciones temporarias de Museo Nacional de Bellas Artes lucía el viernes a mediodía en ese estado de metamorfosis que tienen las muestras durante su montaje. Pinturas y esculturas de los últimos veinte años de Joan Miró (1893-1983), uno de los artistas españoles más emblemáticos del siglo XX junto a Picasso y Dalí, se veían en pie de igualdad con altas escaleras de madera y algunas de las cincuenta cajas metálicas naranjas fabricadas en Holanda que llegaron en avión desde Madrid el lunes 16 para ser desembaladas por un equipo de restauradores del museo Reina Sofía. La muestraMiró: la experiencia de mirarque inaugura este miércoles se compone de cincuenta piezas entre pinturas, dibujos y esculturas, más dos películas documentales (Miró habla y Miró, otro), que el estado español heredó en sucesión del artista y que se encontraban al día de su muerte en el taller-vivienda de Son Abrines, Mallorca, donde el artista catalán residió desde 1956. Colección completa del Reina Sofía, este conjunto fue concebido para itinerar. Su primera escala fue Seattle y luego otras tres ciudades de los Estados Unidos. Ahora ha recalado en Buenos Aires para seguir rumbo a Lima una vez que las cajas se vuelvan a cerrar el próximo 25 de febrero de 2018.

Entre estas formas que se deslizan entre la representación de lo arcaico, el ideograma y una abstracción simbólica de los signos, una compleja sencillez que hace reconocible a Miró a un golpe de vista, circula Carmén Fernández Aparicio, curadura de escultura de Reina Sofía, y una de las responsables de esta muestra junto a Belén Galán Martín. Fernández Aparicio elige sentarse frente a una de las obras más significativas de la muestra, el recién colgado Homenaje a Picasso, para explicar el eje de esta muestra ya casi en estado de total desembalaje. "Hasta ahora se habían hecho muestras de esculturas de Miró como si fuera algo aislado pero nosotros vemos que la iconografía se repite en dos y tres dimensiones. El proceso creativo era el mismo, las pinturas sucedían de forma fortuita en el taller. Y lo mismo las esculturas. Partían de su colección de objetos encontrados y luego derivaban a otra cosa". ¿Se puede hablar de ready made, la estrategia revolucionaria de Duchamp, a la manera de Miró entonces? "Bueno, el Miró de los años veinte realizó objetos surrealistas aunque nunca se integró enteramente al grupo. Breton hubiera estado encantado de tenerlo, que va, pero a Miró no le iban ni los grupos cerrados ni los dogmas", cuenta la curadora. Hay en esta muestra también una apuesta a poner en valor la obra tardía de Miró exhibiendo piezas fechadas 1981, muy poco antes de su muerte.

Una mirada rápida a la historia iconográfica de Miró revela el paso de una obra extendida en detalles como La Masía (1922, propiedad de la National Gallery of Art de Washington), una representación vanguardista de su vida rural en Montroig, a estas figuras arquetípicas de colores planos, explotadas hasta el hartazgo en suvenires y que han generado una legión de imitadores insípidos aquí, allá y en todas partes. El enigma de Miró es si simplificó su estética o, por el contrario, hay en estas obras algo más complejo que pasa inadvertido. "Yo no diría que se volvió más sencillo, pero si más esencial", afirma Fernández Aparicio. "Trabaja al mismo tiempo con diferentes materiales y técnicas para centrarse más en lo que es el gesto y la pincelada y la autonomía del color y la línea. Es una libertad que desarrolló a la par que el expresionismo abstracto y el informalismo se imponían en los años 50. Sin perder el estilo, se fue adaptando". Ese esencialismo es llevado casi a un extremo de vacío zen en las obras que se colgaron hacia el final del recorrido. Pájaro en el espacio, un acrílico de 1976, es apenas una trayectoria de puntos sobre el lienzo blanco.

En tiempo presente

Para la curadora la idea de que la estética de Miró es ingenua o infantil es un largo malentendido. "Cuando se dice que su pintura es ingenua se lo está malinterpretando pues los temas son representaciones poéticas, él buscaba representar algo tan etéreo como la música. Y no es para nada infantil porque habla de cosas muy profundas del ser humano. Abundan las representaciones femeninas de personajes muy ligados a la tierra y la fertilidad con una iconografía que viene de una apreciación vanguardista de la Venus neolítica. La aparición constante de pájaros y estrellas son una apelación suya a la trascendencia".

La obra de Miró, cuyo museo-fundación es uno de los hitos de Barcelona, podría resignificarse en tiempos de separatismo y nacionalismo catalán. Activista desde París contra el régimen de Franco y de fuerte identificación con Barcelona y su área rural, cabe preguntarse si hay algo en este conjunto que nos revele el alma estética de Cataluña. Dice Fernández Aparicio que sí, pues: "Desde el principio él realiza el paisaje catalán y sus personajes: la Masía y el segador. Su visión de las figuras que vemos en esta exposición siempre están conectadas a la tierra, pero al mismo tiempo están ligadas a las estrellas. Eso parece venir de uno de los dichos más populares de la gente de Cataluña: «Hay que tener los pies muy asentados en la tierra para tocar las estrellas». Es un poco la idea del sentido común, del seny catalán, todo lo contrario de lo que estamos viviendo".

La pregunta queda flotando en el ambiente del enorme salón de Bellas Artes mientras van y vienen los encargados del montaje. ¿De qué lado estaría Miró si viviera hoy? "Es una pregunta muy difícil de responder. Es cierto que Miró fue un referente de las izquierdas y que se implicó seriamente en cuestiones políticas durante la Guerra Civil Española, pero no parece haber tenido una relación directa con el nacionalismo catalán en sus orígenes. Quién sabe, entonces". Fernando García

Para agendar

Miró: la experiencia de mirar

Museo Nacional de Bellas Artes

(Av. del Libertador 1473). Desde el miércoles hasta el 25 de febrero de 2018. Martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20.

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