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El subibaja emocional de los argentinos

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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22 de octubre de 2017  

Si las caras con ondas de amor y paz que nos sonreían desde gigantografías callejeras y desde edulcorados spots televisivos (del oficialismo a la izquierda) ya resultaban anticuadas, algo ridículas y, lo peor, difíciles de compatibilizar con la gravedad de los desafíos nacionales pendientes, frente al protagonismo mediático excluyente que adquirió el cuerpo de Santiago Maldonado, encontrado el miércoles en el río Chubut, genera un contraste aún más inquietante y desolador.

Esas caras, con mensajes pasteurizados y promesas genéricas se asemejan a las de los pastores de iglesias electrónicas que ilusionan a sus feligresías incautas con una redención ideal de la que estamos a años luz.

El peor capítulo del caso Maldonado llegó justo en la semana previa a las elecciones de hoy. Su efecto disruptivo interrumpió el paseo triunfal de la campaña oficial, amable y de bajas calorías construida sobre los cimientos duranbarbistas de la gestualidad sin conflicto y con discurso light y escueto.

El hallazgo de ese cuerpo interpeló como nunca el estado de ánimo de los argentinos. La desaparición de Santiago Maldonado doce días antes de las PASO empezó a ser fuertemente politizado antes de esos comicios, pero no impactó sobre sus resultados. Los efectos del importante triunfo nacional de Cambiemos, que incluyó la superioridad parcial en la provincia de Buenos Aires (donde la candidata a diputada Graciela Ocaña superó en cantidad de votos a Cristina Kirchner quien, a su vez, se impuso por 20.000 votos a Esteban Bullrich) se evaporaron rápido gracias a una hábil campaña de sectores kirchneristas y de la izquierda para forzar un relato sobre lo que le pasó a Maldonado que los primeros estudios de su autopsia desmienten. A esa estrategia fueron funcionales la parquedad oficial y la inexplicable defensa a ultranza de la Gendarmería por parte de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, cuando lo conveniente era tomar distancia, por ser esa fuerza la que quedaba en el lugar de la peor sospecha.

Resultó insuficiente que en estos días, la única voz oficial de alto calibre fuese, y muy de pasada entre otros temas, la de la gobernadora María Eugenia Vidal durante su intenso raid de visitas a programas de televisión. Luego se agregó la del ministro de Justicia, Germán Garavano, en tanto que el presidente Macri se comunicó privadamente con la madre de Maldonado.

Otra vez quedó explícito que la ausencia de una política oficial activa en materia de derechos humanos deja al Gobierno inerme y frágil cuando se producen hechos de esta grave naturaleza (o que se hacen pasar como tales), situación que es bien aprovechada por sus peores enemigos para pegarle a gusto, sin que sepa cómo neutralizar tan dañina ofensiva.

El ambiente ya venía enrarecido desde antes del macabro hallazgo. El fin de semana pasado sorprendió la publicación de una solicitada en defensa de Horacio Verbitsky al que sus firmantes consideran amenazado porque se puso la lupa sobre cuentas poco claras de su patrón, el gremialista Víctor Santa María, en supuesta represalia por la investigación del columnista de Página 12 sobre el blanqueo de un hermano del Presidente, gracias a las ilegales infidencias de un "topo" de la AFIP.

Resultaron paradójicas dos cosas: 1) que quien recolectaba firmas en "defensa de la libertad de expresión" fuese Cynthia García, actual gran difusora de la campaña de Unidad Ciudadana y antes panelista de 6, 7, 8, desde donde por años se hostigó a periodistas utilizando la pantalla de la TV Pública, y 2) fue insólito ver al lado de la mayoría de firmas de connotados comunicadores de indisimulable filiación kirchnerista, y también de los que revistan en lo que ha dado en llamarse "Corea del Norte" (los que tienden a equiparar todo lo hecho por el gobierno anterior con el actual), la adhesión de periodistas renombrados que sí sufrieron persistentes humillaciones, sin que esas ofensas se hayan reparado, al menos, con un pedido de disculpas. Perón tipificaba como "idiotas útiles" a aquellos que con sus actitudes confusas conspiran hasta contra sus propios intereses y creencias.

Pero mucho peor que esa lábil solicitada, fue que las dos mujeres más poderosas de la política argentina -Cristina Kirchner y Elisa Carrió- se lanzaran mediáticamente a una carrera de burradas, una peor que otra. Los dichos de la primera acerca de que había un "20 por ciento de posibilidades" de que Maldonado estuviese vivo en Chile y que, una vez aparecido el cuerpo, lo comparase con Walt Disney (una leyenda inexistente ya que el célebre dibujante no fue congelado) fue suficiente para que el oficialismo le cancelara su agenda de entrevistas en los medios.

La ex presidenta, luego de sonar medicada (se alegaron problemas de sonido) en su acto en Racing, se desbocó en el programa de Gerardo Rozín al calificar de "idiota" a Mauricio Macri, de "curda" a Patricia Bullrich y de "país de mierda" a la Argentina actual. Igual le ganó El Zorro, el enlatado inoxidable que El Trece viene pasando desde hace décadas. Una suerte de involuntaria encuesta.

Para los más veteranos, la llegada a Aeroparque de los restos de Maldonado en medio de una comitiva y de una custodia fuertemente armada, nos remitió a una imagen similar de 1974, cuando arribaron a esa misma estación aérea los restos de Eva Perón. La pasión necrofílica nacional se mantiene intacta y nuestras fuerzas de seguridad actúan en consecuencia: custodian mejor los cuerpos muertos que los cuerpos vivos.

¿Cómo nos impactará en la soledad del cuarto oscuro este constante subibaja emocional al que nos exponemos con tanta pasión los argentinos? Lo sabremos esta noche.

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