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Un giro en la esencia de Rajoy para tomar la decisión más traumática

El desafío separatista catalán reforzó el liderazgo del presidente, que además se vio favorecido por las fisuras de sus rivales del frente de izquierda

Domingo 22 de octubre de 2017
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LA NACION
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Rajoy, ayer, al presentar la intervención al gobierno autónomo de Cataluña
Rajoy, ayer, al presentar la intervención al gobierno autónomo de Cataluña.

MADRID.- ¿Es éste Mariano Rajoy, el gallego 62 años que lleva seis en la presidencia del gobierno español? ¿O lo cambiaron?

No deja de ser paradójico que el presidente que hace gala de no actuar, de no hacer ruido, del ejercicio del poder sin que se note, le toque adoptar la decisión más traumática en 40 años de democracia en España. Al hombre que muchos califican como un "político gris" se le reserva el papel de agente de desalojo de un gobierno autonómico. De asumir una "defensa de la Constitución y de la legalidad" mediante la maniobra más audaz y riesgosa de que se tenga memoria.

Ayer hablaban del 155 tanto en términos de medicina como de veneno. Es Rajoy, el político discreto y sin sobresaltos, el que termina administrando la droga de efectos aún desconocidos.

"Vea? lo que pasó es que nunca tuve enfrente a alguien como [Carles] Puigdemont. Que no respeta la ley ni la Constitución", fue la explicación a la que apeló para describir una situación tan insostenible como para aplicar recursos extremos.

Los efectos están por verse. Lo que no deja de ser paradójico es cómo el panorama político español cambió en cuestión de horas.

En su afán de romper con España, lo que el independentismo catalán está rompiendo, hasta ahora, es la posibilidad de una alternativa de poder diferente a la de Rajoy, el hombre al que detestan. El hombre al que asimilan con el fallecido dictador Francisco Franco.

Lo único que consolidaron hasta ahora, y tras cuatro semanas de escalada, es la posibilidad de que sea el presidente el que domine el escenario político, como no lo había hecho hasta ahora.

El frente de izquierda está fracturado. Podemos y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) llevan meses enfrentados y han vuelto a estarlo ante el desafío catalán.

A eso se suma, ahora, las tensiones que esa cuestión introdujo en las filas socialistas a partir de la decisión de su líder, Pedro Sánchez, de respaldar la gestión de Rajoy en el difícil momento político.

Se sabe que la historia es más larga. Fue posiblemente el inmovilismo de Rajoy el que contribuyó a que el independentismo catalán saltara del 10 a más del 40 por ciento del electorado en seis años.

Pero, ayer, el presidente que se vio era distinto del que suele ser su esencia política. Era otro y, al mismo tiempo, era el mismo. El que puede jugar callado. Pero no con medias tintas.

Para él las cosas son blancas o negras. Ayer fueron negras.

Eligió la más dura de las fórmulas posibles para la intervención de Cataluña. Un escenario de máximos. Aunque lo niegue, en los hechos, todo el control de la región pasará potencialmente a Madrid.

Carácter

Mucho se conjeturaba sobre el carácter que daría a la intervención. Si sería dura o, por el contrario, si la abordaría con una visión quirúrgica. Muy específica y puntual.

"Suave y breve", como pedía el socialismo.

Quedó claro que el presidente optó por la máxima posibilidad. La que asegura el control de todos los resortes. La que, por arriba de todo, envía un poderoso mensaje de autoridad. "En España la ley se respeta. Esa es la base de un Estado de Derecho", dijo.

Es un Rajoy como, hasta ahora, no se conocía. El hombre calmo y que esperaba, ahora se ha puesto a la cabeza de la ofensiva.

Los funcionarios rebeldes serán sancionados

La aplicación del artículo 155 de la Constitución que anunció ayer el presidente español, Mariano Rajoy, dedica un apartado a los funcionarios y empleados públicos para garantizarles que tendrán seguridad jurídica si se llega a un choque entre las legislaciones del gobierno y las de la Generalitat.

También deja en claro que se aplicarán sanciones disciplinarias a los empleados públicos que no se ajusten a las medidas del artículo 155. "El incumplimiento de las medidas [...] se entenderá como incumplimiento del deber de fidelidad a la Constitución y al Estatuto, a los efectos de las infracciones previstas en la normativa disciplinaria estatal o autonómica", señala el documento.

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