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El remozado rostro del Congreso

Una compleja operación técnico-artesanal, con aplicación de los más avanzados recursos científicos, se ocupa de la restauración de las cuatro fachadas del Palacio de las Leyes, declarado Monumento Histórico y Artístico Nacional en 1993

Miércoles 30 de septiembre de 1998

La obra que se realiza sobre las cuatro fachadas del Congreso Nacional, y que el arquitecto Mederico Faivre comenzó aproximadamente hace cuatro años, se encuentra en este momento sobre la fachada principal del edificio y está próxima a su finalización, prevista para dentro de cuatro meses.

El origen de la obra fue una licitación pública, y el trabajo consiste en la limpieza, restauración parcial, preconsolidación y consolidación de todas las fachadas, y toma estrictamente todo lo que es granito y piedra caliza, ningún otro tipo de material como madera o metales.

La obra fue precedida por una prueba piloto que consistió en una muestra de aproximadamente 15 metros de frente por 28 de alto, que duró entre 6 y 7 meses. Allí se instaló un andamio y el arquitecto Mederico Faivre hizo una serie de pruebas sucesivas en combinación con científicos del departamento de rocas y agregados del INTI. A esta muestra "tenía libre acceso toda persona que quisiera subir al andamio, para ver lo que estábamos haciendo y dar su opinión; lo único que se le pedía era el cumplimiento de los principios de seguridad", comentó Faivre.

"El resultado de las pruebas fue un pliego con el que se realizó la licitación. Lo estamos cumpliendo durante todo este tiempo y no tiende a ejercer la reconstrucción total de los elementos pétreos, sino a congelar el deterioro en el edificio y dejarlo estabilizado, de manera tal que cuando exista presupuesto en un futuro se puedan retomar algunas tareas que hubiera sido imposible concretarlas", explicó Faivre. El arquitecto destacó que la inexistencia de un pliego en este tipo de trabajos es la que da origen, generalmente a los problemas más graves.

Las soluciones

Resulta fundamental una acción de los operarios meticulosa y de gran prolijidad, emprendimiento que afronta Calcaterra.

Todos los elementos que se introducen en la obra pasan por el laboratorio para testear si pueden resultar agresivos.

Para la solución, se efectúan aproximadamente 9 pasos que se van dando sucesivamente. Primero se arma el andamio, se hace un relevamiento fotográfico del estado en que está la obra antes de tocarla, se lava con biocidas para desinfectar el guano de la paloma, y un control de daño preciso donde se retiran los elementos pétreos sueltos. Yfinalmente se los clasifica y guarda en cajas y se hace otro lavado más. A partir de ese momento se hacen planos donde se decide con qué elemento hay que tratar cada área, por ejemplo cerrar grietas con epoxy o tomar juntas con cemento blanco, poner poliuretano para ayudar al drenaje, etcétera. Cuando se termina esto se procede a la restauración. Por último, se agrega ahuyentapalomas en los lugares necesarios, y se vuelven a lavar las fachadas.

"El lavado se realiza a muy baja presión, unos 40 kilos por cm2, alejando los sistemas de limpieza unos 60 centímetros, y se limpia con cepillo de cerda salvo algunas manchas del granito, que se trabajan con cepillos metálicos", destacó Faivre. En la actualidad, ya se retiraron más de 40 kilómetros de cables de comunicación y artefactos de iluminación y aire acondicionado de otra época.

Una de las tareas principales fue recursar todas las líneas por donde se escurría la lluvia; todo el movimiento de agua por las fachadas, ya que se introducía en las vetas de la roca y llegaba a los miles de pernos de sujeción y vinculación de los distintos elementos pétreos que se usaban para unirlas, porque se rajaban a pie de obra. Estos pernos estaban fabricados en hierro dulce y entraron en colapso rápidamente, se hincharon y agrietaron la piedra aún más, por lo que se debió retirar el metal (se encontraba en un estado de deterioro irreversible) que estaba dentro de la piedra caliza. Esto se debió hacer con un sistema de fijación en plomo, cobre o bronce.

Además, el agua drenaba por las cornisas que funcionaban como colectores de agua. El desagüe salía por pequeños agujeros en el frente. Y su acción, en este caso, generó áreas de avanzada destrucción en la roca.

Para resolver este tema, se consigue recursar el drenaje por medio del relleno de las cornisas con poliuretano inyectado in situ, al que se le agregó un acelerador de agua y una capa de pintura antirrayos ultravioletas. "El agua circula paralela al edificio, entra en el sistema de evacuación y se escurre mediante pluviales interiores", dijo Faivre.

Otro de los problemas que tiene el edificio es el comportamiento como un gran palomar, por su tipo de arquitectura llena de ornatos, que permite el anidaje en distintos puntos, como los frontis, donde se encontraban entre 6 y 8 nidos en cada uno. Entonces, se estudió durante varios meses el tema para lograr que no vuelvan a nidificar, y se lo lograron un plan gradual y no cruento. Se rellenaron los huecos para que no aniden más y se colocaron ahuyentapalomas en las cornisas que lo necesitaban.

Se encontraron en la fachada vetas de arcilla, restos de motores de explosión, fitotropías como algas o líquenes, y estalactitas. El edificio fue víctima de poco fructíferas intervenciones anteriores. Por ejemplo, el arenado de las fachadas las perjudicó abriéndoles los poros. Por otra parte, también se actuó sobre elementos que faltaban, como los dinteles a las ventanas, que no se podían trabajar en piedra caliza por su forma esbelta. Se agregaron, entonces, dinteles a las ventanas de cemento armado con estructura de alambre de acero inoxidable. Se fabricaron moldes para recomponer elementos ornamentales destruidos en la Revolución del 30 a causa de más de mil impactos de bala.

Esta excelente iniciativa de restauración partió de la Cámara de Senadores, y abre las puertas para la continuidad de acciones que tiendan a recuperar el patrimonio arquitectónico nacional. "Siempre teniendo en cuenta que si la restauración de un monumento histórico no es precedida por un buen diagnóstico que concluya en un buen pliego técnico, es imposible dirigir la obra, y si ésta no se puede dirigir, posiblemente se va a empeorar el patrimonio construido", afirmó Faivre.

Breve historia

El Congreso de la Nación fue construido entre 1897 y 1906. Tiene 600 metros lineales de fachada por 28 de altura, y fue diseñado por el arquitecto italiano Víctor Meano, que ganó la obra por concurso público internacional en el que participaron más de 130 proyectos. Pero la obra perdió prematuramente a su director, que murió en el momento en que se estaba por decidir la calidad que debían tener los frentes pétreos. A partir de ese momento se sucedió una serie de hechos que bajó la calidad del edificio en cuanto a sus componentes materiales.

Los muros están compuestos por mampostería y un revestimiento pétreo, que va desde una pulgada y media hasta bloques de un metro de alto por dos de ancho y 60 centímetros de espesor.

El edificio cuenta con un zócalo de 6 metros de altura compuesto por granito de la Banda Oriental. El resto de los componentes pétreos, alrededor de unas 75.000 piedras labradas, está trabajado en piedra caliza de origen cordobés. Esa piedra entró en la obra con problemas, como vetas de arcilla, que con el paso de los años se lavaron y generaron deterioro. Esas piezas fueron rotadas, generándose así tensiones que, con la aparición de la lluvia ácida en 1940, empeoró su estado.

Agustín Mondelli

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