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Me pescaron viendo porno

Martes 24 de octubre de 2017 • 00:30
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Me parece que estás exagerando, que no es para tanto. ¿Lo pescaste viendo páginas porno? ¿Lo pescaste?, o sea que, pobre…, se estaba escondiendo… ¡claro! le da vergüenza… Y por supuesto que si lo hubieras “pescado” viendo un noticiero, o una película romántica, o un reality show no se habría estado escondiendo. Ni vos, al verlo, sentirías haberlo “pescado”.

Da mucho que pensar todo esto, ¿no? ¿Por qué se tiene que esconder? ¿Es una vergüenza disfrutar mirando porno? ¿a vos no te gusta? ¿te parece mal que le guste a tu pareja?

La cosa tiene en principio dos aristas: una, el sentido de mirar porno como acto privado y la otra la vergüenza ante el descubrimiento de alguna conducta secreta.

Si a vos mirar porno no te gusta, ¿no hay nada que vos hagas o pienses que te resultaría vergonzoso si te “pescaran”? ¿Ninguna fantasía non sancta de ésas que no le contarías a nadie? ¿Ninguna venganza sangrienta? ¿Ninguna mentira? ¿Nunca? ¿No hay nada en tu vida que te avergonzaría si te “pescaran”?

Por ejemplo el baño. El lugar más sagrado de la casa. El lugar en donde uno está seguro de que no hay testigos, cerrás la puerta y sos dueña/o de vos. Te sacás los pelitos de la cara con la pinza de depilar. Te mirás al espejo y te tomás los bordes de la cara y los estirás para ver cómo quedarías sin ninguna arruga. Hacés gestos o te ponés de un perfil, después del otro para ver cuál es mejor para una foto. Te revisás tu cuerpo en aquellos rincones que te interesan sin tener que dar ninguna explicación. Y no digo nada de las conductas evacuatorias o también las de auto satisfacción que, como nadie ve, no son juzgadas ni criticadas. ¿En nada de esto podrían “pescarte”? ¡Imaginate si hubiera alguna cámara oculta en el baño!

Todos tenemos secretos, rincones privados, momentos íntimos, necesidades que no son satisfechas y que añoramos satisfacer, pequeñas o grandes maldades que queremos hacer y no nos atrevimos o por ahí que efectivamente hicimos. Todos tenemos lo que yo llamo, casi de manera infantil, la mancha de caca en la bombacha. Si tu pareja es un hombre, también la tiene aunque probablemente la llame palomita. Ninguno de nosotros es oro 18, todos tenemos algún aspecto o rincón propio y personal en el que nos aflojamos, dejamos de cuidarnos y nos dejamos ser y estar sin ojos críticos ni dedos acusadores. Muchos de nuestros ensueños y sueños, y a veces algunos pensamientos y conductas, tienen componentes pecaminosos, vergonzosos, incómodos, que no querríamos que fueran conocidos.

Y a tu pareja parece que le gusta mirar porno. ¿Y en qué te molesta eso? ¿Te hiere en algo? ¿No te resulta triste ver que se esconde para hacerlo? ¿Quiere evitar tu juicio crítico? ¡Ay, si él pudiera oír las cosas que pensás algunas veces o las que querrías hacer y no te animás, o las que hiciste y mejor olvidar!

¿Es que el hecho de que mire porno es para vos una traición, como si tuviera una relación sexual extra matrimonial, como si pagara por sexo o como si tuviera un/a amante?

No confundamos. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Los hombres y las mujeres solemos ser afectados y reaccionar de diferente manera ante diferentes estímulos. Los hombres suelen ser más sensibles a los estímulos visuales mientras que las mujeres nos derretimos ante bellas palabras, elogios y promesas de amor. En general a los hombres les gusta mirar y, aunque disimulen, se le van los ojos cuando pasa un cuerpo atractivo que les enciende todas las terminales nerviosas y les produce una erección. No lo puede evitar. Mirar les da un enorme placer y les resulta un modo barato, tanto económica como emocionalmente, de satisfacerse. La masturbación es una de las prácticas sexuales disponibles y que, en alguna medida, no solo da placer sino que alivia tensiones, mirar es un poderoso estímulo para ello.

Por otra parte, sabés que hace un tiempo que te vas a acostar más tarde no sea que te esté esperando y quiera. Ya no se usa lo del dolor de cabeza, pero aceptemos que no están las mismas ganas que antes. Y si lo dejás en soledad, con las ganas, la inquietud y la necesidad, cuando te dormís, se levanta de la cama, se va al living, prende la computadora y disfruta mirando eso que el otro día lo “pescaste” mirando. Sí, ya sé que también pensás que por ahí no solo mira…, pero, otra vez, ¿qué querés? No le das bola y ¿querés que se quede feliz en una serena aceptación de la carencia y haciendo ohmmmmmm? Si vos no querés y tu pareja sí, ¿no es más tranquilizador para vos que se satisfaga en casa, que sea solo una descarga sexual y no una búsqueda de otra relación?

Por eso te digo que no es para tanto. No se enamoró de otra persona. No tiene una relación estable afuera o una familia paralela. Está ahí, a cinco metros, entonando un triste solo operístico a media voz. Dale las gracias, dejate de hinchar y andate a dormir. O vestite de odalisca, bailale el baile de los siete velos y poné un poco de calor en el ambiente que está un poco demasiado fresquito.

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