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Xi, el líder más poderoso de su generación, rompe tradiciones y ahora busca perpetuarse

Será nombrado para un segundo mandato, pero ya hay indicios de que el presidente intentará seguir después de 2022

Martes 24 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Imágenes del presidente Xi inundan Pekín, durante un nuevo congreso partidario
Imágenes del presidente Xi inundan Pekín, durante un nuevo congreso partidario. Foto: AFP

PEKÍN.- El XIX Congreso del Partido Comunista Chino, que se encuentra discutiendo "el socialismo con características chinas en una nueva era", continúa sus sesiones, a la espera de que el plenario confirme el liderazgo del presidente Xi Jinping por un segundo período de cinco años. El principal debate del Congreso es si Xi supone una evolución necesaria o una preocupante involución, pero nadie discute qué fractura la tendencia de la política china desde la apertura económica, en 1978.

Deng Xiaoping, el clarividente arquitecto de la China moderna que gobernó entre 1978 y 1997, había jubilado los excesos autoritarios del gobierno tras concluir que desmanes como la Revolución Cultural o el Gran Salto Adelante sólo se explicaban por el desaforado culto a la personalidad de Mao Tsé-tung. Desde Deng, cada presidente heredó menos poder que el anterior y el Comité Permanente del Politburó pasó a dirigir de forma colegiada el rumbo del país. Xi Jinping, por su parte, ha terminado con la fórmula del "primero entre iguales", con el garantista sistema de contrapesos y con el debate interno del partido.

Mao levantó un país arrodillado por el colonialismo occidental y el imperialismo japonés. Deng Xiaoping lo empujó hacia la modernidad. De Xi se espera que acometa una reforma tan complicada como imprescindible en tiempos en que caduca el viejo patrón de las manufacturas y el mundo espera mayor protagonismo de Pekín. El presidente persigue que China tenga una economía basada en la innovación, un ejército moderno, una extensa clase media y el liderazgo global. ¿El problema? Xi calcula que esa China no llegará hasta 2035 y su próximo mandato terminaría en 2022.

La Constitución ordena que los presidentes disfruten de dos mandatos de cinco años y la práctica jubila a los miembros del poderoso Comité Permanente del Politburó a los 68 años. Pero los rumores apuntan a que Xi pretende liberarse del corsé que confabula contra sus ínfulas mesiánicas.

Las señales apuntalan esa teoría. La más clara es la febril agenda de Wang Qishan, el poderoso zar contra la corrupción e íntimo de Xi. En las últimas semanas ha discutido con la Casa Blanca y con líderes asiáticos asuntos que exceden sus competencias. No parece la agenda de alguien que entrevé su jubilación a pesar de que Wang, quien le ha limpiado a Xi el horizonte de adversarios, ya cumplió los 69. Si el presidente le consigue otro lustro en el Comité Permanente, habrá pulverizado la regla del retiro forzoso y el camino hacia su tercer e inédito mandato estará desbrozado. Era también habitual que el presidente ungiera a un delfín en el ecuador de su mandato para que se fuera fogueando, pero la lista de candidatos sigue desierta.

El contexto sugiere un tercer mandato y los que vengan. Cai Qi, líder del partido en Pekín, calificó recientemente la regla de la jubilación forzosa de "puro folklore". La prensa oficial insiste en que los tiempos demandan un liderazgo fuerte como el de Xi.

La oposición interna está debilitada. El grupo de Shanghai, bajo la influencia del nonagenario ex presidente Jiang Zemin, ha sido esquilmado por la campaña contra la corrupción. Y el de la Liga de la Juventud, liderada por Hu Jintao, ha sufrido reformas forzosas porque Pekín la ve como un nido de teóricos alejados de la calle.

"Los éxitos de Xi han sido menores en el terreno de las reformas económicas y la degradación medioambiental. Tampoco ha habido muchos progresos en la reforma de las empresas estatales ni en la redistribución de la inversión hacia áreas económicas más productivas", señala Anthony Saich, profesor de la Harvard Kennedy School. Ni Xi ni sus predecesores han podido profundizar en esas políticas imprescindibles debido a la influencia que conservan las grandes corporaciones públicas, tan paquidérmicas como ineficaces y renuentes a la entrada de las fuerzas del mercado. El acaparamiento de poder de Xi responde a la certeza de que sólo un liderazgo omnipotente puede vencer esas resistencias y modernizar el país.

Xi Jinping es ya el líder más poderoso de esta generación. Preside el país, el partido y el ejército, acumula una veintena de cargos y del plenario anterior salió con el título de "núcleo" o "hexin". El término fue acuñado tres décadas atrás para definir a los líderes de autoridad incuestionable y sólo Mao y Deng lo disfrutaron antes que él. Será extraño que no salga de este Congreso con nuevas medallas en la pechera.

Más comercio con Pyongyang

El gobierno de China defendió ayer su creciente comercio con el régimen de Corea del Norte en el marco de las sanciones de las Naciones Unidas (ONU), que establecen salvedades en productos que afectan a "necesidades humanitarias". China, principal socio comercial de Corea del Norte, "implementa estrictamente" las medidas tomadas por el Consejo de Seguridad hace dos meses para intentar frenar el programa nuclear de Pyongyang, según dijo el canciller Geng Shuang. Según datos oficiales de la aduana, las exportaciones de China a Corea del Norte aumentaron 31,4% interanual en agosto, mientras que las importaciones cayeron un 9,5%. Este crecimiento le valió críticas de la comunidad internacional a Pekín, que señaló que las sanciones no prohíben la venta de comida.

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