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El último Romanov

Víctor Hugo Ghitta
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24 de octubre de 2017  

Fuente: AFP - Crédito: Olga Maltseva

Con el gesto de ligero abatimiento en sus rostros, si no de pesadumbre, estas cuatro mujeres que posan frente al teatro Mariinsky, en Moscú, no alcanzan a transmitir las pasiones afiebradas que se agitan en la memoria colectiva del pueblo ruso. La serie de retratos que llevan en sus manos rinden tributo al zar Nicolás II, el último de los Romanov, que antes de contraer matrimonio y de su coronación mantuvo un ardoroso romance con la bailarina Matilda Kshesinskaya; al parecer, se conocieron apenas concluyó una función de ballet en la que la caída de un bretel dejó al descubierto la belleza de la artista y el deseo inflamado del zar. Alexei Uchitelis llevó al cine esa historia incendiaria en Matilda y, como era de prever, el retrato descarnado resultó ofensivo a los espíritus más ortodoxos. En algunas salas llegó a cancelarse la proyección del film en medio de un clima turbulento en el que prosperaron las amenazas y las escenas de violencia. Nada como la pasión rusa.

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