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River-Lanús. Todo lo que se juegan Marcelo Gallardo y Jorge Almirón, dos DT en el espejo

Semejanzas, diferencias y desafíos de dos de los técnicos más prestigiosos de nuestro medio

Martes 24 de octubre de 2017
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LA NACION
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Foto: Archivo

Marcelo Gallardo fue un número 10 de colección, un típico exponente de la escuela millonaria. De 41 años, transformó la historia reciente del club más ganador, con un estilo que combina la agresividad, la audacia y una extraordinaria precisión en los cruces directos. Es, para muchos, el mejor entrenador de nuestro medio. Jorge Almirón fue un futbolista creado con el molde mexicano, un mediocampista pragmático y disciplinado. De 46 años, transformó la historia del "club de barrio más grande del mundo", con un modelo que mezcla la prepotencia de la defensa con la belleza del arte. Está, para muchos, en el círculo privilegiado de los mejores. El Muñeco, forjado en el Monumental, le agregó al talento de siempre una dosis de personalidad arrolladora. El Negro, que descubrió en la Fortaleza su otro sitio en la tierra, explotó el potencial reciente granate: las buenas intenciones debían coronarse con trofeos. River y Lanús los disfrutan desde hace rato, aunque tal vez no por mucho tiempo más. Prestigiosos y ganadores, se juegan mucho en esta serie copera. Parecidos y diferentes, dejaron su impronta: sus títulos y enseñanzas ya son parte del inmobiliario más generoso. En Núñez, y en Guidi y Arias.

Ellos, sin embargo, tienen un motor interior, en el que el desafío y la ambición nunca son recortes desinflados. Gallardo nació como conductor en Nacional, de Montevideo, una plataforma exitosa y valiosa, que lo contuvo en su última etapa como futbolista. Cinco títulos internacionales (Sudamericana 2014, Libertadores 2015, Recopa 2015 y 2016 y Suruga Bank 2015) y un torneo doméstico (Copa Argentina 2016), le destinan un pasado glorioso, que lo proyecta en el olimpo de los más grandes, en la misma sintonía que Ramón Díaz y Ángel Labruna. O más. "No me importa demasiado ser el mejor técnico de River, no me pongo esos plazos ni objetivos personales. Sí me gusta seguir aprendiendo cosas y, mientras tanto, competimos. Sé que soy joven y todavía tengo un montón por aprender. Los objetivos son a nivel grupal. Los entrenadores dependemos de los futbolistas. Si no conformamos un buen equipo de trabajo, estamos de paso", contó, alguna vez. Las semifinales coperas -la Libertadores, y la Copa Argentina, la otra ilusión-, representan su mejor fisonomía: su River suele transformarse en táctica, apellidos y variables de ajuste, aunque con la misma fuerza competitiva. Su futuro, eso sí, invita a la nostalgia: hay amenaza de partida en diciembre.

Almirón también se iría a fines de año. San Lorenzo -o un desafío mayor-, lo espera con los brazos abiertos. Sabe, ahora mismo, que alcanzó el mayor hito de la historia de Lanús -las semifinales de la Libertadores-, sin la experiencia de su adversario, aunque con el respaldo de los cruces directos a su favor y motivado por ser el más exitoso hombre vestido de granate. El torneo de primera, la Copa Bicentenario y la Supercopa -todos en 2016-, no suelen reflejar su mejor imagen. Sería quedarse sólo con el valor numérico: el Comandante representa la ética del juego. Admirado en México -allí en donde volverá apenas pueda-, de traumático paso por Independiente, descubrió en Lanús su mejor imagen. El equipo -modificado en el tiempo, sin las figuras de antaño-, cree en su filosofía, en la que el primer pase siempre es por abajo, con el respaldo de un arquero-jugador.

"Estar en esta instancia es nuevo e histórico para nosotros; ellos están acostumbrados. Trataremos de disfrutar", acepta Almirón, uno de los apellidos que anduvieron dando vueltas meses atrás, ante la acefalía del seleccionado. También Gallardo, lógicamente, que aspira a un grande de Europa. Se respetan, se admiran. Almirón venera a Ricardo La Volpe: suele decir que le debe su filosofía. Gallardo, en cambio, toma recortes de viejos equipos: la U de Chile de Sampaoli, el Dortmund de Klopp. Los dos se nutren de la psicología y de los métodos de otros deportes. Curiosos, audaces, sin límites.

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