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El impuesto a la soledad

Martes 24 de octubre de 2017 • 01:32
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Recopilando información para la columna de hoy, quedé impresionado por la connotación negativa que la palabra “soledad” tiene en los buscadores de Internet. Se la observa incluso como una enfermedad capaz de extenderse como una plaga alrededor del mundo. De acuerdo con esta lectura, una de las peores cosas que nos pueden pasar en la vida es ser “solos”.

La realidad, sin embargo, no le da la derecha a quienes miran con terror la soledad o al menos habla de un gran número de personas que la sostienen con hidalguía. Los hogares unipersonales no paran de crecer en nuestro país. Casi 4 de cada 10 porteños viven solos (62% son mujeres y 38% son hombres).

Desde el punto de vista de las finanzas personales, vivir solo tiene pros y contras. Conocerlos resulta fundamental para planificar la economía doméstica y tomar las mejores decisiones.

En la columna de hoy, explicaremos lo que denominamos “impuesto a la soledad” y nos explayaremos sobre “las ganancias intangibles” que vivir solo trae aparejadas.

La idea es ver las dos caras de la moneda y entender cómo podemos abstraernos de las presiones y los mandatos sociales para pensar con claridad qué es lo que deseamos genuinamente para nosotros.

El impuesto a la soledad

Comencemos por las malas noticias, ¿en qué consiste este gravamen? Dos ejemplos sirven como respuesta:

Cecilia aprovecha un día lluvioso para ir al cine. Al llegar a la boletería, pregunta si hay alguna promoción con tarjeta de crédito. El boletero la mira con desdén, observa su billetera apoyada sobre el mostrador y le responde: “Tenemos 2x1 con su tarjeta”. Al comprar su entrada Cecilia se da cuenta que está pagando un impuesto del 100% a la soledad, puesto que si hubiese ido acompañada la entrada le habría salido la mitad.

Benjamín pudo ahorrar para hacer un viaje deseado al norte de Brasil. Averiguó por Internet el costo de las habitaciones en una coqueta posada cerca de la playa: habitaciones dobles por 90 dólares y simples por 130 la noche. El impuesto a la soledad es del 44% (y si pagaran ambos en la dobles la diferencia sería todavía mayor).

Para los solitarios, la sensación de injusticia de un mundo que está pensado para el consumo familiar (packs de alimentos para varias personas en supermercados, servicios de cable e Internet para varios televisores y máquinas, etc.) es ineludible y despierta la falsa sensación de que, siempre desde el punto de vista económico, uno estaría mucho mejor acompañado.

Sin embargo, este razonamiento falla al no tener en cuenta aspectos a veces difíciles de observar como las ganancias intangibles que genera la soledad y forman parte de las buenas noticias que tenemos para dar.

Ganancias intangibles de la soledad

Encontrar una persona con la que compartir la vida puede resultar complicado. Mucho más, cuando introducimos la discusión sobre las finanzas domésticas.

Según una encuesta realizada en el Reino Unido por la consultora Relate, el monetario es el tópico número uno por el cual discuten las parejas (26%), seguido de la falta de comprensión del otro (20%), la disminución de la libido sexual (19%), la falta de estabilidad en la vida laboral (17%) y las diferencias en los intereses de uno y otro (16%).

En la misma línea, un estudio publicado por la revista Journal of Family and Economic Issues y realizado por las expertas en finanzas Sonya L. Britt y Sandra J. Houston, advierte que las discusiones por dinero en una pareja causan más separaciones que la infidelidad, el cuidado de los niños, la distribución de tareas en el hogar y los problemas sexuales.

Si bien existen ciertos tips que pueden ayudar a los novios a iniciar su relación con un buen “contrato financiero”, debe tenerse en cuenta que en las primeras etapas del enamoramiento la cuestión del dinero no resulta lo suficientemente importante a los ojos de la mayoría de las parejas, que luego chocarán con una situación difícil: uno de los novios deberá cambiar y adecuarse al otro o ambos deberán generar un acuerdo para modificar sus conductas y adaptarse a la vida en pareja.

De lo contrario, sucederá lo que ocurre en la mayoría de los casos: la falta de previsión termina pasándoles factura demasiado tarde y la separación tendrá un costo no solo material sino también emocional.

La ganancia intangible de la soledad pasa entonces por tener el control absoluto de nuestras finanzas personales y lograr al mismo tiempo cierta estabilidad emocional para evitar construir relaciones de pareja “hasta que la plata nos separe”.

Conclusión

IVA, Ingresos Brutos, Ganancias, Bienes Personales, ABL, Patentes ¿¡y ahora el impuesto a la soledad!?

Lamentablemente es así, pero también es verdad que nuestros Cecilia y Benjamín pueden optar por Netflix o Airbnb para reducir el impacto del impuesto abusivo. Si bien no representan la misma experiencia, al menos ofrecen una opción aceptable hasta que el mercado comprenda que los tiempos están cambiando y que debe brindar productos y servicios específicos para los solitarios. Estos constituyen, en términos económicos, un grupo creciente de consumidores.

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