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China: así se vivió el congreso del Partido Comunista que colocó a Xi Jinping a la altura de Mao

El presidente chino es el tercer líder que logra entrar en los estatutos del Partido Comunista

Martes 24 de octubre de 2017 • 15:40
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LA NACION
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Xi Jinping
Xi Jinping. Foto: Archivo / Ernesto Benavides / AFP

PEKIN (De un enviado especial).- Sonaban como palabras pertenecientes a un tiempo ya olvidado quizás en Occidente pero rebosante de vitalidad en estas tierras. El astronauta chino Jing Haipeng, el primero en atravesar tres veces la estratósfera, se llenó el pecho de orgullo y declaró su deseo de volver a embarcarse nuevamente camino a las estrellas con un único objetivo: demostrar su lealtad al Partido Comunista de China (PCCh).

"Estoy ansioso por volver de nuevo al espacio, ser un pinero en la batalla una vez más", dijo el mayor general de 51 años, según el cable de prensa que la agencia estatal Xinhua distribuyó hoy entre los periodistas extranjeros que llegaron a esta ciudad para el 19avo Congreso Nacional del Partido Comunista de China, reunión que entronizó por un nuevo mandato de cinco años a Xi Jinping, el líder chino más poderoso desde Mao Zedong.

No es una caprichosa interpretación. El pensamiento de Xi Jinping sobre "el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época" fue hoy incluido en los Estatutos del PCCh como una continuación de las elaboraciones teóricas de Mao Zedong y Deng Xiaoping mediante una resolución. La otra, clave, fue sobre una política que continuará con vigor en la nueva gestión y que constituye un caballito de batalla de Xi Jimping: la lucha anticorrupción dentro del partido comunista.

Xi Jinping hace historia en China y consigue colocar su nombre a la par del de Mao
Xi Jinping hace historia en China y consigue colocar su nombre a la par del de Mao. Foto: Reuters

El Congreso había comenzado una semana atrás con un repaso de su primera gestión al frente de la segunda potencia económica mundial. Cerró hoy con una visión de su futuro. "Hoy en día, los más de 1300 millones de chinos estamos imbuidos de un elevado espíritu y pletóricos de orgullo. Los más de 9,6 millones de kilómetros cuadrados del territorio patrio están rebosantes de pujante vitalidad e impregnados de un exuberante aire primaveral; la civilización china de más de cinco milenios de historia irradia deslumbrantes esplendores y perennes encantos; la dirección de nuestro Partido y el sistema socialista de nuestro país son firmes y sólidos, y rebosan de vigor. Al pueblo chino y a la nación china les esperan un porvenir grandioso y un futuro brillante", dijo Xi Jimping en el colmado Gran Salón del Pueblo, franqueado por los dos últimos presidentes del país, Hu Jintao y el veterano Jiang Zemin. Ese escenario era compartido con el Comité Permanente, el politburó y el Comité Central. Sólo había allí una mujer. Debajo, enfrentados en ese primer piso del salón, estaban los cientos de delegados del Congreso, algunos con sus trajes tradicionales extraídos de lejanas provincias.

La ceremonia comenzó puntual, a las 11,30. Horas antes, el operativo de seguridad en la Avenida del Este de la Plaza Tiannamen, infestada de cámaras, ya se hacían notar. Varios policías parecían clavados, inmóviles, vigilando la zona. A su lado, un casco, un escudo y un matafuego, elemento - cuentan aquí- habitual desde que los algunos tibetanos adoptaron una inusual forma de protesta: quemarse a lo bonzo.

Los colectivos con delegados y algunos autos último modelo que transportaban a los funcionarios ya se instalaban en la simbólica plaza Tiannamen. Los buses con periodistas extranjeros, siempre escoltados por personal de Cancillería y varias veces fotografiados y reporteados por medios oficiales, estacionaban cerca del Museo Nacional de China o del Mausoleo de Mao. ¿Sus quejas más básicas? La dificultad para acceder a algunos canales de transmisión de datos asiduamente usados en el resto del mundo. Es que en China están prohibidos el Google (también el Gmail), Facebook, entre otras redes sociales, o el más elemental Whatsapp, desde hace cerca de un mes.

Xi Jinping hace historia en China y consigue colocar su nombre a la par del de Mao
Xi Jinping hace historia en China y consigue colocar su nombre a la par del de Mao. Foto: DPA

La invitación del gobierno chino a los corresponsales de medios de América latina había comenzado un día antes del cierre del Congreso, con una visita a uno de los centros de distribución de alimentos en Bandong, a unas dos horas de Pekín. Allí se mueven cerca de US$ 20 millones de productos por día en un mercado que trabaja por las madrugadas y que abastece a los más de 21 millones de habitantes de la capital china, la segunda ciudad más pobladas detrás de Shangai, y a otras regiones del país . "¿Cómo se establece el precio entre los productores y los comerciantes?", preguntó LA NACION al jefe de prensa del gigante predio. "Los establece el mercado", aseguró. "¿Pero tienen precios máximos?", repreguntó. "Sí, pero sólo para productos básicos como el arroz o la patata, y cuando suben mucho", agregó. La visita se extendió a varias empresas más, de la zona, entre ellas Sister Ma, una firma de golosinas en la que trabajan unas 2000 personas. "¿Cuánto gana un trabajador promedio?", preguntó este medio. "Unos 3575 yuanes (US$ 550)", respondió el gerente de Recursos Humanos de la empresa.

Es difícil definir a la economía china. Quizás la mejor caracterización provenga del Partido. "(.) hay que construir un sistema económico modernizado, para lo cual debemos, persistiendo en situar la calidad en el primer plano y priorizar el rendimiento, y tomando la reforma estructural por el lado de la oferta como línea troncal, propulsar la transformación de la calidad, la eficacia, la fuerza motriz del desarrollo económico, hacer hincapié en acelerar la conformación de un sistema industrial caracterizado por el desarrollo sinérgico de la economía real, la innovación científica, y tecnológica, las finanzas modernas y los recursos humanos, y poner el acento en configurar un régimen económico que sobresalga por la eficacia del mecanismo de mercado, el gran vigor de los agentes microeconómicos y la apropiada intensidad del macrocontrol", explicó ayer una de las resoluciones aprobadas en el Congreso Nacional. En números duros, la economía viene moderando hace años su ritmo de crecimiento pero, según creen los especialistas internacionales, el hard landing no se materializará en el corto plazo. Este año tendrá una expansión de 6,6%. El año que viene será de 6,2 por ciento.

El Gran Salón del Pueblo es casi como un anfiteatro. Ayer, una enorme bandera roja, casi como un telón, y dos enormes monitores celestes, con una leyenda sobre el cierre del Congreso Nacional del PCCh lo adornaban. Encima, pegada en el techo, una enorme estrella roja. El silencio era siempre atronador. Sólo se escuchaban el pasar de las hojas de delegados y funcionarios mientras seguían las lecturas de las órdenes del día. No hubo traducción simultánea, por lo que los periodistas extranjeros en el lugar sólo inferían que se votaban varios temas, se aprobaban, tras lo que llegaban los fuertes aplausos (los discursos traducidos a todos los idiomas se entregaban a la salida).

A las 11,50 habló Xi Jinping durante 20 minutos. Llegaron los aplausos. En el segundo (hay tres) de los balcones unos 30 uniformados se pararon. Levantaron sus instrumentos y comenzaron a tocar. "¿Sabes qué es esto?", preguntó una periodista mexicana. "Es el himno a La Internacional", respondió una colega de Granma, diario oficial del partido comunista cubano. Hubo una segunda melodía que sirvió para para ayudar a la desconcentración del salón y poner fin a la austera ceremonia que había reelegido a uno de los hombres más importantes de la tierra. Afuera los más apurados ya aprovechaban para tomarse un té en un peculiar vasito con una imagen del lugar.

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