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Xi Jinping, en el olimpo: el Partido Comunista lo puso a la altura de Mao

El Congreso renovó su mandato e incluyó su "ideario" en la Constitución, un honor que ni siquiera llegó a tener Deng Xiaoping

Miércoles 25 de octubre de 2017
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Xi sentado ayer junto a uno de sus predecesores, Jiang Zemin
Xi sentado ayer junto a uno de sus predecesores, Jiang Zemin. Foto: AFP / Greg Baker

PEKÍN.- La encadenada presentación de propuestas se remataba con preguntas por objeciones y el eco de los mei you (ninguna) en el salón del Gran Palacio del Pueblo. Y con esa ceremonia rubricada con la Internacional, los casi 2300 delegados sumaron el pensamiento del presidente Xi Jinping a la Constitución.

El XIX Congreso del Partido Comunista de China impulsó a Xi al olimpo. Su nombre y su ideario quedaron grabados en la Constitución junto a los de Mao Tsé-tung y Deng Xiaoping, los artífices de la China moderna. Xi no es comparable a Deng ni en talento, ni en logros, ni en dimensión histórica, pero el partido lo aupó sobre el arquitecto de las reformas. El aporte de Deng no entró en la Carta Magna hasta 1997, después de su muerte, y la tradición de la política china valora su concepto de "teoría" por debajo del "pensamiento" de Xi y Mao. Los idearios de los predecesores, Hu Jintao y Jiang Zemin, fueron incorporados a la Constitución, pero sin sus nombres.

Los manuales de ciencia política tendrán que explicar cómo Xi, un ignoto político cuando fue elegido en el anterior Congreso, concentró en un lustro ese poder omnímodo en el seno de una organización que cocinaba a fuego lento y purgaba a los ansiosos, como Bo Xilai.

El partido unge a Xi como líder vitalicio, estrecha los márgenes del debate interno y lo blinda de ataques, porque cuestionarlo será cuestionar al partido. Los 89 millones de afiliados, los estudiantes o los trabajadores de fábricas añadirán a sus estudios el Pensamiento de Xi Jinping sobre una nueva era de socialismo con características chinas.

"Es un sistema mucho más centralizado, vertical y leninista", explica Scott Kennedy, sinólogo del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos. "De un lado, lo hará más funcional porque las políticas de Xi serán implementadas con más eficacia. Pero a cambio se reducirá el espacio para la sociedad civil y el debate abierto, lo que complicará detener políticas de consecuencias negativas si llevan el potente apoyo de Xi", añade.

La nueva era alude al contexto actual. Mao levantó un país arrodillado, Deng lo introdujo en la modernidad y Xi lo empujará a una prometida grandeza cuyos detalles de fondo se desconocen. Pretende un plan de modernización bañado en optimismo y confianza que posibilitará en 2035 una "sociedad moderadamente acomodada" y germinará en 2050 en un país "prospero, fuerte, democrático, de cultura avanzada, armonioso y bello". Su ideario son 14 puntos que alternan conceptos ampulosos y vagos como la "vida armoniosa entre el hombre y la naturaleza" con órdenes sobre la "absoluta autoridad del partido" en todos los órdenes de la vida.

El desenlace no sorprende. El pensamiento de Xi es "intelectualmente incisivo, visionario y magnífico", apuntó Chen Quanguo, jefe del partido de Xinjiang. Bayanqolu, su homólogo en Jilin, describió a Xi como el "timonel" del partido, en referencia clara a Mao. Un editorial de la agencia Xinhua certificaba: "China está preparada para recuperar su poder y regresar a la cúspide del mundo" bajo la égida de Xi.

El presidente emprendió tras su nombramiento una febril cosecha de títulos. Recibió la jefatura de la Comisión Central Militar de inmediato, cuando Hu hubo de esperar tres años. Hoy preside el país, el partido y el ejército. A su lista de cargos sumó el título simbólico de "núcleo" del partido o hexin, acuñado en 1990 para definir a los líderes incuestionables. La enmienda constitucional de ayer asegura su posteridad.

Hoy se devela la composición de los órganos de poder del partido y la atención recaerá en los siete miembros del Comité Permanente del Politburó. Sólo siguen Xi y el primer ministro, Li Keqiang. La ausencia de candidatos claros sugeriría la voluntad de Xi de continuar en el sillón más allá de los dos mandatos constitucionales. Pero esa cuestión o el número de afines que pueda colar en el comité perdieron relevancia después de su ascenso al altar. La influencia de los ex presidentes es bien conocida: Hu no pudo librarse nunca de la sombra de Jiang. Los que vengan tendrán que convivir con la del único líder vivo con huella constitucional.

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