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Rajoy y Puigdemont, cerca de un cruce "cara a cara"

El Senado le ofreció esa alternativa al presidente catalán durante la sesión plenaria del próximo viernes

Miércoles 25 de octubre de 2017
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LA NACION
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MADRID.- La crisis independentista catalana sigue totalmente en la nebulosa. Sólo se sabe que hay una pequeña posibilidad de que el presidente regional, Carles Puigdemont, tenga un "cara a cara" en el Senado nacional con el presidente Mariano Rajoy . Un cruce de esos que hacen paladear con sólo pensarlo.

Pero, pese a que se la pasa hablando de "diálogo", anoche no estaba claro que Puigdemont recogiera finalmente el guante.

Lo que sí se sabe es que pasado mañana hay sesión plenaria clave en el Parlamento catalán. Pero no se sabe para qué. Esto es, no se sabe si habrá independencia. O si habrá elecciones. O si habrá otra cosa. O ninguna.

Pese a que la posibilidad de "declarar la independencia" en forma unilateral se mantiene abierta, la brutal presión de independentistas "moderados" alimentó ayer salidas menos traumáticas y, sobre todo, que eviten la "intervención" del gobierno regional y de sus principales resortes.

A sólo 72 horas de que el viernes se active la intervención de la autoridad catalana, con el desalojo en pleno del gobierno que preside Puigdemont, el desenlace de esta novela por entregas en que se ha convertido el llamado "proceso independentista catalán" hace que el final esté abierto.

La novedad es que la tensión ahora no sólo resquebraja el frente independentista, sino que también, por primera vez, erosiona la alianza que en esto mantienen el gobernante Partido Popular y la oposición del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

La diferencia es crucial. El PSOE ya anunció que retirará su respaldo a una intervención en Cataluña si el gobierno regional anuncia la disolución del Parlamento y llama a elecciones. Esta opción es una alternativa que, pese a que hasta ahora había sido negada, ahora se sabe que está entre las salidas que baraja Puigdemont.

Alternativa insuficiente

Para el gobierno, en cambio, un llamado a elecciones, a esta altura, "no es suficiente".

Lo que reclama el gobierno central a Barcelona es que abjure de todo lo que ha hecho a favor de la independencia. Sobre todo, que suspenda la llamada "ley de desconexión" de España.

Esa grieta abre esperanzas a Puigdemont. Con Mikel Iceta a la cabeza, los socialistas catalanes se ilusionan con un frente moderado en el que haya lugar para los Comunes, de la alcaldesa Ada Colau, y también para el socialismo en el nivel nacional.

Para que eso funcione, Puigdemont tendría que olvidarse de declarar la independencia y realizar en cambio un llamado a elecciones. Pero si lo hace, se lo comerán crudo sus aliados indispensables de la CUP, el partido de izquierda y antisistema sin el cual no tiene votos en el Parlamento para permanecer en el poder.

Para ellos, dejar de lado la declaración de independencia y "llamar a elecciones" sería una traición.

"Con esos comicios se pondría en marcha una herramienta mortal para abortar" el llamado "proceso", dijo el diputado de la CUP Carlos Riera, quien encontró dificultades para explicar por qué ese voto le parece tan mal y el de hace tres semanas, que no tuvo garantía alguna, le encanta.

En fin, que a esta hora, nada está claro y el gobierno catalán parecería estar "recalculando" sus anunciados pasos.

Entre las opciones también figura el citado ofrecimiento del Senado nacional para que mantenga un "cara a cara" con el presidente Rajoy en pleno recinto. "Tenemos voluntad de hacerlo", dijo el vocero catalán, Jordi Turull.

Desde el Senado valoran la posibilidad como una fuerte señal de Puigdemont de "someterse al sistema", según dijo el vicepresidente del cuerpo, Pedro Sanz.

Lo que ocurre es que los legisladores dejaron claro que una eventual presencia de Puigdemont no sería para que pronuncie un discurso y se vaya, sino que tendría que admitir debate, incluso con el presidente Rajoy.

Pero, pese a que se la pasa hablando de "diálogo", por alguna razón Puigdemont no termina de recoger el guante. Mientras, la clase política española se entusiasma con que el cruce ocurra. Casi ruega al cielo para que sea verdad.

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