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Construirse desde la destrucción: la lucha de una adolescente contra el bullying

Jueves 26 de octubre de 2017 • 00:31
LA NACION

Estaba en el recreo, sola; como siempre. En ese entonces, con ocho años, a Oriana Romero, sus compañeros de colegio la evitaban, la excluían, la acosaban. Estaba convencida de que si el infierno existía, seguro, se materializaba en esas aulas y en ese patio.

Lo pensó cuando uno de sus compañeros la inmovilizó desde atrás, mientras otro, por delante, la amenazaba con tirarle en la cara el contenido de una botella de gaseosa. Cuando estaba a punto de hacerlo, ella intentó escapar y correr tan rápido como podía. En la desesperación, chocó contra una columna, cayó y, por unos segundos, perdió el conocimiento.

Eso, recuerda, fue lo más grave que sufrió en términos físicos. Pero la violencia verbal la acompañaría un par de años más. “Tu mamá no tuvo otros hijos porque no quería que salieran como vos”, la acosaban dos compañeras. También le dijeron que no servía para nada. Y la insultaron por su peso, su condición social y su color de piel. No lo hicieron una sola vez, sino con la insistencia suficiente como para que perdiera la cuenta.

En ese entonces, hace nueve años, aún muchos no le ponían nombre a su infierno. Todavía, era incipiente el concepto de lo que hoy se conoce como bullying. Es decir, “el hostigamiento y el maltrato físico o psicológico entre escolares que se produce de modo sistemático y reiterado en el tiempo” (Diccionario Paidós de bullying y ciberbullying, de María Antonia Osés, Paidós, 2017).

“...reiterado en el tiempo”. Sí, para Oriana, eso era lo peor: “De tanto que te dicen las cosas, te las empezás a creer. Si te dicen que sos gorda, pensás que sos una ballena. Tendés a exagerar todo”.

La psicóloga clínica y directora del Equipo ABA (Anti Bullying Argentina), Lucrecia Morgan, lo pone en estos términos: “Al bullying se le da una dimensión de problema de salud mental. Los chicos empiezan con lo que en psicología se llama la indefensión aprendida. Es decir, aprenden que hagan lo que hagan, estas circunstancias [de acoso] no van a cambiar. Y, ante esta creencia, aparecen la depresión, la desilusión y la desesperanza. Hay que tener cuidado porque la desesperanza es un predictor de riesgo de suicidio y hay que prender la alarma porque hablamos de un alto, alto factor de riesgo”.

Salir de la escuela, caminar hasta su casa y ponerse a llorar. Ésa era la rutina de Oriana en ese tiempo. “Era agotador”, describe.

Faltarían algunos años más para que este tipo de comportamiento encendiera las alarmas en los colegios y concientizara a los docentes y los directivos. Mientras, Oriana tuvo que soportar que, en la escuela, la calmaran con un simple: “Son bromas típicas entre chicos”. Nada más. A veces, los fuegos del infierno se prenden con el combustible de la naturalización de los hechos.

Según el informe “Posicionamiento sobre adolescencia”, elaborado por Unicef, con datos de la Unesco, y difundido el 10 de julio pasado, la Argentina lidera los rankings de bullying en América latina. Para la organización, cuatro de cada 10 estudiantes secundarios admiten haber sufrido acoso escolar y uno de cada cinco dice haber sido objeto de burlas de manera habitual.

Sin embargo, los números no logran explicar el dolor que Oriana sentía por ser excluida. “A veces tenía ganas de morirme”, recuerda.

Cuando terminó la escuela primaria, el acoso cesó. Sin embargo, la experiencia de haber sido víctima de hostigamiento quedó. “El bullying deja marcas internas y externas”, dice. Las consecuencias del acoso, aún, la acechan: “Siempre estoy con miedo de no agradar a alguien y que ese alguien empiece a agredirme. Quizá si no me hubiesen hostigado, mi autoestima sería más alta”, especula.

“Lo que no mata, te hace más fuerte”, se repitió para darse ánimo y poder subirse al escenario del salón de actos del Instituto Zona Oeste de Rosario, donde cursa la secundaria. Enfrente, tenía a cientos de espectadores que habían ido a escuchar una serie de charlas inspiradoras en el marco de los encuentros TED. “Tenía miedo de dar lástima, de que todos pensaran «pobrecita, sufrió bullying». Pero después me dije que el mensaje que quería dar era cómo había logrado superar el hostigamiento. Si yo pude hacerlo, otras personas también iban a poder”, se persuadió.

El 24 de junio del año pasado, durante poco más de seis minutos, contó su historia, dio consejos sobre cómo enfrentar la problemática y hasta se permitió hacer unos chistes. Cuando terminó, mientras escuchaba los aplausos, lo entendió: a veces, hay que saber construirse desde la propia destrucción.


Para saber más sobre el tema:

Sitios web:

Si nos reímos nos reímos todos

Equipo ABA (Anti Bullying Argentina)

Libres de Bullying

Películas y series:

13 Reasons Why (2017)

Rita (2012-2015)

Elephant, de Gus Van Sant (2003)

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