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Ignacio Scocco, el rey de una partida de ajedrez

Martes 24 de octubre de 2017 • 21:39
LA NACION
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El festejo de Nacho Scocco tras el 1-0 que marcó el triunfo millonario
El festejo de Nacho Scocco tras el 1-0 que marcó el triunfo millonario. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

La transversal gestión de Marcelo Gallardo, un hombre capaz de ejercer de entrenador y si hace falta presidente de River, tiene un lunar: la elección de refuerzos. Pero si es cierto eso de que ninguna sentencia vale para siempre, en este tramo, que puede ser el último del técnico en el club, esa tendencia empieza a revertirse. Si en su tiempo no anduvieron Bertolo, Saviola o Mina –por citar apenas tres casos–, ahora Pinola, Enzo Pérez y Scocco están elevando el listón incluso por encima de lo que se esperaba de ellos. Recién llegados, corren por el Monumental como si lo hubiesen andado siempre, y ayudan decisivamente al equipo a creer que levantar otra Copa es posible. El delantero, que marcó su séptimo gol en apenas 5 partidos en esta Libertadores, terminó decidiendo a favor de River una partida de ajedrez que merecía terminar así: con un triunfo ajustado y la certeza de que nada esta definido.

Tanto se conocen que el riesgo de que se anularan venía dado desde que sabían que iban a enfrentarse. River y Lanús, Gallardo y Almirón, llevaban 33 noches imaginando este cruce semifinal, desde aquella histórica en la que uno goleó a Wilstermann y el otro, a continuación, consiguió frente a San Lorenzo su primera clasificación a semejante instancia. Y no hubo ni amagos de que los papeles de estudio volaran en un primer tiempo en el que nadie se corrió demasiado del formulario.

La revolución de un estadio en éxtasis duró lo que demoró Lanús en aplicarle una dosis de tranquilizante al partido. Es un equipo serio, reflejo de un entrenador que construyó una estructura ensamblada. Lo simboliza Pepe Sand, un delantero mañoso, ya veterano, nunca lujoso pero siempre persistente: si el goleador del equipo es un obrero, ningún compañero podrá ahorrarse transpiración para la próxima vez. ¿Qué hizo Lanús? Levantar una fortaleza en el mediocampo: cuando la pelota la tenía River, los soldaditos de Almirón se alineaban hasta llegar a ser cinco, con el aporte de Acosta y Silva, pretendidamente delanteros. Y River, para no quedar rengo allí donde se cocinan los partidos, sumó piernas.

Sin posibilidad de repetir aquella furiosa estampida que se comió a los bolivianos en los cuartos, Gallardo fue agregando piezas de ataque al tablero hasta reducir al rival, que sólo atinaba a defender. Pero a este deporte no se gana con porcentajes de posesión, se gana con goles. Los que tiene Scocco. Y fue él quien cantó jaque, montado a un halo que lo emparenta con Alario: se sumó en las fases de definición de la Copa y parece destinado a escribir una historia similar a la que aquel patentó hace dos años. Ya todos saben cómo terminó.

Pero que nadie se apure: para el mate falta una semana.

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