Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Irreductibles racistas

Ezequiel Fernández Moores

SEGUIR
PARA LA NACION
Miércoles 25 de octubre de 2017
0

El jueves pasado, horas antes del partido contra el Niza de Mario Balotelli, Los Irreductibles, ultrás de Lazio, avisaron que no habría más coros racistas. No para respetar a los jugadores negros. Sino para evitar nuevas sanciones contra el club. La medida tenía que ver también con el aniversario número treinta de Los Irreductibles. Su debut en el Estadio Olímpico fue el 18 de octubre de 1987 ante Padova. En 2002, décimoquinto aniversario, el club homenajeó a Los Irreductibles. Retiró la camiseta número 12. Ellos pasaron a ser el jugador número 12. Tres días después del partido sin coros racistas contra Niza, miembros de Los Irreductibles dejaron en el Olímpico stickers con la imagen de Ana Frank con la camiseta de Roma. El equipo enemigo, se burlaron, es judío.

El presidente de Lazio, Claudio Lotito, que alguna vez recibió amenazas de muerte por sus peleas con Los Irreductibles, fue ayer a una sinagoga romana con dos jugadores negros brasileños del club (Felipe Anderson y Wallace) y pidió disculpas con una ofrenda floral. “No se lava todo con flores y ante la prensa”, avisó Riccardo Di Segni. El rabino de Roma agregó que ya desde hace tiempo “el deporte saca las peores pulsiones racistas”. Pero afirmó que la nueva escalada refleja un avance de la intolerancia y que no afecta sólo a la comunidad judía. “Basta ver lo que está sucediendo en Italia y en Europa. Se han perdido los frenos inhibitorios”. Ya no hay que ir al fútbol para escuchar burlas a jugadores negros. El primero en Lazio fue el holandés Aron Winter. “Negro y judío”, lo recibió una pintada de Los Irreductibles en 1992. Un cartel en el Olímpico llegó a decir “Auschwitz, su país…Los hornos, su hogar”.

El domingo pasado marcharon miles por las calles de Roma repudiando ataques contra inmigrantes. Golpizas y hasta cuchillazos. En trenes y viviendas. Hay crónicas devastadoras. Negros que viven buscando hacerse invisibles como los judíos en la Alemania del ’30. Negros que son humillados en calles, bares y supermercados. Atacados con mentiras y etiquetas no sólo en la web, sino también en noticieros de la TV. Políticos corridos cada vez más a la derecha que amenazan hasta a sacerdotes avisándoles que escucharán su sermón sentados en primera fila y que toman al Papa Francisco como su gran enemigo. El inmigrante elegido como nuevo enemigo externo, dicen algunos críticos, que sirve para evitar debates internos más complejos. “Veo cómo el mundo se va transformando lentamente en un desierto, oigo cómo se acerca el trueno que, un día, también nos destruirá a nosotros, siento el sufrimiento de millones…”. Es parte del Diario de Ana Frank que será leído hoy en todas las canchas del calcio. Los jugadores regalarán también “Si esto es un hombre”, relato de Primo Levi sobre el horror de Auschwitz. Lazio se comprometió ayer a llevar a doscientos jóvenes hinchas por año al campo de exterminio del nazismo.

Los Irreductibles se llamaron así para diferenciarse de otros grupos ultras que recibían apoyos del club. “No tenemos dueño”. Se oponían a la TV de pago y a negocios supuestamente extraños con la venta de algún jugador. Su símbolo fue Mr Enrich, un personaje irascible de historieta inglesa. Aliento hooligan, sin tambores. Frases de Carlo Alberto Salustri, Trilussa, un viejo poeta popular romano que escribió sobre los contrastes sociales. “Hago el socialista cuando estoy en ayunas, pero cuando como, soy conservador!”, escribió Trilussa en El Gato Socialista. Amigos de Inter y Real Madrid. Enemigos de Juventus, Napoli y, claro, de Roma. Salidas desde la estación de Termini hacia otros estadios, con arribo masivo y compacto, ideal para afrontar la pelea. Baños en las fuentes romanas para celebrar el ascenso. Huelgas y boicots. Funerales por la “muerte” del fútbol. Imágenes de Arkan, el paramilitar serbio acusado de crímenes de guerra, para apoyar al jugador Sinisa Mihajlovic. Adoraron más a Paolo Di Canio, que celebró un gol en un clásico de 2005 haciendo el saludo romano. Y al fallecido Giorgio Chinaglia, goleador campeón y fascista, a quien le hicieron trabajos sucios para que pudiera comprar el club.

Los Irreductibles que dejaron los stickers de Ana Frank ocuparon el domingo pasado una tribuna poco habitual. Ayudó la sanción contra la Curva Norte, por gritos racistas, “buuu”, cada vez que tenían la pelota jugadores negros de Spal y Sassuolo, últimas víctimas. Unos meses atrás lo fueron jugadores de Roma. Muñecos colgando ahorcados a metros del Coliseo. Fabrizio Piscitelli, Diabolik, su líder, buscó ayer minimizar la situación. Algo así como folklore del fútbol, justificó. En 2013 había sido arrestado por tráfico de droga, con bienes por más de 2 millones de euros. Lo del domingo sucedió en una jornada en la que Lazio vendió boletos a un euro bajo el lema “Combatamos al racismo”. Le ganó 3-0 a Cagliari. El último gol fue del angoleño Bartolomeu Jacinto Quissanga, Bastos. Los Irreductibles celebraron un gol negro. El fútbol, a veces, sigue siendo un espejo generoso de lo que sucede fuera de las canchas.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas