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Los números en River de Ignacio Scocco, otro goleador que hace del optimismo una bandera

Lleva 12 gritos en 14 partidos y es el arma de ataque fundamental del equipo; además, es el artillero en el torneo sudamericano

Miércoles 25 de octubre de 2017
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El goleador volvió a responder
El goleador volvió a responder. Foto: Reuters

El partido lo pedía. El público lo sentía. Sus compañeros lo intuían. El técnico lo percibía. Ninguno de los presentes se atrevía a desconfiar de su poder, sin importar lo que ocurría en el campo de juego. Y él, a tan solo nueve minutos de que la primera semifinal de la Copa Libertadores muriera en un agrio empate, volvió a decir: "acá estoy". Ignacio Scocco se convirtió nuevamente en el salvador de una noche que casi por ley imponía su presencia.

Cuando el 0-0 dejaba confundido al Monumental, su pie izquierdo infló la red del arco que da a la avenida Figueroa Alcorta, para hacer estallar a los 60 mil hinchas que colmaron el estadio en un grito de euforia y desahogo. Porque River se sabía superior, pero no podía doblegar el cerrojo defensivo de Lanús . Y porque el gol a favor y la valla invicta en casa son dos armas que invitan a soñar.

Scocco no puede frenar. No se lo permite. O quizá su instinto goleador no lo deja. Es un perro de presa al acecho, esperando su momento para atacar en campo rival. Desde que puso un pie en Núñez, con su ilusión y la de su familia riverplatense a cuestas, se ganó al público a fuerza de goles. Nadie puede discutirlo porque sus números abruman: lleva 12 gritos en 14 partidos.

Siete los consiguió en la Copa Libertadores, todos en los cinco juegos de play-offs: uno a Guaraní de Paraguay en la ida de los octavos de final, cinco a Jorge Wilstermann, de Bolivia, en la vuelta de los cuartos de final y el más reciente frente a Lanús en la primera semifinal. El resto los marcó en la Superliga (tres en cinco partidos) y en la Copa Argentina (dos en cuatro encuentros).

"Un gol siempre te da confianza. Había tenido un par de chances, no tan claras, pero tenía la esperanza de que una me iba a quedar. Es lo que te da el impulso para seguir trabajando"
Ignacio Scocco

Ayer, dejando de lado al arquero Lux y a los tres jugadores que ingresaron en el segundo tiempo -De La Cruz, Auzqui y Casco-, Scocco fue el jugador que menos toques de balón realizó, según las estadísticas de Opta, con 40 intervenciones. Pero remató cinco veces al arco, incluyendo disparos bloqueados, siendo líder del equipo en este aspecto. En el último, cuando quedaban nueve minutos para el pitazo final, capturó el rebote de un zurdazo de Pity Martínez y logró vencer al arquero Esteban Andrada, quien ya le había ahogado el gol en dos ocasiones claras en el primer tiempo.

"Es una pelota que viene desde el otro lado. Al recibir el Pity, quiero meter una diagonal para que me habilite y, cuando veo que patea, salgo al rebote. Por suerte la pelota sale para un costado y le puedo ganar la posición al defensor", explicó Nacho sobre la jugada que cambió el partido, tras la victoria 1-0, en diálogo con la TV. "Siempre el gol es muy bueno para un delantero porque es lo que te da confianza. Había tenido un par de posibilidades no tan claras, con un rival que estaba muy cerrado. Pero tenía la esperanza de que me iba a quedar una. Me quedó y la pude aprovechar".

"Salió el partido que queríamos; ellos estuvieron bien parados. Pudimos conseguir la ventaja. Lo importante era mantener nuestro arco en cero. Lo hicimos y ahora quedan 90 minutos que van a ser duros."

Claro está, la esperanza de que podía convertir el gol del triunfo no solo la tenía él, sino todo el equipo y el cuerpo técnico, que nunca duda en dejarlo los 90 minutos en el campo de juego si el resultado aún está abierto. Por eso, tanto Montiel como Saracchi siempre lo buscaron con centros al área desde los laterales, y los volantes ofensivos intentaron -normalmente sin éxito-, el ansiado pase filtrado para que recibiera con posibilidades de rematar.

El martes que viene, en el Sur, se jugarán los 90 minutos que definirán la suerte de River en la Copa Libertadores. Y todo Núñez se aferra al poder de fuego del delantero de 32 años que llegó desde Rosario para escribir su propia historia en el club al que siempre le tuvo un cariño especial.

Vaya tarea difícil, si las hay. Eso sí, con sus goles, lo que no le costó fue ganarse rápidamente el cariño de hinchas. Hoy, River vibra al ritmo de Scocco.

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