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River sigue abriendo camino hacia sus sueños, del carnaval del 8-0 a un 1-0 tan ajustado como valioso

La satisfacción del equipo millonario estuvo a tono con el apretado 1 a 0 sobre Lanús, que se mostró más ordenado que osado; fue un encuentro serio, con mucho respeto

Miércoles 25 de octubre de 2017
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LA NACION
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El festejo de todo River por el 1-0 sobre Lanús
El festejo de todo River por el 1-0 sobre Lanús. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

Se festejó mucho en el Monumental, de vuelta hubo clima de éxtasis. No era el carnaval del 8-0 contra el asustadizo Jorge Wilstermann; fue una satisfacción derivada de un trabajo arduo, de un apretado 1-0 en un partido muy serio, de máxima concentración, ante un Lanús bien plantado, exigente, más ordenado que aventurero. Nacho Scocco volvió a ser el hombre de la victoria, como frente a los bolivianos. El gol que hizo anoche al tomar el despeje que dio Andrada es tan valioso como el festín que se dio con cinco gritos contra Wilstermann. Su séptimo gol en cinco encuentros por la Copa Libertadores fue a 10 minutos del final, cuando a River lo empezaba a apurar el reloj y Lanús se replegaba cada vez más, olvidándose del contraataque que al menos sacó en un par de oportunidades en el primer tiempo.

Es corta y ajustada la ventaja que sacó River, nada definitiva, pero importante y estimulante si se atiende a lo que fueron los 90 minutos de esta primera semifinal. Se presumía que no iba a haber una amplia diferencia entre uno y otro, pero también se esperaba un poco más de fútbol, algo más de vuelo. La importancia de lo que está en juego los puso a los dos muy solemnes, se entregaron a movimientos casi ajedrecísticos.

Tras un primer período bastante plano, Gallardo necesitaba espabilar el desarrollo, sacarle el almidón al funcionamiento ofensivo. Hacía falta un poco de agitación para mover a Lanús de la comodidad y el orden con que bloqueaba la búsqueda local. Acertó el técnico de River al quitar a los dos que eran más intrascendentes en ataque: Rojas, que quedó muy exiliado en un costado, y Fernández.

En la inmadurez futbolística de De la Cruz -no siempre toma las mejores decisiones- hay un desparpajo que al partido le venía bien, alguien que se saliera del molde. No hizo gran cosa el uruguayo, pero sí aportó frescura en un equipo que levantaba revoluciones, que sin ser muy claro inquietaba más a Lanús.

Casi imposibilitado, por el escaso juego, de poner a un futbolista en situación de definición ante Andrada, River sacó la ventaja con el recurso que ya había intentado antes: remate de media distancia. De la Cruz limpió bien una jugada, Pity Martínez probó desde afuera del área y Scocco, puntual goleador, fue a recoger el rechace de Andrada. El 1-0 era un tesoro para un River que en algún momento habrá pensado que el 0-0 era de cajón.

En el duelo de estrategias, en el primer tiempo se jugó más como quiso Lanús que como pretendía River. La pelota estuvo lejos de los arcos, mucho estudio y cautela. Movimientos que de tan pensados resignaban sorpresa y espontaneidad. Faltaba fibra, nervio, adrenalina. Todo era tan aséptico que los foules se contaban con los dedos de una mano, y los cuidados extremos llevaban a que ni siquiera hubiera amonestados. El respeto mutuo era mejor negocio para Lanús porque pasaba muy poco, funcionaba su plan de neutralizar a un rival al que le costaba encontrar los espacios y cambiar de ritmo.

River apostó a poblar la mitad del campo con volantes de oficio y experiencia. Enzo Pérez, muy cerca de Ponzio. Rojas a la izquierda y Pity Martínez a la derecha, con la intención de que Velázquez la volviera a pasar mal con sus gambetas y enganches, como hace varios meses en la Fortaleza. Algo de eso ocurrió porque Martínez fue el más desequilibrante en ataque y en la segunda etapa forzó una falta y la amonestación de Velázquez. Almirón no quiso tomar riesgos y enseguida lo reemplazó por el "Bicho" Aguirre, con el consecuente retraso de Pasquini al lateral.

Nacho Fernández, de media punta, flotando tanto que nunca bajó a tierra para meterse en el partido. Como todo le pasaba por el costado y por arriba, Gallardo lo sustituyó a los 20 minutos del segundo tiempo por De la Cruz.

De inteligencia y superioridad

Fue inteligente Lanús para contrarrestar la superioridad numérica que buscó River en el medio. Armó una línea de cinco con el retroceso por los costados de los sacrificados Silva y Acosta, y Román Martínez y Pasquini de interiores. Muy solo adelante, Sand, neutralizado por Pinola y Maidana. Vía el veloz Acosta, Lanús despachó un par de réplicas en el primer tiempo, resueltas por Montiel y Maidana con cierres oportunos.

Aceleró un par de marchas River en el segundo tiempo y Lanús se arrinconó sobre su área. Se enamoró del 0-0, recortó excesivamente la ambición, como ya lo había hecho en el Nuevo Gasómetro. Auzqui había entrado para abrir alguna vía de profundidad. Detrás del despliegue ofensivo de River, Ponzio basculaba para ser salida y apoyo. Un rendimiento muy sobrio y efectivo, a la altura del desafío.

Fue el típico partido en el que el que hace el gol, gana. Lo convirtió River porque lo buscó más, aun con imperfecciones y siendo discontinuo. El VAR fue innecesario, no hubo polémicas ni brusquedades. Todo lo que anoche estuvo muy contenido y calculado terminará de desatarse el próximo martes en Lanús.

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