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Catalina, la ama de casa cordobesa que será beata

Luego de enviudar, a los 42 años, fundó la primera congregación de mujeres en el país, las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús; la ceremonia es el 25 de noviembre

Miércoles 25 de octubre de 2017 • 13:09
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Sofía Acosta, protagonista del milagro que llevó a Catalina Rodríguez a su beatificación, acompañada por toda su familia
Sofía Acosta, protagonista del milagro que llevó a Catalina Rodríguez a su beatificación, acompañada por toda su familia. Foto: Gentileza Eugenia Váldez

CÓRDOBA.- "Mandarina, mandarina.Señor haz el milagro por la madre Catalina". Eugenia Váldez repetía esa canción de sus alumnas mientras esperaba en un pasillo de una clínica tucumana. Su madre, Sofía Acosta, había ingresado muerta. Los médicos ya le habían dicho que no había nada más que hacer. "Por favor, sigan, intenten. La Madre Catalina los ayudará", les imploró.

El hecho fue hace 20 años. Hoy Acosta tiene 78 y ninguna secuela de los 20 minutos sin oxígeno al cerebro, según consta en los documentos médicos. Ese es el milagro que la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano le reconoció en mayo pasado a Catalina Rodríguez, que se ordenó monja luego de enviudar, y que la consagrará beata el próximo 25 de noviembre. La primera beata "madre de familia".

Váldez es profesora de inglés en la escuela Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús en Tucumán, que forma parte de la congregación que Catalina fundó en Córdoba en 1872. Ahí aprendió la canción que repitió en la clínica. "Sabía una parte del rezo y lo decía con fe, le pedía al médico que, aunque ya no hubiera nada para hacer, insistiera", cuenta.

Recuerda que esa noche en su casa, patio de por medio de la de su mamá, sintió un ruido muy fuerte: "Salí corriendo y mi mamá estaba tirada en la cocina, con un ronquido muy feo. Mi papá corrió a la calle a pedir ayuda".

"En un momento hizo una inspiración y estiró la mano hacia un costado. Estaba fría, sin color, no respiraba". Hasta que entró a la guardia pasaron unos 20 minutos. "Los médicos nos dijeron que estaba muerta", relata.

Por la insistencia de la familia, repitieron el protocolo de reanimación después de decretada la muerte biológica. Acosta volvió a tener actividad cardíaca. La llevaron a una unidad coronaria y le diagnosticaron edema pulmonar y grave afección cerebral. El pronóstico era malo: en caso de sobrevivir, habría secuelas.

Las cadenas de oración se multiplicaron y, a las 24 horas, Acosta se recuperó. Para los médicos, no hay explicación científica. Ella cuenta que anduvo por "un camino con flores coloridas, gente riéndose y cantando". Estaban su madre, un tío y un primo, todos fallecidos. "Mi abuela la tomó del brazo y le explicó que no era su momento aunque ella insistía en quedarse; así se despertó", cuenta Váldez.

Costumbres de la época

Catalina nació en Córdoba, en 1823, en una familia federal, enfrentada con Juan Manuel de Rosas; era prima del presidente Santiago Derqui. Su padre fue secretario de los gobernadores Juan Bautista Bustos y José María Paz, . Por la muerte de sus padres, ella y sus tres hermanas fueron criadas por unas tías.

Aprendió a leer y escribir, pero en especial a cocinar para ser una "buena ama de casa", como establecían las costumbres de la época. De joven ayudó en la única casa de ejercicios espirituales de Córdoba -donde conoció al santo Gabriel Brochero-, pero no tomó los hábitos porque las mujeres, entonces, debían ser sí o sí monjas de clausura.

A los 29 años, se casó con el militar Juan Zavalía, viudo, con dos hijos, edecán de Derqui. Tuvieron una hija que murió al nacer. Cuando su marido es detenido por Rosas, junto a otras mujeres de militares presos le escribió al gobernador cordobés Mariano Fragueiro: "En nombre de la humanidad y de la civilización, déjenlos en libertad".

"Era impensable, porque las mujeres no podían dirigirse a las autoridades -describe Silvia Somare, su biógrafa y monja de las Esclavas del Corazón de Jesús-. Se salió de los límites, de los paradigmas, quería darle voz a los que no la tenían. Quería ser como los jesuitas pero en femenino".

A los 42 años, ya viuda, retomó la idea de formar una comunidad de mujeres. El 29 de septiembre de 1872 fundó las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, la primera congregación de mujeres de vida apostólica de la Argentina.

"Tenía carácter fuerte, se enojaba, pero también era alegre, muy concreta, con decisiones claras. Aunque apenas leía y escribía tenía una visión amplia", insiste Somare. Los chocolates eran su golosina preferida: "Los regalaba a todos junto con un detente, un escudo de Corazón de Jesús bordado. Hoy seguimos su tradición".

Una mujer comprometida

Francisco Yunyet es bisnieto de Catalina por parte de su hermana Manuela, y está entusiasmado, al igual que otros parientes, por la ceremonia de beatificación que fue anunciada estos días: "En la familia quedaron algunas reliquias e historias que pasaron de generación en generación. Ella fue la única que se dedicó a la vida religiosa y su compromiso es reconocido".

"Catalina no es mágica. Era una mujer humana, con defectos y caídas, que no se doblegó ante las dificultades, y con costados para imitar", dice Somare.

Catalina Rodríguez conoció a José Gabriel Brochero, canonizado hace un año, cuando ella tenía unos 40 años y él era seminarista. En 1867 el destino los volvió a cruzar atendiendo a las víctimas de la epidemia de cólera que azotó a Córdoba.

En 1880 el cura le pidió monjas de su congregación para atender la Casa de Ejercicios y el Colegio de Niñas fundados por él en Traslasierra. Catalina decidió enviar 14 de las 30 que tenía. Antes de cruzar las Sierras Grandes a caballo, ellas aprendieron a montar en el patio de la orden.

Somare cuenta que ambos tenían una muy buena relación, con intercambio de cartas incluido: "Hay tres de Brochero donde le dice yo la quiero mucho. Hay que imaginar a un hombre, sacerdote y hace más de un siglo escribiendo eso".

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