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El valor de un club y el caso Hipotecario

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 26 de octubre de 2017
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Una división juvenil de Ciudad de Buenos Aires jugaba hace unas fechas un partido decisivo por la punta del campeonato ante San Andrés. Por diversas razones (lesiones, enfermedades, viajes), éste último llegó con 14 jugadores. El entrenador de Ciudad no lo dudó: jugó también con 14. El encuentro lo ganó San Andrés en la última pelota. El presidente de Ciudad felicitó el gesto del entrenador de su club. El rugby tiene decenas de estas historias, pero siempre es necesario recordarlas. Son historias que se generan los fines de semana, pero que se cultivan día a día en las entrañas de los clubes, donde se fortalece el espíritu de cuerpo de un rugbier. El club es el útero del rugby; es su órgano de gestación.

Un club, valga la redundancia, se está quedando sin club. La situación del Club Banco Hipotecario Nacional, con 56 años de vida de rugby, atraviesa una situación alarmante y con ribetes que trascienden a este deporte, pues en el medio hay una situación política de la que ninguno de los actores responsables se está haciendo cargo. Hay 500 jugadores que no tienen dónde entrenar ni dónde jugar, ya que la comisión directiva del club ha decidido echar al rugby a la calle.

La historia tiene una larga data, cuyo punto de inicio fue cuando hace 14 años las autoridades del Banco –un banco del Estado argentino– decidieron cederles las 33 hectáreas del club a sus empleados a través del gremio. De esas 33 hectáreas, 23 ya se vendieron y, con ello, se extinguieron varios deportes. El rugby sobrevivió transformándose en una sociedad civil, pero en este último tiempo han decidido ir sobre él. Le reclaman una deuda de 3 meses –el club se negó a cobrarla con cheques del mismo BHN–, pero la idea es disponer de los terrenos donde se encuentran las canchas, el quincho y el gimnasio para hacer un negocio.

Un par de semanas antes de ser elegido jefe de gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta se comprometió a encontrarles un lugar, pese a que Banco Hipotecario está en Villa Celina, del lado de la provincia, pero lindero a la Capital. No cumplió. Y la situación se fue agravando hasta que hace un mes Banco Hipotecario se quedó sin lugar. Sus jugadores se entrenan en plazas públicas (Parque Roca, la Quemita) y actúan de locales en Liceo Militar, que pronto les ofreció su cancha.

Banco Hipotecario es la cuna del rugby inclusivo. Ahí nacieron los Pumpas XV, campeones mundiales y recibidos en su momento por todos los principales funcionarios nacionales. Los Pumpas XV también son víctimas de esta situación. Uno de los chicos fue impedido de entrar en su club. La denuncia recayó en el INADI. Ayer a las 14 hubo una marcha frente a la sede central del banco. Ahí presentaron un petitorio de seis puntos. Uno de ellos, que se declare de Interés Público al rugby inclusivo.

La situación de Banco Hipotecario fue viralizada en la redes bajo el hashtag #ungritoparasalvarunclub. Todos los clubes se han solidarizado con su causa; también muchos jugadores destacados. Agustín Pichot lo hizo fotografiándose con la camiseta del club al cual enfrentó en su debut en la Primera con el CASI. La URBA y la UAR también lo hicieron, pero hasta ahora no lo formalizaron, por lo cual no han actuado. Se esconden en los procedimientos.

Cada vez que sucede una situación como la de Banco Hipotecario –afortunadamente no abundan estos casos– el rugby pierde un órgano: el de gestación, que no es otra cosa que el club. Que algún responsable de la solución advierta la gravedad.

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