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Madre Catalina: la ama de casa cordobesa que será beatificada

La ceremonia será el 25 del mes próximo; en mayo, el Vaticano reconoció la recuperación milagrosa de una mujer gracias a su intercesión ocurrida en 1997

Jueves 26 de octubre de 2017
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La milagrada Sofía Acosta (izquierda), junto a su familiares
La milagrada Sofía Acosta (izquierda), junto a su familiares. Foto: Gentileza Eugenia Váldez

CÓRDOBA.- "Mandarina, mandarina. Señor haz el milagro por la madre Catalina". Eugenia Váldez repetía la letra de esa canción que había aprendido de sus alumnas, mientras esperaba en un pasillo de una clínica tucumana. Su madre, Sofía Acosta, había ingresado muerta. Los médicos ya le habían dicho que no había nada más que hacer. "Por favor, sigan, intenten. La madre Catalina los ayudará", les imploró.

El hecho ocurrió hace 20 años. Hoy su madre tiene 78 y no le quedó ninguna secuela luego de haber estado durante 20 minutos sin que le llegara oxígeno al cerebro, según consta en los documentos médicos. Ése es el milagro que la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano le reconoció en mayo pasado a Catalina Rodríguez, que se ordenó monja luego de enviudar, y que la consagrará beata el 25 del mes próximo en esta ciudad.

Váldez es profesora de inglés en la escuela Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, en Tucumán, que forma parte de la congregación que Catalina fundó en Córdoba en 1872. Ahí aprendió la canción que repitió en la clínica. "Sabía una parte del rezo y lo decía con fe, le pedía al médico que, aunque ya no hubiera nada para hacer, insistiera", cuenta.

Recuerda que esa noche en su casa, patio de por medio con la de su madre, sintió un ruido muy fuerte. "Salí corriendo y mi mamá estaba tirada en la cocina, con un ronquido muy feo. Mi papá corrió a la calle a pedir ayuda", dice. Y agrega: "En un momento hizo una inspiración y estiró la mano hacia un costado. Estaba fría, sin color, no respiraba". Hasta que entró a la guardia pasaron unos 20 minutos. "Los médicos nos dijeron que estaba muerta", relata.

Por la insistencia de la familia, repitieron el protocolo de reanimación después de decretada la muerte. Acosta volvió a tener actividad cardíaca. La llevaron a una unidad coronaria y le diagnosticaron que tenía un edema pulmonar y una grave afección cerebral. El pronóstico era malo: en caso de sobrevivir, habría secuelas.

Las cadenas de oración se multiplicaron y, a las 24 horas, Acosta se recuperó. Los médicos no lograron encontrar una explicación científica lógica. Ella cuenta que anduvo por "un camino con flores coloridas, gente riéndose y cantando". Estaban su madre, un tío y un primo, que habían muerto. "Mi abuela la tomó del brazo y le explicó que no era su momento, aunque ella insistía en quedarse; así se despertó", cuenta Váldez.

Compromiso

Catalina nació en Córdoba, en 1823, en una familia federal, enfrentada con Juan Manuel de Rosas. Fue prima del presidente Santiago Derqui. Su padre fue secretario de los gobernadores Juan Bautista Bustos y José María Paz. Luego de la muerte de sus padres, ella y sus tres hermanas fueron criadas por unas tías.

Aprendió a leer y escribir, pero en especial a cocinar, para ser una "buena ama de casa", como establecían las costumbres de la época. De joven ayudó en la única casa de ejercicios espirituales de Córdoba -donde conoció al ahora santo Gabriel Brochero-, pero no tomó los hábitos porque las mujeres, entonces, debían ser sí o sí monjas de clausura.

A los 29 años se casó con el militar Juan Zavalía, viudo, con dos hijos y edecán de Derqui. Tuvieron una hija, que murió al nacer. Cuando su marido fue detenido por Rosas, le escribió, junto a otras mujeres de militares presos, al gobernador cordobés Mariano Fragueiro: "En nombre de la humanidad y de la civilización, déjenlos en libertad".

"Era impensable hacer eso porque las mujeres no podían dirigirse a las autoridades -describe Silvia Somare, su biógrafa y monja de las Esclavas del Corazón de Jesús-. Se salió de los límites, de los paradigmas, quería darles voz a los que no la tenían. Quería ser como los jesuitas, pero en femenino".

A los 42 años, el 29 de septiembre de 1872 fundó las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, la primera congregación de mujeres de vida apostólica de la Argentina.

"Tenía carácter fuerte, se enojaba, pero también era alegre, muy concreta, con decisiones claras. Aunque apenas leía y escribía, tenía una visión amplia", insiste Somare.

Francisco Yunyet es el sobrino bisnieto de Catalina y está entusiasmado con la ceremonia de beatificación que fue anunciada recientemente: "En la familia quedaron algunas reliquias e historias que pasaron de generación en generación. Ella fue la única que se dedicó a la vida religiosa y su compromiso es reconocido", dice.

Argentinos consagrados

Santos

El Vaticano canonizó a:

Héctor Valdivielso Sáez, Ciudad de Buenos Aires

Gabriel Brochero, Córdoba

Beatos

El país cuenta con nueve beatos. No todos nacieron en la Argentina, pero aquí cumplieron sus tareas religiosas y murieron

Catalina Rodríguez, Córdoba

Mamá Antula, Santiago del Estero

María Crescencia Pérez, Buenos Aires

Ceferino Namuncurá, Río Negro

Ma. Ludovica de Angelis, Italia

Tránsito Cabanillas, Córdoba

Artémides Zatti, Italia

Nazaria Ignacia, España

Laura Vicuña, Chile

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