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Tini de Bucourt, la despojada

Más feliz que nunca, estrena libro nuevo: convencida de que cada vez necesita menos, disfruta de la soledad de su hogar, los encuentros con amigos y la naturaleza

Miércoles 25 de octubre de 2017 • 21:47
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Tini de Bucourt, la ocióloga experta de la semana
Tini de Bucourt, la ocióloga experta de la semana.

"Trabajo con mucha gente y eso conlleva tal desgaste energético que, cuando termino, el ocio es terapéutico y sanador para mí. Además, sin ocio no hay creatividad", asegura Tini de Bucourt, fanática del silencio y convencida de que la mente en blanco es el primer paso hacia la creación. Con su nuevo libro, India mía, ya en las librerías, está lista para partir a la India a su viaje anual con un grupo de mujeres. Los viajes también son por placer, como cuando va a visitar a su hija y sus nietos en Nueva York o cuando visite Tilcara el próximo verano para recorrer cada rinconcito junto con dos amigas.

Después de 12 años fuera del país, le tocó vivir sola por primera vez y decidió echar raíces en Beccar. "Mi casa es mi útero", dice de su hogar. Allí se entrega al placer de estar sola, leer y escuchar música. Asimismo, la pintura, el dibujo, la caligrafía y el tejido forman parte de un universo manual que ella cultiva y disfruta. "Todas mis amigas tienen una manta hecha por mí. En cada punto tejo el amor que les tengo", cuenta. También plasma en papel las ideas y aprendizajes de sus talleres. "Trabajo con mujeres y cada una deja un surco en mí, entonces, además de dar, recibo muchísimo de ellas", explica. Cuando necesita una cuota de aire libre, opta por salir a caminar (va hasta el río o visita a su hijo en el barrio), organizar cabalgatas o salir en lancha con amigos. "Soy muy rústica", comenta mientras señala su jean y sus zapatillas, "cada vez más".

Adora a su familia, pero asegura ser una madre y abuela muy independiente. "Soy poco rompenervios, está bueno tener vida propia". También es súper amiguera. "A medida que te hacés más real, es mucho más fácil conectarte con la gente", reflexiona acerca de las amistades que atesora. Su ajetreada agenda laboral la llevó a valorar con quién comparte su tiempo libre y a distinguir las amistades verdaderas: "Son las que generan una intimidad, entendiendo por intimidad el diálogo de corazón a corazón con gran respeto. Tener esa conexión con alguien es una riqueza tremenda y me hace sentir muy acompañada". Con su grupo más querido, los miércoles son sagrados; llueva o truene, hay noche de amigas. Salidas a comer o al teatro son los programas más frecuentes. Otra de las actividades predilectas de Tini es invitar gente a su casa. "Armo grupos de 20 personas, nos sentamos en el piso, alguien da una charla, yo pongo las empanadas y ellos traen para tomar. Pero el hecho no es la comida, sino aprender algo", cuenta de esta linda dinámica que organiza por puro placer.

"Cuando me preguntan con quién vivo, digo: 'conmigo'. Hoy, estando sola, la paso bomba. No fue fácil llegar hasta acá, yo era tan necesitada... Ahora necesito muy poco, estoy feliz con lo que tengo y quiero tener cada vez menos. Estoy más liviana que nunca", remata.

Ping Pong

¿Alguien que admirás? Meryl Streep. La considero una mujer muy real, sin disfraz. Me encanta porque la ves y es así, transparente.

¿Un regalo inolvidable? Una lapicera. Amo escribir a mano y con tinta. Ese fue un regalazo que me hizo mi hijo. Es una lapicera Lamy que viene con siete graduaciones diferentes.

¿Un logro personal? Mi coraje para ser cada vez más yo.

¿Un hábito bueno? El silencio.

¿Un hábito malo? El café. Mi mamá era húngara, ¿qué le voy a hacer? ¡Me encanta el café!

¿Algo que te gustaría aprender? Quiero bailar de vuelta. Bailé muchos años de mi vida y quiero volver a hacerlo, para ser como Ginger Rogers con Fred Astaire, ¡muero por eso! Pero no es fácil encontrar un lugar donde enseñen baile de salón. También quiero comprarme una moto y ser motoquera. Fui campeona de motocross a los 21 años, ¡me encanta la moto!

¿Tres cosas que no faltan en tu valija? El pasaporte, la tarjeta de crédito y el pasaje. El resto no importa.

¿Un domingo perfecto? Invierno. Día gris que no me tiente salir. Un buen libro. Chimenea prendida. Linda música. Ya está. Para mí, eso es gloria.

¿Un sueño por cumplir? Ser una vieja muy arrugada y sabia. Quiero poner de moda la vejez, me parece un valor fundamental. Hay demasiado valor a lo joven, que está bárbaro también, pero se descompensó un poco. Me parece que es hora de volver a la vejez. No por tener años uno está limitado.

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