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Una duda existencial atormenta al partido del presidente

Jueves 26 de octubre de 2017
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Washington.- Puede el Partido Republicano sobrevivir a la presidencia de Donald Trump?

Esa duda existencial que atormenta a los republicanos desde la sorpresiva victoria de Trump en las elecciones del año pasado se hizo presente nuevamente esta semana tras el anuncio del senador Jeff Flake de que no buscaría la reelección. Flake es uno de los republicanos que más han cuestionado a Trump y enfrentaba una complicada reelección el año que viene. Ya le había surgido al menos un opositor dentro de su partido, que era apoyado por aliados del presidente.

“Tal vez no haya espacio para un republicano como yo en el actual clima republicano o el actual Partido Republicano”, expresó Flake, un conservador que colaboró con los demócratas en temas como las leyes de inmigración y el acercamiento a Cuba promovido por Barack Obama.

La sombría evaluación que hizo el legislador sobre el futuro de su partido acentuó la preocupación de muchos respecto de las perspectivas de los republicanos en las elecciones de mitad de término de fines de 2018. Trump se ha mostrado poco leal a varios senadores y tuvo fuertes encontronazos con gente como Flake y el líder del bloque republicano, Mitch McConnell. Algunos de sus partidarios más fervorosos, encabezados por su ex asesor Steve Bannon, están buscando candidatos alternativos, más proclives a alzarse contra el establishment republicano.

Andy Surabian, asesor de la agrupación trumpista Great American Alliance, dijo que la partida de Flake es parte de una tendencia que “debe ser otra advertencia al fallido establishment republicano que apoyó a Flake, y a otros como él, de que les llegó la hora”.

Las disputas internas no son nada nuevo para el Partido Republicano, que por años fue testigo de refriegas entre el sector más moderado y proempresarial por un lado y una camada de elementos populistas y nacionalistas que facilitaron el ascenso de Trump por el otro. La victoria electoral de Trump les dio a los republicanos el control de la Casa Blanca y el Congreso, pero no hizo nada por limar esas asperezas. De hecho, Trump, un ex demócrata sin demasiado apego a los principios conservadores ni lazos fuertes con los líderes republicanos, exacerbó la brecha entre millones de votantes republicanos y los legisladores que los representan en Washington.

Peter Wehner, un detractor de Trump que sirvió en la Casa Blanca de George W. Bush, dijo que hay “una batalla por el alma del partido y del movimiento conservador”. Exhortó a los republicanos más tradicionales a que defiendan sus principios en lugar de escapar, aunque admitió que será muy difícil ganar esa batalla. “Si el partido es definido por Donald Trump y Steve Bannon, mucha gente no va a querer ser parte de él”, manifestó.

Las fuerzas contrarias al establishment ya se apuntaron un triunfo cuando el incendiario jurista Roy Moore derrotó al senador Luther Strange en las primarias republicanas el mes pasado. Moore es considerado una figura marginal entre los republicanos y no hay garantías de que apoye a McConnell si se queda finalmente con esa banca de Alabama en el Senado el año que viene.

El anuncio de Flake llegó horas después de que otro senador republicano, Bob Corker, que tampoco buscará la reelección, declaró que Trump estaba “degradando” al país con falsedades e improperios. La semana pasada, el senador John McCain lamentó el clima de “nacionalismo falso, mal concebido”, mientras que Bush denunció el “matoneo y los prejuicios” en la vida pública. Ninguno de los dos mencionó a Trump por su nombre, pero ambos parecían estar aludiendo a él.

En privado, muchos más republicanos expresaron alarma en torno al rumbo que está tomando el partido bajo el gobierno de Trump, tanto en lo que hace a sus políticas como al tono de su discurso. Corrió al partido hacia la derecha en el tema de la inmigración sólo para posibilitar un acuerdo con los demócratas que permita a los llamados dreamers permanecer en Estados Unidos. Retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico y ha amenazado con hacer a un lado el Nafta. El presidente, por otro lado, es apoyado por algunos nacionalistas blancos, una realidad que fue magnificada por la errónea respuesta que dio a recientes enfrentamientos entre supremacistas blancos y sectores contrarios en Charlottesville, Virginia.

Pero, al margen de ocasionales críticas a los tuits de Trump o a sus declaraciones más insensibles, la mayoría de los republicanos guardaron silencio, en parte para no alienar a los partidarios del presidente. Un puñado de representantes piensan hacer lo mismo que Flake y Corker y dijeron que prefieren dar un paso al costado y no volver a postularse en lugar de buscar la reelección en distritos que pueden ser reñidos.

Trent Lott, ex líder del bloque republicano en el Senado, dijo que es un error marginarse. “No te quejas de que no hay espacio para ti en tu partido, te abres un espacio”, sostuvo.

Julle Pace, Agencia AP

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