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Acerca de ciertos esnobs que detestan la moda

Domingo 29 de octubre de 2017
LA NACION
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Más infundado aún, y sin duda aún más papelonero, que el esnobismo a secas resulta el esnobismo desactualizado, tal como lo encarnan ciertxs autoproclamadxs árbitros del gusto que se guían y actúan según preceptos ya de tiempos irrelevantes y caducos en el momento en el que ellxs los aplican. Invierten en valores que ya no cotizan en ninguna Bolsa.

Así, al pecado original de la discriminación caprichosa y vacua que define el gesto esnob se agrega, paradójicamente, lo que a los ojos de todx esnob es causal de descalificación inmediata: la desinformación. Es notorio que sin su lista de predilecciones y aversiones rigurosamente al día hasta el esnob más blindado pierde instantáneamente su condición de tal y queda ipso facto desautorizadx para arbitrar.

Antimoda: Las remeras del sitio Spreadshirt, con la leyenda: La moda es berreta. ¿Muy obvias?
Antimoda: Las remeras del sitio Spreadshirt, con la leyenda: La moda es berreta. ¿Muy obvias?.

Ejemplo acabado de este peculiar desfase es el diktat (dictado) esnob que relega la moda a la esfera de la futilidad, la irrelevancia, las pompas de jabón. Dado que desde hace ya rato han sido muchas las cabezas pensantes que reconocieron y estudiaron la moda como fenómeno social global y como expresión cultural, yo, incauto, creía extinguidas las poses discriminatorias en su contra. He constatado, sin embargo, últimamente, que tal despiste persiste en la República Argentina, donde anduve cruzándome, si bien no con dinosaurios vivos, sí con una variada brigada de esnobs anti moda. Los une un cierto desdén crispado, manifiesto apenas surge el tema, y la impaciencia, física a menudo, de quien piensa no estar para pavadas. Pero a primera vista, los motivos de la tirria aparecen diversos.

Están quienes desechan a la moda por esnobismo cultural. Amateurs de arte y literatura y de buena música, buen cine, buen teatro, dan por sentado que el tema no merece mayor consideración ni más espacio que el de un interludio televisivo. Que es material friable, fruslería, frou frou; en el mejor de los casos, una forma menor de artesanado. Desmereciendo la moda corroboran lo exigente de su escala de valores.

Existe también un esnobismo progre que a estas mismas impugnaciones agrega las de corte ideológico. Da por sentado que la moda practica la explotación, el trabajo clandestino, los métodos que precipitan la degradación ambiental y el abuso mercantil, ignorando que crecen las alternativas sanas, éticas y sustentables de fabricar y comercializar ropa.

El más curioso de estos esnobismos, que además podría resultar potencialmente peligroso, es uno que proviene de la moda misma. Encuentra su razón de ser en el movimiento de péndulo de las famosas tendencias. Surge como respuesta a los crecientes cuestionamientos de los roles de género y la aparición de propuestas que superan la barrera masculino/femenino. Pretextando de la remanida distancia irónica, que en otra era supo ser moderna y cool, destierra la moda a un gineceo virtual, y la reduce a un huis-clos (a puerta cerrada) de mujeres supuestas libres porque se desnudan en público.

Indicios recientes dejan adivinar una brusca vuelta atrás en materia de género. Vuelven la cursilería pseudo-romántica y la exhausta fórmula del culo+tetas. Son los clichés patriarcales, ofrecidos en la era de la posverdad como la última y definitiva pose esnob, el machismo de toda la vida –que, paradójicamente, detesta la moda– disfrazado de postura canchera.

Pero, benditx sea, también éste es esnobismo desfasado, un golpe de marketing desconectado del espacio-tiempo. No es el parloteo esnob sino el traqueteo de la calle lo que actúa sobre el devenir de las cosas. A pesar suyo, también lxs esnobs anti moda están insertados en el coro incalculable que vive hablando los idiomas de la moda. También ellxs participan de la representación permanente. Están en medio de una fiesta (la del vestirse) pero se niegan a verla, a vivirla. Sus reparos, sin embargo, no consiguen cancelar el placer nuestro de celebrarla cada día.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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