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Distintas variantes de la gran novela americana

Viernes 27 de octubre de 2017
PARA LA NACION
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"La guerra de Vietnam no terminó porque los hippies y los progresistas se pusieron en contra. Terminó cuando la protesta llegó a los camioneros". Lo dijo Bruce Springsteen hace unos años, y esa declaración revela un punto de vista, una convicción y una ética que The Boss mantuvo a lo largo de toda su extensa carrera, más allá de que algunos de sus fans más antiguos y recalcitrantes deploren la supuesta incongruencia con su estilo de vida de multimillonario. Ya en Born To Run (1975), su tercer disco, el que lo lanzó a la fama y motivó a Jon Landau, periodista de la Rolling Stone, a decir: "He visto el futuro del rock'n'roll y se llama Bruce Springsteen", el músico de Nueva Jersey se planteó el objetivo de escribir "la gran novela americana" a su modo, con sus propias reglas. Admirador confeso del director de cine John Ford (Viñas de ira, 1940), aspirante decidido a transformarse en el working classhero de su época, Springsteen fue capaz de traducir en sus canciones el imaginario cultural de su país, apelando a tópicos rabiosamente comunes: la calle, las frustraciones adolescentes, el viaje como metáfora, la vida salvaje, la dificultad de crecer, el amor y la pérdida. Un catálogo muy reconocible, pero reinventado al ritmo de rock'n' roll salvaje, rhythm'n'blues denso y soul sudoroso. Siempre atento al entorno, en Darkness On The Edge Of Town (1978), respondió a los que lo criticaban en sus inicios por cantar "casi siempre sobre coches y chicas" con Racing In The Street, temazo irónicamente protagonizado por un chulo fanático de la velocidad y el ruido de los motores que empieza hablando de su Chevy modelo 69 y termina reflexionando amargamente sobre los desengaños amorosos y el dolor de envejecer en soledad. Amigo de la polémica, favorito de Obama, fanático del control -lo que más de una vez le trajo problemas con la E Street Band-, Springsteen ha sido ante todo un cronista de su tiempo, siempre en movimiento y listo para mandarse a la ruta, aun cuando el panorama sea el de la tapa de ese disco fabuloso titulado Nebraska (1982): el cielo nublado, nieve en los limpiaparabrisas, un paisaje abrumadoramente desierto.

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