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Memoria emotiva y belleza

Autoclásica es una exposición que va más allá de una muestra de automóviles, también juega con nuestros recuerdos, emociones y gustos estéticos

Sábado 28 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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Jaguar E-Type
Jaguar E-Type.

Hay algo que nos pasa cuando escuchamos ese lento de la adolescencia, o cuando olemos un perfume que nos recuerda a nuestra primera novia, o cuando algo nos sabe parecido a la chocolatada que tomábamos después del colegio. Está el hecho propiamente dicho, pero hay algo más. Es una sensación difícil de describir, inasible, infinitamente placentera, y un poco angustiante a la vez. Los expertos lo denominan memoria emotiva, y no tiene que ver con el recuerdo en sí, sino con la sensación y el clima emocional que teníamos al vivirlo. Para los entusiastas de los autos de mi generación -los de pasados los 40- ir a Autoclásica genera toneladas de eso.

Casi todos nosotros forjamos nuestra pasión por los autos en la infancia, jugando con miniaturas, coleccionando pósters de revistas del rubro o idolatrando esos modelos increíbles que veíamos en la TV o en las cartitas del Tope&Quartet. Y de pronto estar parado ahí, frente a la versión real de esos modelos que amamos de chicos, se convierte en un viaje mental directo y sin escalas a nuestro pasado. A nuestro mejor pasado.

Entonces la Ferrari 512 BB deja de ser esa espectacular máquina con un motor V12 Bóxer que podía andar a casi 300 km/h; para pasar a ser la felicidad del primer Tomica, ese que dejaba a los Galgo y a los Bubby -incluso a varios Matchbox- como a un Rasti comparado con un Lego. Se convierte por un instante en la emoción de aquellas épicas batallas contra el Lamborghini Countach LP 500S -también Tomica- y versus el BMW M1 -Majorette- en el Rally del Sillón de La Abuela, que duraba hasta que llegaba el llamado para hacer los deberes. Todo eso pasa ahí, por un segundo, mientras uno se queda embobado mirando al magnífico auto rojo. En Autoclásica esa escena se reproduce por miles, una por cada uno de nosotros parado delante de algún auto que lo sumerge en su memoria emotiva.

Ferrari 512 Berlinetta Boxer
Ferrari 512 Berlinetta Boxer.

Encanto

Autoclásica es para muchos un viaje a la nostalgia, está claro, pero también es una excursión hacia la belleza. Porque, por sobre todas las cosas, vamos cada año al Hipódromo de San Isidro a ver autos lindos. Lo interesante es que, a diferencia de un museo tradicional, los autos están dispuestos de manera más aleatoria, sin solución de continuidad cronológica. Entonces es posible ver un Aston Martin DB5 cerquita de un Hispano Suiza H6 C de 1928; un Chevrolet Corvette del '53 justo enfrente de un Citroën Traction Avant o un Porsche 356 Speedster dándole la espalda a un Volvo P1800 Coupé.

En ese maravilloso menjunje de bellezas de todos los tiempos, aparece casi siempre la pregunta obligada: ¿cuál es más lindo que cuál? Es una pregunta que, claro, sólo tiene su respuesta en el gusto personal de cada visitante. Pero más allá de las subjetividades, es una extraordinaria ocasión para ver, analizar y comparar los distintos paradigmas de belleza de cada época. Es, en definitiva, un hermoso (y poco académico) curso de historia del diseño automovilístico de un día.

Y como se trata de gustos personales, yo soy de la opinión que los autos más hermosos de todos los tiempos son los Gran Turismo europeos de la década de 1960. Por sus proporciones y formas, son los que mejor reflejan el concepto de elegancia clásica, con simplicidad y plasticidad. Hubo muchos este año (que son los que están casi siempre): desde el Jaguar E-Type, hasta el Mercedes-Benz SL Pagoda, pasando por el Aston Martin DB5, las Ferrari 475 GTB/4, 250 GTE y 330 GT, el Lamborghini LP 400 y muchas maravillas más. Todos ellos comparten, más allá de sus particularidades, unas proporciones de manual, con sus capots largos y estilizados, la cabina tirada hacia atrás y el peso visual recostado confortablemente sobre las ruedas traseras. Todo esto coronado estilísticamente con un trabajo aerodinámico cuidado (pero no exagerado), y una ornamentación vistosa y a la vez austera. Estas coupés son, en mi opinión, el equivalente a lo que el Partenón es a la arquitectura, el David de Miguel Ángel a la escultura, y Led Zeppelin al rock&roll: simplemente lo más clásico entre lo clásico.

¿Miura o Countach?

Lamborghini Miura y Lamborghini Countach
Lamborghini Miura y Lamborghini Countach.

Si toda la expo fue un curso de diseño, los 15 metros lineales del espacio de Lamborghini fueron una clase súper intensiva. Porque además del ya mencionado y clásico LP 400, había nada menos que un Miura y un Countach, uno al ladito del otro. Verlos tan cerca fue algo mágico, una fotografía viva de lo que significa la palabra evolución en el diseño de autos. Diez años de diferencia separan a estas dos obras maestras que, sobre la misma filosofía mecánica -motor detrás del habitáculo para dos pasajeros-, expresaron uno de los cambios más drásticos en la historia del diseño: el paso del clasicismo al modernismo. El Miura es la coronación de las formas clásicas, limpias y sensuales de los '60, con el aditamento de un cambio de paradigma en la arquitectura del auto: el motor pasó de la parte delantera a ocupar el espacio entre la cabina y el eje trasero (por eso se lo denomina motor central). El resultado fue sencillamente uno de los autos más bonitos de la historia y a la vez el canto del cisne de la belleza clásica. Porque lo que vino después fue un cambio brutal. El Countach nació como sucesor del Miura y fue el fiel reflejo de una época muy efervescente, en la que el auto pasó a ser portador de un mensaje futurista y optimista. Y como el futuro iba a ser mejor, y requería una estética totalmente nueva que lo exprese, surgió la necesidad de que los autos se parecieran casi a platos voladores. Así, la tradicional forma aerodinámica de gota dio lugar a líneas más decididas y agresivas para atravesar el aire. Nació así la forma de cuña, que vino acompañada de superficies planas, ángulos vivos y proporciones extremas, nunca antes vistas.

Miura y Countach son obras maestras del diseño, y ambos representan dos maneras totalmente diferentes de comprender y apreciar la belleza en un auto. Uno expresa el diseño en su punto de máxima armonía y el otro el diseño en todo su potencial de transgresión e innovación. Y para completar la historia, un detalle extraordinario: ambos son hijos del mismo diseñador, el gran Marcelo Gandini.

Expresiones y tamaños

Una cosa apasionante al recorrer una muestra tan grande y diversa de autos como la de Autoclásica, es ver las relaciones y continuidades entre los autos modernos y los del pasado. Uno de los rasgos estilísticos que está muy de moda en estos días (yo diría que hasta el hartazgo), son las expresiones agresivas en las trompas de los autos. Pero no es algo tan novedoso como parece. El Alfa Romeo Montreal -uno de mis favoritos de la muestra- con su ceño fruncido y su mirada desafiante, es un hermoso ejemplo de que los diseñadores vienen trabajando el tema de la agresividad en la expresión facial de los autos desde hace mucho tiempo. Y hablando de expresiones, el caso opuesto es la Ferrari 275 GTB/4, un auto que en general está considerado uno de los más bonitos de la historia de la marca, pero que para mi gusto tiene una mirada desorbitada y levemente estrábica. algo así como una rana con anfetaminas.

Alfa Romeo Montreal
Alfa Romeo Montreal.

Otra cuestión muy interesante es poder apreciar la evolución del diseño en su aspecto más funcional, más allá del estilístico. Desde el punto de vista de la ergonomía, es muy impresionante ver en autos de proporciones bellísimas, como el Jaguar E-Type, o el mismo Lamborghini, lo increíblemente diminuto que es el habitáculo. Está comprobado que el promedio de altura era bastante más bajos por aquellos años, pero igual parece que esos modelos hubiesen sido diseñados más para hobbits que para seres humanos (salvo por las pedaleras, claro). Moraleja: muchos de los autos que nos encantan por su silueta sexy, baja y estilizada, no son aptos para el manejo razonablemente cómodo por parte de una persona medianamente normal. Y si lo fuesen, para mantener esas prístinas proporciones que nos encantan, deberían medir todos por lo menos un metro más de largo...

Pasado y futuro

La mirada hacia el pasado que nos brinda una exhibición como Autoclásica es única. Pero, ¿qué nos dice acerca del futuro? Los fabricantes de autos están desconcertados (casi que aterrados) por la supuesta falta de apego para con los autos de las nuevas generaciones. Al parecer, los autos serán para ellos simplemente aparatos para moverse de un punto a otro, sin mucha más carga emocional que un lavarropas o una heladera. Casi que exactamente lo contrario a lo que se decía al principio respecto de nosotros, los mayores de 35.

Permítanme desconfiar un poco de esa visión, y al menos Autoclásica es una señal que lo desmiente. Siempre está lleno de chicos, y se los ve tan contentos como lo estarían en un parque de diversiones. ¿Quién dice que el efecto de los autos no esté siendo para ellos el mismo que fue para nosotros? ¿Quién dice si no van a volver a Autoclásica 2037 y tengan entonces su propio viaje emocional al pasado, directo a estar a cococho de sus padres, mirando el mismo auto que 20 años antes?

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