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Nuevas generaciones relevan la búsqueda de Pizarnik, una poeta total

A 45 años de su muerte, la autora sigue vigente entre escritores y lectores; actos en su nombre

Viernes 27 de octubre de 2017
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LA NACION
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"Yo era la fuente de la discordancia, la dueña de la disonancia, la niña del áspero contrapunto. Yo me abría y me cerraba en un ritmo animal muy puro." Ese breve escrito de En esta noche, en este mundo, la selección a cargo de Ana Becciu incluida en la colección Poesía Portátil de Penguin Random House, bien puede funcionar como un autorretrato de Alejandra Pizarnik (1936-1972).

Poeta, traductora, difusora de la literatura francesa en la Argentina (así como de la argentina en Francia, donde vivió varios años), fue también cantante y dibujante amateur. Incluso, se destacó como una performer avant la lettre, provista de humor y misterio. Todos sus amigos, entre ellos los poetas Ivonne Bordelois, Cristina Piña y Fernando Noy, así lo aseguran.

Poeta 1936-1972. Escritora, traductora y difusora de la literatura francesa en la Argentina (y viceversa), fue figura de culto de las letras hispanas, clave en la segunda mitad del siglo XX
Poeta 1936-1972. Escritora, traductora y difusora de la literatura francesa en la Argentina (y viceversa), fue figura de culto de las letras hispanas, clave en la segunda mitad del siglo XX.

Entre otros incondicionales, los tres participarán, el domingo próximo, del homenaje a la autora de El infierno musical que se celebrará en la librería del Fondo de Cultura Económica Arnaldo Orfila Reynal, en Palermo. El año pasado se había colocado una placa conmemorativa en el edificio donde había vivido la poeta, en Montevideo 980.

"A principios de este año, con Fernando Torres nos encontramos leyendo a la vez los diarios y las cartas de Pizarnik -cuenta la escritora Laura Galarza-. Y de manera espontánea, empezamos a intercambiar nuestros subrayados, a postear en las redes. Leerla es mantenerse a flote por sobre lo banal del mundo, una experiencia sensorial o sobrenatural, más que intelectual."

Ante la ausencia de conmemoración alguna a 45 años de la muerte de la poeta nacida en Avellaneda -que se cumplieron el 25 de septiembre-, ambos idearon un homenaje. "Nos reunimos a pensar e hicimos una lista de nombres asociados a Pizarnik: Bordelois, Piña, Noy, María Negroni; periodistas comprometidos con su difusión, como Gabriela Borrelli Azara y Sebastián Basualdo." Por supuesto, todos aceptaron, y lo que empezó como un impulso terminará como celebración de la poeta que alentaba un rumor de fuga "en el corazón de toda cosa".

Borrelli Azara, autora de Océano (Lamás Médula) también es escritora. En su opinión, Pizarnik representa la figura de la poeta total. "Creó su propio rito poético y pasó su vida literaria desentrañando el misterio del propio nombre. La búsqueda de la palabra única es una de las claves de su poesía y también, si se quiere, de su vida. Pizarnik es dueña de una obra que con los años superó la leyenda y supo acumular lecturas más ricas que demuestran que no sólo fue la Rimbaud sudamericana, sino también una de las poetas que más pensaron nuestra lengua."

La trama continúa hoy

Varias escritoras coinciden con Borrelli Azara. En su ensayo El testigo lúcido. La obra de sombra de Alejandra Pizarnik, María Negroni destacó que la mayoría de las poetas de su generación comenzaron a leer a Pizarnik después de su muerte. "Para mí, ella fue (y sigue siendo) una escritura", escribió Negroni, que estará presente el domingo en el homenaje a Pizarnik. Pero ¿cómo prosigue hoy esa obra en nuevas narradoras?

En Episodios de cacería y Círculo Polar (Santiago Arcos), dos "folletines" de la escritora Jimena Néspolo, la voz en off de Pizarnik resuena "como en una bachata o un bolero, esos versos que su mitografía neorromántica instauró y que todavía nos conmueven", señala la autora. Desde una perspectiva teórica, Néspolo investiga para el Conicet el perfil de viajera de Pizarnik en El cuaderno verde y otros apuntes y anotaciones en diarios.

Para Ana Ojeda, en cambio, la obra de Pizarnik es un bien común. "Su obra salió del ámbito poético y ahora es patrimonio de nuestra literatura -dice la autora, que este año publicó un volumen de cuentos y una novela-. Los gestos de experimentación radical que hizo Pizarnik en su momento hoy nutren nuestra manera de entender las posibilidades de la literatura." En su novela Mosca blanca, mosca muerta (Bajo la Luna), Ojeda trabaja con un lenguaje mutante para subvertir los contratos instrumentales del lenguaje. Otras escritoras, como Mercedes Araujo, Paula Novoa, Flor Codagnone y Mariana Docampo, también avanzan por esa línea de fuga pizarnikiana de la literatura argentina.

"Heredé de mis antepasados las ansias de huir -escribió Pizarnik-. Dicen que mi sangre es europea. Yo siento que cada glóbulo procede de un punto distinto. De cada nación, de cada provincia, de cada isla, accidente, archipiélago, oasis. De cada trozo de tierra o de mar han usurpado algo y así me formaron, condenándome a la eterna búsqueda de un lugar de origen."

Como agentes del relevo de esa búsqueda, las nuevas generaciones de escritores y de lectores habitan ese lugar. No es otro que la inmensa casa de la poesía.

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