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Un gran triunfo de la salud pública

Viernes 27 de octubre de 2017
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Cuando escuchamos hablar de que hay personas renuentes a vacunar a sus hijos, a muchos nos vuelven a la memoria escenas de los barrios de la infancia, con árboles y cordones pintados a la cal, y fotos de revistas de la época en las que se ve a chicos en pulmotores por los estragos de la polio.

En esos días, todavía causaban temor los brotes de "parálisis infantil", la enfermedad descripta en 1840 por el médico alemán Jacob von Heine. Por suerte, la llegada de las vacunas (la Salk, primero, y después, la Sabin) relegó esas imágenes al desván de los recuerdos: esta semana se cumplieron ¡26 años! sin casos de polio en el continente americano. El último se registró en Perú, en 1991. Para comprender la trascendencia de esta hazaña basta con mencionar que cuando a fines de los ochenta comenzó la iniciativa de su erradicación la enfermedad paralizaba a 1000 chicos por día y circulaba en 125 países.

En 1975, sólo en los Estados Unidos había 254.000 personas paralizadas por este virus que invade el sistema nervioso, y el total de sobrevivientes de la enfermedad superaba los 600.000. Hoy, quedan apenas tres países endémicos con circulación del poliovirus salvaje: Afganistán, Nigeria y Pakistán. En el mundo, los casos disminuyeron más de un 99%, de 350.000 estimados en 1988 a 223 notificados en 2012.

La poliomielitis es una enfermedad muy contagiosa que puede provocar parálisis en horas. El filmUna razón para vivir (Breathe), que acaba de estrenarse, recupera el drama de sus víctimas a través de la maravillosa historia de Robin Cavendish, un joven británico nacido en 1930 que la contrae a los 28, al año de casarse y mientras estaba iniciando una explotación de té en Kenia. Primero le dan tres meses de vida, pero al año logra que su mujer lo saque del hospital contra la voluntad de los médicos y lo traslade de regreso a Gran Bretaña. Al morir, a los 64, se había convertido en el "responauta" (como se llamaba entonces a las personas que dependían de respiradores mecánicos) que más tiempo había sobrevivido.

Su primera reacción al enterarse de que estaba inmovilizado desde el cuello hacia abajo fue pedir que lo dejaran morir para que Diana, que en ese momento tenía 25 años, pudiera "empezar de nuevo". Pero ella nunca lo abandonaría y durante 36 años ambos lucharon por la calidad de vida de las personas gravemente discapacitadas. Cavendish organizó el primer registro de "responautas", viajó por el mundo para inspirar a otros y desarrolló numerosos dispositivos para que tuvieran cierto grado de independencia (como un armazón que les permitía usar el teléfono, prender la televisión o ajustar la calefacción con un movimiento de la cabeza). También crearon una fundación para que todos ellos y sus familias pudieran tomarse vacaciones frente al mar.

Junto con su amigo Teddy Hall, profesor en la Universidad de Oxford, Cavendish se las arregló para desarrollar una silla de ruedas con respirador incorporado y después persuadió al Departamento de Salud de su país para que solventara la fabricación de muchas más. El film, producido por su hijo Jonathan, repasa su vida extraordinaria y la conmovedora historia de amor que protagonizó con su mujer.

La polio no tiene cura, deja secuelas para toda la vida y afecta sobre todo a los chicos, pero hoy casi no la recordamos porque se previene con la vacunación. Todos los años, 400 millones de chicos de todo el mundo son inmunizados gracias a la tarea incansable de agentes de salud que en muchos casos atraviesan montañas, se internan en áreas peligrosas y desafían toda clase de obstáculos para hacerles llegar esas gotitas que están acercando a la humanidad a uno de sus más grandes logros en materia de salud pública. Para que circunstancias como las que debieron enfrentar Robin Cavendish y tantos otros ya sólo se encuentren en los libros de historia. O en las películas.

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