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Tras un día de marchas y contramarchas, Cataluña se prepara para la intervención

Puigdemont amagó con adelantar las elecciones, pero dijo que no tenía garantías suficientes de Madrid; dejó en el Parlamento la decisión de la independencia; renuncias en su gobierno

Viernes 27 de octubre de 2017
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LA NACION
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Dos jóvenes independentistas se mantenían expectantes ayer antes del discurso de Puigdemont
Dos jóvenes independentistas se mantenían expectantes ayer antes del discurso de Puigdemont. Foto: AP / Santi Palacios

MADRID.- Todo indica que en este país podría producirse hoy un inédito doble quiebre. Por un lado,la declaración de la "independencia" de Cataluña. Por el otro, y en forma casi simultánea, la "intervención" por parte del gobierno central de los principales resortes de poder de esa autonomía en rebeldía.

"Debemos rescatar a Cataluña y a los catalanes del desgobierno y el desorden en que las han sumido los independentistas", sostuvo la vicepresidenta española, Soraya Sáenz de Santamaría.

Desde el gobierno regional, su presidente, Carles Puigdemont, le echó la culpa de todo lo que pasa al gobierno del Partido Popular y "delegó" en el Parlamento regional la tarea de asumir el futuro de la región. Ese cuerpo tiene previsto sesionar a partir de las 12 de hoy (las 7 en la Argentina).

Nadie sabe cuánto durará la sesión y todo parece indicar que, en algún momento, se producirá una declaración por la cual la región española se instituya como república independiente del resto del país.

Entre las señales que apuntan a esa decisión se sumó anoche la renuncia del consejero de Empresa del gobierno regional.

Santi Vila fue de los pocos que, hasta última hora, insistió en que la declaración unilateral de independencia (DUI) es un salto al vacío que no conduce más que al desastre.

Entre las señales de agudización de la crisis figura el hecho de que el rey Felipe VI liberó su agenda. Ya desde ayer se encerró en su despacho a seguir la crisis. Anoche se lo esperaba en una entrega de premios, pero en un gesto inusual canceló sobre la hora. Entre las tantas cosas que no están claras figura la forma que podría adoptar una eventual declaración de independencia y si será "votada" o no en el Parlamento. Ese es un dato no menor.

Si los diputados regionales "votan" o le dan forma institucional de valor a esa declaración, se les abriría inmediatamente la posibilidad de ser procesados por sedición. Un delito para el que caben hasta 30 años de prisión. "Mañana (por hoy) veremos", contestó a LA NACION un legislador de la coalición gobernante en Cataluña al ser consultado sobre la forma en que adoptaría una eventual declaración de república.

Si eso ocurre, el gobierno español deberá evaluar el valor institucional de la declaración y, en caso de que la considere una "ruptura" del orden constitucional, decidir la "intervención" de la autonomía.

Sería la primera vez que eso ocurre en 40 años de democracia y existe plena conciencia de que se trata de un paso traumático. Uno de los temores es que haya resistencia civil masiva a los funcionarios que lleguen desde esta capital para tomar el control de resortes de poder.

El presidente Mariano Rajoy ya anunció que entre las primeras medidas que adoptaría una intervención figura el desalojo del poder de Puigdemont y su gabinete.

Rajoy comparecerá hoy ante el Senado nacional para explicar las medidas previstas para una hipotética y probable escisión de Cataluña. Será casi en forma simultánea a la sesión que mantenga el Parlamento regional.

Puigdemont ayer cambió de plan y optó por una salida con elecciones autonómicas anticipadas. Pero, en medio, soportó duros reproches de los sectores radicales de su frente independentista. Lo más duro, sin embargo, fue escuchar que en la calle, miles de jóvenes lo llamaban "traidor", "cobarde" y "estafador".

Son los mismos a los que les viene prometiendo una independencia sin costo. A los que les asegura que una Cataluña independiente será "recibida con los brazos abiertos" por Europa y que será tan próspera que las empresas se pelearán por venir. Hasta ahora ha ocurrido todo lo contrario. Europa no quiere saber nada con una Cataluña rupturista y las empresas huyen en masa de la región.

A las pocas horas de haber hablado de elecciones y ante los insultos de los que era objeto por parte de los independentistas acérrimos, Puigdemont volvió sobre sus pasos y, para hacerlo, le echó la culpa a Rajoy.

Hoy es posible que el Parlamento regional avance en una ruptura. Habrá que ver si el "president" la vota o, también, delega esa responsabilidad en los otros. Ayer optó, una vez más, por no abrir la boca en la sesión del Parlamento regional y dejar sin diálogo a los partidos de oposición que le pedían elecciones.

Al final del día, las vacilaciones dieron muestra de hasta qué punto se está improvisando cuando España transita las que posiblemente sean sus horas más determinantes en décadas.

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