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Sueños y pesadillas entre humanos y robots

Domingo 29 de octubre de 2017
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LA NACION
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Jessica Schvarzman tiene 26 años. Es contadora y hasta hace un tiempo trabajaba como analista de cuentas en una empresa. No era el trabajo más apasionante del mundo, pero se había formado para ello. Un día, sin embargo, su jefe le comunicó que lo que hacía podía automatizarse por completo, por lo que ya no se la necesitaría. Una máquina se haría cargo de todo. Aunque es una millennial y pensaba que esta tendencia no la afectaría tan pronto, Jessica se dio cuenta de que un robot se había quedado con su trabajo.

Su historia, contada por ella misma, fue una de las seguidas con mayor atención en el último Coloquio de IDEA, en Mar del Plata. Aunque en nuestro país otros temas más urgentes acaparan la agenda de empresarios y gobernantes, el inexorable reemplazo de trabajadores humanos por robots se ha convertido este año en uno de los debates más intensos del mundo corporativo a nivel mundial. Hace días, la tapa de la influyente revista The New Yorker, ilustrada por el artista R. Kikuo Johnson, mostraba a un hombre -presumiblemente un desempleado- recibiendo limosna de parte de robots que se paseaban como nuevos dueños de la calle. Johnson, que ya no usa tinta ni pinceles para sus dibujos, enteramente digitales, no teme -afirmó- que un día un robot lo reemplace a él también, al menos "hasta que los robots no avancen tanto como para ser neuróticos. Entonces sí me preocuparé".

Desde que el escritor Philip K. Dick imaginara un mundo colmado de "androides que sueñan con ovejas eléctricas" -tal el verdadero nombre de la novela llevada al cine como Blade Runner-, otros novelistas, cineastas y científicos han imaginado un futuro en el que las máquinas adquieren cada vez más características humanas, no sólo en su apariencia sino fundamentalmente en su personalidad. Ahora que la inteligencia artificial ya no pertenece al género de la ciencia ficción, el temor de los humanos a ser sustituidos por robots aparece como una pesadilla distópica palpable, una suerte de nueva Guerra del Cerdo, en la que en vez ser jóvenes los que eliminan a viejos, esta vez son máquinas las que acorralan a toda la especie humana.

Pero quizá no haya tanto que temer. Aunque aún no los sintiéramos como una amenaza, los robots hace tiempo que ya están entre nosotros. Cada día, al conectarnos a la Web, antes que nada debemos convencer a una máquina de que nosotros mismos no somos robots. Estos, aunque no siempre estén dotados de brazos y piernas, son cada vez más utilizados en todas las industrias, y a diario, en todo el mundo, desarrollan tareas tan variadas como desactivar bombas, realizar operaciones quirúrgicas o conducir automóviles. Alemania y Japón lideran a nivel mundial la avanzada robótica y -oh, sorpresa- son los países con menor tasa de desempleo en el mundo desarrollado.

Jessica, que no perdió su empleo, lo aprendió: fue transferida a otra área de la empresa y ahora es parte de un sector denominado precisamente Robotic Process Automation Team, integrado por cincuenta profesionales, desde programadores a contadores, como ella. "La buena noticia es que lo que hago ahora es más divertido", dijo, y recordó al auditorio que "la mayoría de las profesiones del futuro todavía no existen". Adaptarse, más que temer, parece ser la tarea, y seguir soñando, que, por ahora, es algo que sólo podemos hacer los humanos.

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