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En Valencia, empieza el siglo XXI

Con la inauguración de su exótico Cine-Planetario, Santiago Calatrava avanzó en la realización de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el monumental parque temático valenciano

Miércoles 01 de julio de 1998

Históricamente la ciudad de Valencia comenzó en la margen izquierda del río Turia.

Este río fue luego recanalizado más allá del casco de la ciudad actual hacia el Oeste y dejó libre un fantástico abra urbano de unos 300 metros de ancho, por donde Valencia respira con una secuencia de parques. Es en una de esas áreas verdes al Sur junto al Camino del Salinar, donde se desarrolla la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Santiago Calatrava, mezcla rara de penúltimo arquitecto del neomodernismo catalán y primer ingeniero estructuralista del siglo XXI, es el autor de este conjunto monumental con un programa de parque temático.

Un innovador irremediable

Santiago Calatrava nació en Beninámet, Valencia, en 1951. Perteneciente a una familia de artesanos, desde chico se sintió atraído por el diseño. Estudió arquitectura en la Escuela de Arquitectura de la Ciudad de Valencia y, más tarde, viajó a Zurich donde se graduó en la Escuela Politécnica de Zurich y accedió a la obra y los documentos de Pier Luigi Nervi (el arquitecto y estructuralista italiano que buscó refugio en Zurich y llevó el manejo de la tecnología del hormigón armado a la categoría de arte mayor).

Como autor de obras de ingeniería-arquitectura distintivas es hoy solicitado en el arte de construir internacional. Le pertenece la recientemente inaugurada Estación de Oriente en Lisboa, que constituye la gran puerta de entrada a la Expo y a la propia Lisboa, y también hay obras suyas en Barcelona, Bilbao, Valencia, Zurich, Austerlitz, Sevilla (Expo-Sevilla ´92), Milán (el Trienal), etcétera.

Une a su rigor científico y a la asimilación de nuevas tecnologías un gusto por lo extravagante como concepto estético, y una preocupación por los dispositivos móviles de la arquitectura que se traduce en la inclusión de algunos elementos retráctiles en gran escala en sus estructuras.

Primera etapa

El 16 de abril último se inauguró el Cine-Planetario (L´ hemisferic, en lengua valenciana). Santiago Calatrava tomó de modelo el ojo humano para diseñar y construir una colosal cáscara metálica blanca, con párpados retráctiles inclusive, que alberga en su interior a modo de globo ocular el hemisferio del Cine-Planetario.

Los párpados levadizos están accionados mediante pistones hidráulicos (del tipo de los que usan los homónimos ascensores) y abren las galerías del Planetario hacia un exterior dominado por el espejo de agua de una gran alberca rectangular que rodea el edificio.

Este parpadeo no se realiza todos los días: hasta el momento se recuerda el del día de la inauguración.

Una galería subterránea lleva al acceso del cine-planetario. Lateralmente, un grupo de paneles expone mediante fotografías de gran tamaño el proceso constructivo del gran objeto arquitectónico, iniciado en enero de 1997.

El hemisferio de hormigón armado luego fue cubierto con una estructura parabólica de metal, que apoya hacia ambos extremos en contrafuertes de hormigón armado anclados al suelo.

El nuevo espacio

El nuevo espacio lúdico-arquitectónico es una gran atracción en Valencia y el área de influencia. Además, se desarrollan todos los días de la semana ocho funciones con muy buena asistencia, lo que demuestra el éxito de una idea de animación urbana que se inicia en esta Ciudad de las Artes y de las Ciencias y que continuará con los otros tres edificios en construcción.

Restaurante, cafetería y locales de venta de libros y souvenirs complementan los servicios del Cine-Planetario en su galería subterránea de acceso. Los materiales que dominan son: el cemento blanco de la estructura y, también blancos, los elementos metálicos y la escala cerámica que reviste exteriormente el hemisferio de la sala de proyecciones y las cantoneras de las albercas.

Muy próxima al Cine-Planetario puede verse la construcción del Museo de las Ciencias.

Santiago Calatrava retoma aquí diversos estudios que había realizado para una galería urbana en Toronto, con una trama de pilares de descarga con forma de árbol. En este caso, las piezas estructurales son de escala monumental y prometen soportar la cubierta de un espacio que será digno de verse cuando esté concluido. Las piezas estructurales coladas insitu con un hormigón de cemento blanco parecen los huesos de la columna vertebral de algún animal gigante.

Por Daniel Casoy

Yendo del puente al metro

Valencia puede decir con orgullo que su hijo dilecto piensa en ella y que casi nada importante hay allí, arquitectónicamente hablando, que no sea un auténtico Calatrava.

Por ejemplo, el Puente Alameda. Son 185 metros de luz, con la elegancia de una gran peineta (como lo llaman popularmente los valencianos, o Puente Calatrava, como también le dicen).

La sutileza de la inclinación del gran arco, la levedad de la traza del soporte inferior y la importancia del sendero peatonal del puente son sus signos más característicos. Sus formas metálicas blancas y sus barandas náuticas, lo hacen amigable al caminante. Su integración por contraste alcanza el delicado equilibrio con una tensión que se resuelve en el pasaje que libera.

También subterráneo

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