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Un plan que aún tiene un escollo, la resistencia

Sábado 28 de octubre de 2017
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MADRID.- Es una de las situaciones más complicadas que le toca vivir a España. El gobierno dio la orden de disolver el Parlamento catalán y desalojar a sus autoridades autonómicas.

Pero, ¿qué pasa si se resisten? ¿Quién hará cumplir en Cataluña lo que se dispuso a 600 kilómetros de distancia?

Malas noticias: la Asamblea Nacional Catalana (ANC), uno de los brazos del independentismo, llamaba anoche a resistir. "No tienen que atender" las órdenes de nuevas autoridades, fueron las "instrucciones" que bajaron ayer con miras a los puestos de trabajo que, el lunes, estarán ocupados por otros.

Es un llamado a la resistencia en toda la línea y, sobre todo, en las calles, que ha sido el fuerte del independentismo.

Ésa es una cara del desafío. La más desconocida. Es lo mismo que abrir una caja de sorpresas. Uno puede saber cómo empieza el movimiento, pero no cómo termina.

La resistencia popular está presente en el imaginario político como uno de los fantasmas más poderosos. Pero no lo suficientemente temible como para frenar a un Estado que no le quedaba más remedio que hacer valer su autoridad.

"Si no puedes garantizar el cumplimiento de tu propia legalidad, más vale que te despidas de ser un país serio", decían ayer fuentes de la Moncloa que explicaron a corresponsales extranjeros los alcances de las medidas. Otra cosa es el cálculo político. Ahí entra la posibilidad de que el llamado "frente independentista" se resquebraje con la idea de evaluar si se suma o no al proceso electoral convocado por Rajoy.

Los radicales de la Convocatoria por la Unidad Popular (CUP) ya dijeron que no. Pero es posible que sus socios por conveniencia, sobre todo, el PdeCat -la vieja burguesía del nacionalismo moderado- esté haciendo otro cálculo. Uno que le evite la cárcel y le permita jugar políticamente. Ya se sabe: fuera de las instituciones y sin dinero, hace mucho frío.

Jueces y fiscales dieron ayer una señal poderosa. "Estamos con la Constitución y con la legalidad", dijeron las distintas asociaciones. Si hay alguien a quien obedecerán será a ese marco y no otro.

El voto independentista de ayer -con la vergüenza de haber sido producido en secreto- fue demostrativo de hasta qué punto le temen al poder de ese Estado del que se declaran independientes. Dicen que se separan pero, al mismo tiempo, se tapan la cara para estar a salvo el día en que ese Estado reaccione. Los que pagarán el pato, en todo caso, serán los de siempre. Los que ese mismo independentismo usa como fuerza de choque en las calles.

"Nosotros resistiremos", decían ayer jóvenes enfervorizados en el centro de Barcelona. "Estamos listos para hacer frente a lo que venga", corearon en el sindicato IAC, el mayoritario entre los empleados públicos del gobierno catalán.

El alcance de esa resistencia se empezará a medir muy pronto. Y la Moncloa no parece estar asustada.

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