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Lula acelera en su carrera para volver al poder y viaja por el país como candidato

En sus últimos actos en el estado de Minas Gerais reactivó a las bases del PT; lidera las encuestas para 2018

Domingo 29 de octubre de 2017
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LA NACION
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Lula, ayer, de campaña en Bocaiuva, Minas Gerais
Lula, ayer, de campaña en Bocaiuva, Minas Gerais. Foto: Twitter

RÍO DE JANEIRO.- Falta un año para las próximas elecciones generales en Brasil, pero la campaña electoral ya está en marcha y el candidato a vencer -si la justicia lo permite- es el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Consciente de que sus problemas judiciales pueden bloquearle el camino en cualquier momento, el ex mandatario no pierde el tiempo y recorre el país para energizar su base y reactivar al Partido de los Trabajadores (PT).

Después del "baño de masas" que se dio en agosto en el Nordeste -tradicional bastión del PT, una de las zonas más favorecidas por las políticas sociales durante sus gobiernos-, Lula estuvo en los últimos días por el estado de Minas Gerais, donde exhibió un tono más agresivo y también se topó con las primeras protestas en su contra. ¿Un indicador de la fuerte polarización que podría dominar los meses por delante? Él parecía incluso animar ese sentimiento, en un claro contraste con su histórica campaña de 2002, cuando bajo el lema "Lulinha paz y amor" adoptó una postura conciliadora y rechazaba los conflictos.

"Lulinha paz y amor volvió? tal vez sin tanta paz ni tanto amor", advirtió el lunes pasado en Ipatinga, su primera escala. "Si no quieren que sea candidato, vayan a las urnas y voten en contra", agregó, en referencia a la "persecución judicial" que, según él, sufre injustamente.

En julio pasado, el juez federal Sergio Moro condenó al ex presidente a nueve años y medio de prisión en una de las seis causas en las que está procesado en el marco de la operación Lava Jato. Si el fallo fuera ratificado en segunda instancia, Lula quedaría inhabilitado para presentarse como candidato para los comicios de octubre de 2018.

Aun frente a ese panorama, las encuestas lo ubican como el gran favorito: 36% de las preferencias de voto, según el último sondeo de Datafolha. Segundo, con 16%, se ubica el diputado Jair Bolsonaro, un polémico ex militar que defiende la dictadura, pero que todavía no tiene una agrupación que lo reciba tras romper con el Partido Social Cristiano (PSC). Le sigue de cerca, con 14%, Marina Silva, de la Red Sustentabilidad, y luego, con 8%, se ubican dos posibles candidatos del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB): el gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin, y el alcalde de la ciudad de San Pablo, João Doria.

Hay varios otros nombres en danza, pero que aún no declararon abiertamente su intención de competir. Entre ellos, el ex presidente del Supremo Tribunal Federal Joaquim Barbosa, Moro y el archipopular presentador televisivo Luciano Huck, de la cadena Globo.

"Que coloquen al Ministerio Público, a la Globo, a Luciano Huck o Moro para competir, a ver si me ganan", desafió Lula a una multitud en Minas Gerais, el jueves pasado. Poco antes había sido blanco de una manifestación en su contra por simpatizantes de Bolsonaro, al grito de "¡Lula, ladrón, tu lugar es en la prisión!".

Ante sus seguidores más humildes, Lula prometió revocar con un referéndum las medidas de ajuste implementadas por el presidente Michel Temer, a quien acusa de haber traicionado a la destituida Dilma Rousseff (PT) para quedarse con el poder a través del impeachment. En una entrevista que dio al diario español El Mundo, reconoció que muchos brasileños de las clases bajas "se sintieron traicionados" por las políticas de austeridad ya impulsadas en los últimos meses de la administración de Dilma, su ahijada política.

"Lula necesita reaproximarse a las bases del PT, de las cuales Dilma se distanció, como hizo también con los sindicatos y movimientos sociales aliados del PT. Por eso despliega ahora un discurso más radical, con una postura aguerrida", explicó a LA NACION Paulo Calmon, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia. "Si quiere que el pueblo salga a defenderlo en las calles ante una eventual segunda sentencia firme, tiene que movilizar a la gente ya."

Y si una condena en segunda instancia no llegara antes de las elecciones, ¿Lula podría ganar? Las encuestas no son concluyentes: ganaría seguro en una primera vuelta, pero ya en un eventual ballottage podría ser derrotado.

"Más allá de sus problemas judiciales, políticamente, Lula enfrenta muchas fragilidades. El alto rechazo que tiene [42% según Datafolha] es muy sólido y se cristalizaría en una segunda vuelta", subrayó João Agusto Castro Neves, director para América latina de la consultora Eurasia.

Según el analista, todavía es muy temprano para declarar a Lula como gran favorito. Puede haber muchas sorpresas, tanto entre los candidatos como en el frente judicial. Para Castro Neves, las intenciones de voto hoy hablan más sobre el sentimiento de rabia del electorado -agravado por los escándalos de corrupción y la crisis económica de los últimos dos años- que sobre los candidatos en sí.

"Los electores están insatisfechos con la clase política actual y están buscando novedades. Será una de las campañas más competitivas de los últimos 20 años", afirmó, e indicó, como contexto clave, que los partidos contarán con menos recursos para hacer propaganda.

Debido al Lava Jato, que reveló los aportes ilegales de campañas electorales a través de grandes empresas, se terminó con el financiamiento privado y ahora sólo se dispondrá de recursos públicos. Será una campaña "pobre", apuntó Castro Neves. En ese escenario, una figura popular y mediática a nivel nacional, como podría ser Huck, generaría un cimbronazo.

"Claro que Lula tiene chances de ganar. Pero la pregunta es si podrá gobernar con un país tan dividido. Vimos que la elección de 2014, con la victoria de Dilma sobre Aécio Neves por apenas 3% de los votos, no resolvió el conflicto político y se prolongó, hasta una polarización extrema durante todo el impeachment", recordó Calmon.

Operan a Temer de la próstata

El presidente brasileño, Michel Temer, se recuperaba ayer de una cirugía de próstata hecha en San Pablo, un procedimiento que obligó a cancelar una visita a Brasilia del mandatario boliviano, Evo Morales. Temer, de 77 años, fue intervenido por una hiperplasia benigna en la próstata anteanoche, dos días después de que debiera ser hospitalizado por una obstrucción en la uretra.

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