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La república que nunca terminó de nacer

Domingo 29 de octubre de 2017
El País
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MADRID.-Esta república no pasará del fin de semana. De hecho, dejó de existir sólo nacer, gracias a la forma que adquirió el parto, antiheroica, incomprensible, confusa, además de contraria a toda legalidad, como todo lo que hicieron quienes la engendraron. Sus primeras horas de vida, si es que esto es vida, no se han hecho notar en ningún sitio. Barcelona no se convirtió en una fiesta, apenas un poco en Girona y alguna otra pequeña ciudad. Y punto.

Pero lo más importante es que sus autoridades desaparecieron, renunciaron a ejercer el poder que sobre el papel se autootorgaban y ni siquiera abrieron la boca. Una república invisible, muda y sorda, que no exhibe símbolos y gestos, es una república inexistente, que no nació, nonata.

Ahora sí que se acabó el cuento. El relato ya no da más de sí. No se lo cree nadie. Y el proceso iba sobre todo de relato, de hacer ver que las cosas eran como deberían ser algún día, según la febril imaginación independentista. No hay gente abducida por medios y por sistemas escolares, pero sin medios y sin sistema escolar no había posibilidad de construir la ficción y luego mantenerla.

La república sólo vive hoy en boca de los periodistas y tertulianos independentistas. La república nonata vive también en Wikipedia y morirá en cuanto se demuestre lo que todo el mundo ya sabe, y es que es el Estado español el que controla el territorio y la integridad de sus instituciones.

Esto se produjo gracias a la modalidad de aplicación del artículo 155 elegida por Mariano Rajoy. La efigie inmóvil durante cinco años sólo ha hecho un movimiento. ¡Pero vaya movimiento! Jaque mate. El catalanismo de siempre, pragmático y pactista, puede respirar hondo. No se perdió ni una sola competencia. La intervención de la autonomía llega tasada en el tiempo y en sus objetivos. Y todo se resolverá como se resuelven las cosas en el mundo civilizado, democrático y libre: con las urnas famosas, con unas elecciones donde cada uno podrá votar la opción que mejor le parezca en lugar de verse forzado a elegir entre un sí y un no dramáticos, trágicos incluso, donde se juega de una vez por todas el ser o no ser del país.

El mensaje internacional es comprensible para todos. Hay un problema serio, con el que se pretende confrontar legalidades y legitimidades, y se resuelve con los instrumentos de la razón y de la democracia liberal y representativa, que son los que mejor resultado nos han dado a todos en Europa y en todo el mundo, en lugar de los instrumentos del populismo, que son los plebiscitos, las movilizaciones en la calle y las emociones desbordadas, que a menudo terminan mal. Fijémonos que Rajoy ofrece a Europa una victoria no sólo de la unidad -no habrá secesión-, sino también de los valores liberales y democráticos, del Estado de derecho y de la razón antipopulista -la suspensión del gobierno es puramente instrumental para poder celebrar elecciones inmediatamente-.

Se dirá que todavía es demasiado pronto para lanzar las campanas al vuelo. De acuerdo. Antes hay que ver cómo se acaba de resolver el impasse de este fin de semana, y especialmente el control de los Mossos d'Esquadra, de las consejerías y, sobre todo, de la vicepresidencia y la presidencia. Pero lo más probable es que se imponga la cordura y se haga todo plácidamente y sin problemas. Quien los busque lo pagará personalmente a la hora de las facturas que, inevitablemente, pasará y debe pasar la justicia.

También hay que ver si las tres principales fuerzas independentistas aceptan las elecciones. Lo más normal es que lo hagan, tal vez con la excepción de la CUP, que sólo quería bailar el mambo y ya lo bailó. En lugar de la resistencia, los dirigentes del procés tienen que dedicarse a organizar sus defensas jurídicas, y en lugar de poner en marcha la república, lo que tendrán que hacer es preparar a toda pastilla la campaña electoral.

El País

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