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Macri, a la búsqueda del "buen opositor"

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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29 de octubre de 2017  

Tal vez este lunes se concrete el verdadero comienzo del gobierno de Mauricio Macri. Como le pasó en la Ciudad, tirar lastre, acomodarse y entender de qué se trata, para después avanzar con planes concretos, le insumió casi la primera mitad de su gestión como jefe del gobierno porteño. Macri caracteriza a esta primera mitad de su gestión presidencial con una metáfora inquietante: el avión que se va a pique y en el que al nuevo piloto no le queda otra que tomar el timón y enderezarlo urgentemente para no estrellarse.

En estos dos años iniciales arrancó un cambio cultural y político profundo, pero condicionado por un poder paralelo, el kirchnerismo, que incendió discursos y calles, al tiempo que desde las propias entrañas del Estado trabó lo más que pudo los primeros avances. La ofensiva judicial final sobre los principales funcionarios que delinquieron en ese régimen, y su progresiva pérdida de sustancia electoral, le permitarán ahora, más que nunca, a Macri acelerar por una carretera más despejada.

Como ingeniero que es, el tiempo transcurrido no fue en vano: cavó el pozo donde se levantarán los cimientos del gran edificio que ahora, con el aval favorable de dos elecciones consecutivas pretende comenzar a levantar.

La amplia convocatoria al CCK de 170 representantes de sectores empresarios, sindicales, universitarios y parlamentarios será para presentar lo que la posteridad recordará, para bien o para mal, de su paso por el poder: las vigas maestras del "reformismo permanente" que procurará poner a tono con la época legislaciones laborales, tributarias, previsionales, educativas y políticas que fueron pensadas, en su momento, para un mundo que ya no existe desde hace décadas.

El otro tema es que en esta nueva etapa que se abre, la contrafigura tóxica del Presidente, Cristina Kirchner, que tanto rindió mediáticamente para marcar contrastes, debería empezar a quedar atrás para dar lugar a la aparición de lo que podríamos denominar el "buen opositor".

Obviamente que ese cambio trascendental no será de un día para el otro ya que la caída del kirchnerismo es traumática, con resistencias y en sucesivas etapas. En la semana que pasó sumó el desafuero y cárcel de Julio De Vido, figura clave que ya en 2004 Elisa Carrió definió como "el cajero" de ese régimen y están en curso varias causas más, inclusive las de la senadora electa por la minoría, Cristina Kirchner, que también pasó por Comodo Py horas después de su derrota electoral, que no termina de asumir.

¿Qué es el "buen opositor"? Es aquel que sin perder su identidad partidaria y su función de marcar las críticas que deba hacer, tiene una actitud positiva y dialoguista hacia el poder, sin zancadillas ni traiciones inesperadas. Busca consensos y caminos alternativos para enaltecer el diálogo público, con inteligencia y madurez, muy lejos de las barricadas virtuales que sólo se proponen horadar al Gobierno hasta pretender hacerlo caer, si es posible, empeño en el que Cristina Kirchner se aboca sin pausa desde el día en que ni siquiera se dignó a entregar los atributos del mando.

El ejemplo contrario que viene más rápido a la cabeza es el del peronista Antonio Cafiero, de excelente y fluido diálogo con el presidente radical Raúl Alfonsín y, por supuesto, codo a codo a su lado, como titular del PJ, en los momentos de mayor tensión institucional cuando los carapintadas ponían en peligro a la democracia renacida en 1983. Da escozor de sólo imaginar qué hubiese pasado entonces si en vez de Alfonsín, el presidente hubiese sido Macri y la referente máxima de la oposición, la viuda de Kirchner.

Al comienzo de su mandato Macri pareció elegir como "buen opositor" a Sergio Massa e, inclusive, lo sumó a su comitiva a Davos. Luego, las conocidas ansiedades del líder del Partido Renovador lo alejaron por distintos laberintos en los cuales todavía permanece deambulando. Macri lo degradó de "buen opositor" a "ventajita".

Juan Manuel Urtubey, el gobernador salteño, de buena sintonía con Macri, parecía el indicado para tomar esa posta, pero el revés electoral del último domingo lo aleja, en principio, de esa posibilidad.

La dispersión peronista puede resultar funcional para que el oficialismo pueda ahora avanzar con más potencia y profundidad. Pero, a la larga, no deja de ser un problema para un gobierno no tener del otro lado un interlocutor válido. Ese propicio encuentro de estadistas no sólo facilita el tratamiento en consulta de algunos asuntos públicos, sino que derrama ejemplaridad en la sociedad como saludable inspiración para recrear una feliz convivencia en los distintos órdenes de la vida. Clausuraría los callejones sin salida y los climas ásperos que sólo pretenden voltear el orden establecido a contramano de lo que las urnas volvieron a expresar.

El Presidente considera que sería muy sano que compitiesen dos fuerzas que crean en valores similares. Pero está convencido de que el peronismo todavía tiene un largo recorrido por delante para reorganizarse. Sus "socios", en el difícil arte de gobernar, seguirán siendo, por ahora, los gobernadores.

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