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Juan Martín Del Potro es un reloj suizo: no falla, se cita con Roger Federer y apunta a Londres

El tandilense apunta alto: jugará hoy la final de Basilea ante la leyenda y confía en clasificarse para el último torneo del año

Domingo 29 de octubre de 2017
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LA NACION
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Del Potro, encendido
Del Potro, encendido. Foto: AFP

¿Se puede transformar la historia de una temporada en un puñado de semanas? ¿En apenas dos meses? ¿Se puede escapar a los fantasmas de las lesiones, a los traumas de las polémicas, en un final de fiesta inolvidable? El tenis, para Juan Martín del Potro, no se trata exclusivamente del valor de la mente, esencial para la mayoría de los deportistas individuales. Delpo se nutre del combustible del corazón: cuando está contenido afuera, más allá de la importancia de entrenadores, es un avión. Imparable, Juan Martín consiguió entre fines de agosto y fines de octubre una reacción que vale oro. No lo frena ni el cansancio -evidente-, ni los adversarios -calificados-; está enfocado en la ruta final rumbo al Masters de Londres. Con un espectacular aliciente: hoy, desde las 11, jugará la final de Basilea frente a Roger Federer, la leyenda que también se divierte en su casa.

"Yo también estoy sorprendido", juega con las palabras Delpo, aunque los datos de la realidad suelen ser elocuentes. Abrumado por vaivenes emocionales, dolores físicos y controversias de ocasión pasó buena parte de la temporada. Y en un puñado de semanas, cambió todo. Ahora, pretende el 21° título.

En Cincinnati, alcanzó los octavos de final, al perder contra el búlgaro Grigor Dimitrov por 6-3 y 7-5; en el US Open (toda una sorpresa), llegó a las semifinales, al perder con el español Rafael Nadal -el número 1 y luego campeón- por 4-6, 6-0, 6-3 y 6-2; en Pekín, también se frenó en los octavos, y ante Dimitrov por 7-6 y 7-5; en Shanghai quedó en las semifinales, al caer con Roger Federer por 3-6, 6-3 y 6-3; en Estocolmo (el único torneo de menor rango, un 250) obtuvo el título, al superar a Dimitrov por 6-4 y 6-2 y, al menos, llegó a la final de Basilea.

¿Qué cambió? ¿La actitud corporal, el combustible emocional, la confianza en las alturas? Tal vez, un poco de todo eso, más allá del desgaste de las figuras que compiten luego de una extenuante temporada. "Estoy sorprendido de estar en la final, es mi cuarta semana seguida (de competencia) después de varios años", analizó. "Mi cuerpo sigue ahí", contó, con naturalidad.

Ganó 18 de sus últimos 21 partidos. El trajín competitivo ofrece dos lecturas: el cuerpo exhibe el impacto, pero la mente se fortalece. "Estoy cansado y eso es un pequeño tema, pero la única manera de jugar ante Roger es ser agresivo todo el tiempo. Algunas veces, incluso, eso no basta para ganarle", advirtió el tandilense, que ayer se impuso sobre el croata Marin Cilic por 6-4 y 6-4. Federer fue un violín: aplastó al belga David Goffin por 6-1 y 6-2. Y jugará la ¡octava! final en el año.

Del Potro es uno de los cuatro tenistas que superó en 2017 a Federer; consiguió el triunfo en los cuartos de final del US Open. Los otros son los alemanes Alexander Zverev y Tommy Haas y el ruso Evgeny Donskoy -en marzo, en Dubai-, intrusos en una temporada sensacional, con dos grandes -Melbourne y Wimbledon- y la vigencia de una marca, a los 36 años.

Será el 24° cara a cara entre Federer y Del Potro, con un abrumador balance de 17-6 a favor del suizo. Toda una curiosidad: dos de las victorias del tandilense fueron en las finales de Basilea de 2012 y 2013. En la primera, se impuso por 6-4, 6-7(5-7) y 7-6 (7-3) y en la siguiente, venció por 7-6 (7-3), 2-6 y 6-4.

Campeón de 19 grandes, Federer sumó la victoria número 48 de la temporada. Roger, además, tiene otro desvelo: volver a ser número 1. "Voy a jugar con el mejor de la historia", asume Delpo, un animal competitivo que le escapa a las presiones, motivado en un final de fiesta de colección.

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