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No son Messi ni Neymar los que deben precisamente preocuparse por Estado Islámico

Domingo 29 de octubre de 2017 • 23:43
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Dice Estado Islámico (asumiendo que en efecto sean ellos), que el Mundial de Rusia 2018 será la perdición para Lionel Messi y Neymar. ¿Es una amenaza para temblar? En realidad no, porque hay ahí mucho más ruido que nueces, aunque la clave pase por otro lado, por la enorme repercusión de la supuesta amenaza. Agotado el efecto de los ropajes naranjas y las decapitaciones en vivo, Estado Islámico volvió a demostrar que es experto en propaganda. Un par de días después de la caída de Raqqa, ciudad siria que los líderes del pretendido califato consideraban su "capital", esparcir el temor utilizando los nombres y rostros de dos de los personajes más populares del mundo, Messi y Neymar, es una cortina de humo bastante efectiva. Aunque con límites: mientras los medios de todo el planeta reproducían -inevitable- las desagradables imágenes de un Messi ejecutado y un Neymar a punto de sufrir el mismo destino, fueron nada menos que los propios amenazados los que rápidamente entendieron la escasa entidad de la amenaza. Antonela, la esposa de Messi, subió a las redes sociales una foto de ella, su esposo y la pareja Césc Fábregas-Daniella Semaan cenando. Sonrientes, felices, no precisamente preocupados.

Así y todo, el recuerdo del deporte como objetivo terrorista es inevitable a menos de ocho meses del Mundial. Un atentado en la ceremonia de entrega de los Oscar sería un shock, pero fuera de eso difícilmente haya algo comparable a un ataque en citas deportivas como un Mundial de fútbol o unos Juegos Olímpicos. La televisación en directo a cientos de millones de personas garantiza la repercusión a nivel global,la diseminación instantánea del terror.

El gran antecedente es el septiembre negro de los Juegos de Múnich '72, pero eran otro mundo y otro terrorismo, muy diferentes a los de hoy. La bomba casera de Atlanta '96 fue solo un manotazo de un grupo blanco supremacista, y algo parecido puede decirse de la bomba en la maratón de Boston en 2013. Lo más cercano a la amenaza actual son las inmolaciones en el Stade de France en 2015: allí sí actuó Estado Islámico. Así y todo, cualquier experto en el tema podría decirle lo mismo a los Messi y a Neymar: si algo sucediera en Rusia, lo más probable es que afecte a la población local y/o a los espectadores, no a jugadores hiperprotegidos, la norma en cualquier gran evento deportivo. Lo que no quiere decir que a los Messi les agrade ver la imagen del "10" ejecutado por Estado Islámico, lo que no quiere decir que la AFA no deba (y ya lo hizo) preocuparse por la seguridad de los jugadores de la selección.

"Derecho a la intimidad? Olvídese de él durante el Mundial, sabrán todo sobre usted. Sabrán más, incluso, que lo que usted recuerda de sí mismo."

Para el ojo no demasiado entrenado, la conclusión tras la sucesión de imágenes fue inevitable: Estado Islámico está vivo y bien activo, porque dice (¡nada menos!) que va a matar a Messi y a Neymar durante el Mundial. Para el ojo algo más experimentado, lo único real es que el Mundial de Rusia será la cita deportiva más controlada y militarizada de todos los tiempos. La Copa Confederaciones de junio fue apenas un anticipo de lo que se vivirá durante el Mundial en un país que es eje de amenazas terroristas sobre todo internas. ¿Derecho a la intimidad? Olvídese de él durante el Mundial, sabrán todo sobre usted. Sabrán más, incluso, que lo que usted recuerda de sí mismo.

En dos semanas, la Argentina de Messi tendrá la oportunidad invalorable de probarse en tierras rusas con dos amistosos, uno de ellos en el estadio Luzhniki, sede del partido inaugural y final del Mundial. No pudo hacerlo en la Copa Confederaciones, para la que no se clasificó, pero puede hacerlo ahora. Y luego llegará el sorteo del 1 de diciembre para terminar de cerrar una logística que está, de todos modos, en un 90% ya definida.

El viaje de la selección a Rusia servirá también para ir afinando y afinándose en el asunto de la seguridad. Afinándose porque puede llegarse a una situación en la que la propia Argentina se sienta asfixiada por las políticas del hipercontrolador Kremlin, que no está dispuesto a que su Mundial sea el primero en el que se produzca un atentado.

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