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La presión de la calle ahoga aún más a los separatistas catalanes

Una multitud clamó por la unidad de España; hoy llegan funcionarios nacionales a la Generalitat; Puigdemont se debilita

Lunes 30 de octubre de 2017
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LA NACION
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La policía estima que 300.000 personas marcharon ayer por Barcelona
La policía estima que 300.000 personas marcharon ayer por Barcelona. Foto: Mathias Oesterle/DPA

BARCELONA.- La historia se escribe con ritmo de vértigo por estos días en Barcelona. El parte dice que, preso de confusiones, el independentismo catalán pierde aire y que el clamor por la unidad de España volvió a ocupar la calles de esta ciudad.

"Todos somos Cataluña, por la convivencia, ¡cordura!", decía la pancarta que encabezó una multitudinaria marcha a favor de la unidad de España.

Fuera de la euforia callejera, empieza la prueba de fuego. El gobierno central comienza esta mañana el desembarco de funcionarios en el Palacio de la Generalitat, la oficina de la que fue desplazado el presidente Carles Puigdemont. Es el comienzo de la toma concreta del poder en la autonomía.

La punta de lanza será el secretario de Estado para las Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, una persona de confianza de la interventora Soraya Sánez de Santamaría. Luego llegarán otros.

Lo hará con el telón de fondo de la masiva marcha de apoyo de ayer. Esta vez hubo un contundente apoyo de la izquierda. Autoridades del Partido Socialista Catalán marcharon junto a dirigentes del Partido Popular (PP) y de Ciudadanos.

El dato fue ignorado por los independentistas, que una vez más usaron las redes sociales para descalificar la masiva marcha como un desfile de "fascistas", que es el argumento que suelen emplear para descalificar a quienes se oponen a la ruptura.

Fue la primera marcha contra la separación de Cataluña que se realiza bajo la intervención del gobierno central de Mariano Rajoy sobre la autonomía. La primera tras el cese de las autoridades regionales que promovieron una ruptura independentista. Según la policía, participaron unas 300.000 personas.

Rajoy respaldó la manifestación a través de su cuenta de Twitter. "Concordia, convivencia y seny, democracia y diálogo en la ley", tuiteó el presidente, junto a dos imágenes de la marcha. "Los catalanes hablarán con libertad y garantías", en referencia a las elecciones programadas para el 21 de diciembre, agrega el tuit del mandatario.

Hoy, con el retorno a la actividad cotidiana, comienza una prueba de fuego para esa toma de control. La duda es si habrá "resistencia civil" en los lugares de trabajo. Sobre todo, en oficinas públicas. Las señales eran en sentido contrario. El destituido Puigdemont permanece fuera de Barcelona.

No hay indicios de que pretenda regresar a la que fue su oficina de gobierno.Lo mismo se recogió por parte de varios de sus 12 destituidos ministros. Trascendió que varios de ellos se preparaban anoche para "colaborar" con la entrega de sus oficinas.

"El proceso independentista que tanto nos ha dividido llegó hasta acá y acá se termina", decían algunos de los participantes en la marcha de ayer.

Para desconcierto de los suyos, Puigdemont siguió en silencio y con paradero desconocido. Sólo usó su cuenta de Twitter, en la que solía ser muy activo, para felicitar el triunfo de su club de fútbol, el Girona, sobre el Real Madrid.

El comentario deportivo no pareció el mensaje más alentador de parte de quien llama a la ciudadanía a "oponerse" a la intervención que hoy dará sus pasos más firmes sobre el territorio catalán.

Los retratos de Puigdemont comenzaron ayer a ser removidos de los despachos oficiales de la Generalitat y de oficinas públicas. En la ambigüedad que hicieron su terreno, el también destituido vicepresidente, Oriol Junqueras, publicó un artículo en el que insiste en que la República Catalana existe. Que él sigue siendo su vicepresidente y que, en los próximos días, habrá que tomar "decisiones difíciles". En ningún momento explicó cuáles podrían ser esos pasos.

Sobre la militancia que depositó su confianza en los líderes del "frente independentista" reina la mayor de las incertidumbres. No saben qué hacer. Recitan que la república existe, pero no tienen en claro dónde ejerce como tal.

"Creo que todo sigue funcionando en dos mundos paralelos. Uno es el de la realidad misma, que vemos, y otro es esto que nos quieren contar los independentistas", dijo a LA NACION el economista José Carlos Diez, que mide el comportamiento de empresas desde la escalada secesionista.

Campaña electoral

Además de una poderosa señal de unidad y mensaje a favor de la permanencia de Cataluña dentro de España, la marcha de ayer fue el comienzo informal de la campaña electoral para las elecciones regionales del próximo 21 de diciembre.

Sondeos conocidos ayer no son favorables al independentismo. Un estudio de la consultora Sigma publicado por el diario El Mundo arrojó que si los comicios fueran hoy la coalición que gobernaba en Cataluña perdería la mayoría en el Parlamento.

El frente integrado por el Partido Demócrata Europeo de Cataluña (PdeCat), Izquierda Republicana (ERC) y los antisistema de la CUP sumaría, como mucho, 65 diputados. Eso significa tres menos de los 68 que se necesitan para contar con mayoría propia y siete menos de los 70 con que cuenta hoy.

De todos modos, no está claro qué hará el frente independentista en esos comicios. Es posible que las tres fuerzas que lo componen -y que tienen orientaciones muy distintas- sigan estrategias distintas y, como tal, la alianza de conveniencia termine por fisurarse.

Tal vez por eso los más radicales están hablando de "boicotear" las elecciones. Un recurso para restarle validez a un número que, por lo menos hasta ahora, no se perfila como conveniente para sus intenciones.

Ayer, desde el gobierno de Rajoy se señaló que Puigdemont podrá ser candidato en las elecciones del 21 de diciembre, siempre y cuando no esté detenido para ese entonces.

Hoy, de todos modos, la mirada estará puesta en lo más inmediato. En la reacción pública y en la calle que recogerá el primer día de actividad bajo la intervención de Madrid. La delegada del presidente es la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Quienes trabajan con ella aseguran que lo último que puede esperarse hoy son imágenes de represión o desalojos a cargo de policías.

Si alguien "usurpa" una oficina pública como medida de resistencia, lo que habrá es intervención judicial. Que, está visto, preocupa mucho a quienes mandan a los ciudadanos a "resistir" en las calles.

Un ministro belga ofrece asilo a Puigdemont

El ofrecimiento de asilo político al presidente catalán cesado, Carles Puigdemont, por parte de un miembro del gobierno de Bélgica creó revuelo en ese país, cuyo primer ministro hizo una desmentida oficial. Ante la posibilidad de que sea encarcelado, "Puigdemont puede solicitar asilo político", escribió en su cuenta de Twitter el secretario de Estado belga de Inmigración, el flamenco Theo Francken. Luego el premier belga, Charles Michel, negó de manera tajante en un comunicado tal posibilidad: "El asilo no está en la orden del día. Reiteramos nuestro llamado al diálogo y le pido a Theo Francken que no arroje aceite al fuego". Michel gobierna en coalición con el partido de Francken, la Alianza Neo-Flamenca, que defiende la separación pacífica de Flandes. Además de enviar el mensaje en Twitter, Francken habló con la cadena belga VTM. "Los catalanes que se sienten políticamente amenazados pueden solicitar asilo en Bélgica. Puigdemont también pertenece a ellos. Eso es totalmente legal", dijo

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