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Pablo Gerchunoff: La reconfiguración del mapa político argentino. "Cambiemos es el partido del centro popular"

Lunes 30 de octubre de 2017
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LA NACION
Pablo Gerchunoff
Pablo Gerchunoff. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

Es un gran historiador económico, pero sobre todo, un pensador libre, lúcido, creativo y controversial. Su visión del país nunca ha quedado atrapada en cárceles mentales. Pablo Gerchunoff es profesor de la Universidad de Buenos Aires y también de la Di Tella. Ha escrito libros imprescindibles: ¿Por qué la Argentina no fue Australia?, es uno de ellos. Aquí habla de las razones y los efectos del 22 de octubre, la necesidad de sostener el gradualismo, los engaños con el déficit fiscal y las características ideológicas de Cambiemos. Sostiene que este nuevo actor político no es de centroderecha y que funda el "centro popular". También dice que Macri tiene muy poco de liberal y que ha logrado, a un mismo tiempo, unificar "la familia radical" y quedarse con votos del peronismo.

-Con los resultados electorales, ¿ha comenzado de verdad un nuevo ciclo político en la Argentina? Y en todo caso, ¿cuánto tiene que ver eso con la economía y con lo estrictamente político?

-Para entender cabalmente el fenómeno del 22 de octubre hay que dejar pasar un tiempo y pensar mucho, porque claramente lo ocurrido es de una magnitud que impide conclusiones demasiado rápidas. Lo conecto con las aspiraciones de Cambiemos desde que llegó al gobierno. Macri se propuso dos cosas: la primera es un cambio profundo en el sistema político para convertirlo en competitivo. No sé si no se pasó de la raya y de pronto esto vuelve a ser un sistema de un partido político dominante, pero ahora con Cambiemos como sol en el centro. No me atrevo a asegurar que así va a ser, aunque el primer objetivo le está saliendo bastante bien: el mapa político está cambiando. Son como las últimas esquirlas de 2001; yo creo que Cambiemos es una fuerza política emergente de aquel crac, el Pro en particular, y que Cristina Kirchner y el kirchnerismo también lo fueron. Eran como dos emergentes de 2001 enfrentándose en un resultado que tampoco creo haya sido totalmente negativo para Cristina y que nos abre a la posibilidad de un sistema político nuevo, distinto del que conocimos.

-¿Y en lo económico?

-Lo mejor que hizo Cambiemos desde que asumió, en diciembre de 2015, es manejarse con enorme prudencia, saber que la sociedad y la economía no son de plastilina, no se cambian de un día para otro y que hacen falta astucia, tiempo, paciencia e inteligencia. No estoy muy seguro de que esa fuera la pulsión inicial de Macri, pero a medida que fue pasando el tiempo quedó claro que por ese camino iba. Y ese camino explica, en buena medida, el resultado del 22. El hecho de que una franja muy amplia de la sociedad vio que le daban cosas, que Macri no venía a sacarle cosas, fue muy importante para el caudal de votos que cosechó y para un punto interesante: Macri se quedó con votos peronistas, más incluso que aquellos de Alfonsín en el 83 o en el 85.

-Una parte de la sociedad todavía la está pasando mal. ¿Pero cuánto creés que impactó en la elección este optimismo social de los últimos tiempos, esta leve reactivación?

-Hubo dos cosas. Lo primero es que a veces los historiadores económicos tenemos que aprender acerca de la productividad política enorme que tienen las reactivaciones. Esto es, la economía va para abajo y todo es pesimismo, y de repente empieza a ir para arriba y hay algo mágico que cambia el humor social, aunque la reactivación sea muy moderada. Porque ese fenómeno deja la sensación de que ha habido un cambio de tendencia. Después veremos si lo ha habido realmente, pero en ese momento el significado de la reactivación para un resultado político es muy grande. Lo segundo tiene que ver con el hecho de que Cambiemos es una coalición política electoral, supo mostrarse como proyecto de futuro. Esto es: "Ustedes no tienen todo lo que nosotros querríamos darles, pero al haber comenzado la reactivación sepan que vamos a ir para ese lado, mañana vamos a estar mejor que hoy". Ése fue el mensaje que recibió el electorado. Le están dando la sensación de mejora económica. Pero esa mejora, si uno saca la foto de hoy, es muy mediocre, es muy pobre todavía.

-¿Quién es Macri a esta altura de partido? ¿Es verdad que hay una lucha en su interior entre el liberal y el desarrollista?

-No lo conozco mucho. Pero creo que tiene muy poco de liberal. Aunque lo mismo diría de Menem, que en su momento llevó a cabo unas reformas que fueron catalogadas como neoliberales. Creo que Macri tiene un reflejo más desarrollista, sin ninguna duda, pero con una tensión interna: sabe que tiene que aplicar esta idea en un contexto de globalización económica y financiera, lo que hace que el desarrollismo sea aún más difícil que en la época de Frondizi, porque la resignación de soberanía a la que uno se ve sometido en circunstancias como ésta es muy grande. Lo que más me llama la atención de Macri es que lo hace en un contexto en el que si uno mira este resultado electoral, se llevó votos peronistas, pero lo importante es que unificó la familia radical en un sentido amplio. No pongamos el foco sólo en las fracciones del radicalismo en la actualidad. Los viejos radicales "balbinistas" y los viejos radicales "frondizistas" apoyan a Macri, lo votan en algo que significa el fin del radicalismo como la expresión central de los intereses de las clases medias. Creo que debe de haber algunas noches en las que Macri se va a dormir pensando: "¿Qué hago yo siendo la expresión del radicalismo unificado?". Porque seguro que eso no estaba en su cabeza hace cinco, diez, quince años. Apostaría que la primera vez que se pensó como presidente fue con una coalición dentro del peronismo.

-De hecho, Menem y Duhalde le vieron el gen peronista; cada uno en su momento quiso llevarlo de candidato...

-Exactamente. Él tuvo, en todo caso, la astucia de darse cuenta de que en la coyuntura política y por la circunstancia histórica había que ir por otro lado.

-Vivimos de prestado. Hay un déficit fiscal muy importante y lo estamos sosteniendo con deuda. Esta situación puede ser peligrosa, sobre todo si cambian las condiciones internacionales. ¿Cómo ves este asunto nodal de la economía?

-No lo pondría sólo como una cuestión fiscal. En el momento en el que crezcan las inversiones y se extienda la confianza entre los empresarios privados, dinero prestado van a pedir todos. Hay países en el mundo que llegaron a la crisis de la deuda con superávit fiscal. España en 2007-2008, Chile en la crisis de la deuda de los 80 no tenía déficit fiscal. Tratemos de mirar el país como un conjunto sin hacer distinción entre lo público y lo privado y sí, vamos a ver un país que pide prestado. El nivel de deuda del que partimos a comienzos del gobierno de Macri no es un problema. El nivel de deuda que tenemos hoy tampoco lo es. Pero la dinámica del crecimiento de la deuda sí es un problema, porque algo está todavía fallando en la economía de Cambiemos.

-¿Y qué es lo que falla?

-El estancamiento de las exportaciones. Porque cada dólar que el país entero no exporta es un dólar que se tiene que pedir prestado para sostener el nivel de actividad actual. Probablemente se avance en los próximos días, en los próximos meses con reformas económicas. Se va a discutir eso, ha habido reuniones de Macri con su propia gente, con la oposición, pero todo programa económico tiene un talón de Aquiles. No quiero ser muy brutal con la experiencia de Cambiemos, pero, como sostiene el dicho mexicano: "El día que la mataron, Rosita estaba de suerte, de tres tiros que le dieron sólo uno era de muerte". No estoy hablando de la muerte del proyecto. El riesgo del proyecto es que no pueda dinamizar sus exportaciones para poder bajar la dinámica del endeudamiento.

-¿Eso te preocupa más que el déficit fiscal?

-No voy a decir que no me preocupa el déficit fiscal. Es más: del déficit externo que tenemos hoy la mayor parte está explicada por el fiscal, pero puede ocurrir que mañana no. Por ejemplo, supongamos que hablamos con un amigo ortodoxo: se baja el déficit fiscal; él va a estar muy contento. Y yo le voy a decir: "¿Pero te fijaste qué pasa con la inserción financiera de la Argentina en el mundo?". Si en ese momento es el sector privado el que toma deuda, yo voy a tener la misma inquietud, porque las crisis que golpean a las empresas privadas grandes son crisis del país, no son crisis de la empresa. A la larga, el Estado se hace cargo, aquí y en cualquier lado.

-Las reformas que está encarando el Gobierno ¿son correctas?

-Por ahora son básicamente títulos, que son importantes y correctos. Uno se pregunta: ¿la Argentina necesita una reforma previsional? La respuesta es sí. ¿Necesita cambiar alguna de sus instituciones laborales? Sí, seguro que sí. Pero a mí me parece que lo relevante aquí es lo siguiente: un programa económico es un rumbo, una secuencia y una velocidad. No se define sólo por el rumbo. Si uno tiene un rumbo, y a priori es el adecuado, pero no acierta con la secuencia y la velocidad, entonces todo puede fallar. Lo que estoy viendo a partir del 22 no solamente es el rumbo que ya empieza a entenderse, sino también la secuencia y la velocidad. Esto todo es una introducción para decirte que el gradualismo no puede ser evitado ni cancelado después de los resultados electorales. Es el método de este gobierno, si lo que quiere es convertirse definitivamente en un partido del centro popular. Partido del "centro popular" como por ejemplo lo que fue la democracia cristiana italiana, o lo es en la actualidad Angela Merkel.

-¿También Macron?

-Él fue el centro popular en el momento de la elección, pero la última vez que vi una encuesta de popularidad de Macron había caído un 30 por ciento. Esto es un buen llamado de atención para recordarnos que somos mortales políticamente. En este escenario de volatilidad de sistemas políticos (un fantasma que recorre el mundo), es bien importante que sepamos que todo lo que podamos consolidar sobre la base de la cautela y la prudencia es irreversible, y ésa es la maravilla. La maravilla no es el cambio mismo. Menem hizo cambios y ¿qué quedó de eso? Casi nada. Lo nuevo sería un programa de cambios que se puedan percibir y que los historiadores podamos contarlos en el futuro como irreversibles. Y eso necesita rumbo, secuencia, velocidad, consenso.

-Vos hablás de este concepto: "centro popular".

-Es la manera que tengo yo, un poco abstracta, de llamar al proyecto de Cambiemos. Decir que esto es un proyecto de centroderecha no tiene ningún sentido. Si experiencia de centroderecha es la España del Partido Popular, esto no tiene nada que ver. Si uno le mira la cara a María Eugenia Vidal, esa mujer no es de centroderecha. Es en todo caso una joven muy inteligente y muy intuitiva, pero esencialmente una demócrata cristiana. Yo la miro por televisión y veo eso.

-Un sistema que propende al centro después de haber hecho todo tipo de péndulos extremos. ¿Lo que está de moda en la Argentina es el centro?

-Ojalá.

-Bueno, liberado de menemismo y kirchnerismo, el peronismo propendía también al centro...

-Sí, ¿pero no te parece que los resultados del 22 han castigado muy duramente al centro peronista?

-Sí, sí. Porque hay un nuevo centro en escena. Si yo hoy fuera un dirigente peronista con cierta perspectiva, a lo mejor me uno a Cambiemos, porque me parezco más a María Eugenia que a Cristina.

-Lo que me estás diciendo entonces es que puede ocurrir que el centro peronista desaparezca, absorbido por Cambiemos, y que lo que quede a su izquierda sea un partido kirchnerista. Eso, en primer lugar, sería asombroso como novedad, si así se constituyera. Siempre hay que tener cautela para hacer afirmaciones sobre el futuro en este aspecto, ¿no? Sobre todo en la Argentina.

Bio

Fecha de nacimiento: 2 de agosto de 1944

Lugar: Buenos Aires

Es historiador económico e investigador del Conicet. Posee una amplia trayectoria en el ámbito académico: es profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella, profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires y profesor visitante en diversas universidades extranjeras. Fue becario de la Fundación Guggenheim (2008/2009). Es autor o coautor de varios libros, entre los que se destacan El ciclo de la ilusión y el desencanto. Un siglo de políticas económicas argentinas (1998), Desorden y progreso. Historia de las crisis económicas argentinas 1875-1905 (2007) y ¿Por qué Argentina no fue Australia? Una hipótesis sobre un cambio de rumbo (2006). Su último libro es El eslabón perdido.

La entrevista completa hoy, a las 23.30

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