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Winx, la yegua del pueblo que agota entradas y atrae a miles con sólo un ensayo

Fue comprada por 241.000 dólares en Australia en 2013, antes de que empezara a correr; suma 22 victorias seguidas y más de US$ 12 millones

Lunes 30 de octubre de 2017
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LA NACION
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El mundo del turf se rinde inusualmente por estos días a las patas de dos yeguas. Una de ellas, la británica Enable, compite en Europa y está construyendo su historia: transita su primera temporada en las pistas con victorias icónicas en Inglaterra, Irlanda y Francia. La otra, Winx, ya es una leyenda en Australia, donde las entradas se agotan con varios días de anticipación cada vez que se conoce en qué hipódromo dará su próximo paso. Anteayer sucedió en Moonee Valley, la cancha en la que logró su 22º triunfo consecutivo al imponerse en el Cox Plate (Grupo 1), la segunda carrera para ejemplares adultos más rica de ese país, con poco más de 2,3 millones de dólares estadounidenses en premios.

Hacia allí, a unos seis kilómetros de Melbourne, viajó apenas tres veces, en todos los casos para correr en los 2040 metros más famosos de la ciudad, y ahora tuvo un plus: su tercer éxito seguido en esa prueba fue en tiempo récord (2m2s94/100). La plusmarca anterior en ese trazado también le pertenecía, desde 2015, el año de su última derrota, sucedida el 11 de abril. Desde entonces Winx actuó en siete hipódromos, siempre sobre pasto, en distancias comprendidas entre los 1300 metros y los 2200 y en cotejos desarrollados tanto a la mano derecha como a la izquierda. Y ganó siempre. En el ranking mundial figura segunda, pero como la mejor en competencias sobre césped.

Winx fue ofrecida en una subasta pública cuando tenía sólo un año, sin siquiera estar domada. Permaneció en el ring por casi tres minutos antes de que se bajara el martillo luego de una oferta equivalente a 241.000 dólares (también estadounidenses), un precio lejano a los grandes valores. En la venta de 2013 de Magic Millions Gold Coast, la yegua fue comprada por una sociedad conformada por Magic Bloodstock Racing (propiedad de Peter Tighe y su esposa Patty), Richard Treweeke y Debbie Kepitis.

Como la madre de la yegua es Vegas Showgirl, los socios la bautizaron con el nombre de un club popular de Las Vegas de los años setentas y ochentas. En aquel momento, ninguno de los nuevos dueños imaginó que estaba adquiriendo a una futura campeona. Menos aun, que luego de cuatro años y 32 carreras de la zaina llevaran la cuenta de 26 primeros puestos y ganancias por 12.415.908 dólares. Tienen, además, a la yegua del pueblo. El martes pasado, cuando los participantes hicieron su último trabajo preparatorio, el hipódromo permitió el ingreso de aficionados desde las 6.30, a cambio de un alimento o una donación, y varios miles se agolparon para seguir a la estrella. Al día siguiente ocupó la tapa del Herald Sun. No había noticia social más relevante para ese diario.

En comparación con reconocidos caballos de primer nivel en aquellas tierras, Winx no tiene un paso particularmente largo. De hecho, mide 6,76 metros, frente a los casi 8,5 de Black Caviar, ganadora de sus 25 competencias entre 2009 y 2013, y de Phar Lap, una celebridad cuya historia llegó al cine, y sus restos, a tres museos: el cuerpo está disecado en Melbourne, el esqueleto se encuentra en Nueva Zelanda y el corazón, en Canberra.

El éxito de Winx es atribuido a una velocidad "anormal" que le permite dar 14 zancadas cada 5 segundos, ante un promedio de 12 de sus rivales. "Esto significa que puede estabilizarse o acelerar en cualquier momento de la carrera. Creo que eso es lo que la hace única", dijo Graeme Putt, un veterinario neozelandés que ha estudiado en detalle a los grandes caballos de carreras.

El australiano Chris Waller, su preparador, informó que el próximo desafío será resuelto la semana que viene. "No importa si la carrera tiene un premio de 1000 dólares o de 1.000.000. Vamos a hacer lo que sea lo mejor para ella, tal como lo hemos hecho siempre", señaló. Su jockey, Hugh Bowman, de 37 años, asegura que nunca pensó que un caballo podía traerle tanta alegría a su vida. Algo totalmente opuesto a un episodio del último verano, cuando su casa y la de su padre, Jim, estuvieron cercadas por uno de los peores incendios forestales que afectaron a Dunedoo, su ciudad natal, donde Hugh aprendió a andar a caballo a los 2 años. Él, cuyos abuelos granjeros jugaron al rugby, resultó el mejor complemento para Winx.

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