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En nuestro país se produce un ACV cada cuatro minutos

Miércoles 01 de noviembre de 2017 • 00:18
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Nuestro cerebro vive gracias a que se encuentra irrigado a través de las arterias cerebrales. Así la sangre lleva el oxígeno necesario para que nuestras células nerviosas puedan vivir. Denominamos accidente cerebrovascular o ACV a la interrupción repentina de la circulación cerebral.

Esto puede producirse porque se obstruye o tapa una arteria y en este caso se denomina ACV isquémico o porque se rompe una arteria produciendo una hemorragia como en el caso de los aneurismas cerebrales. Los ACV isquémicos representan el 80% de los casos quedando para el 20% restante los ocasionados por hemorragias.

En nuestro país se produce un ACV cada cuatro minutos. Para saber sobre la magnitud de lo que estamos hablando debemos decir que el ACV es la tercera causa de muerte en nuestro país y la primera de discapacidad. Entendemos por discapacidad al daño neurológico producido por los ACV en aquellos pacientes que sobreviven al ataque agudo. Los condicionantes del accidente cerebrovascular son aquellos mismos que alcanzan al corazón. Es por ello que decimos que lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro, y lo que le hace mal al corazón le hace mal al cerebro. Esos factores de riesgo son: la hipertensión arterial, el colesterol, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, el cigarrillo, las arritmias cardíacas y el estrés.

Es muy importante detectar a tiempo los síntomas ya que la atención precoz es determinante para un adecuado tratamiento y la disminución de las secuelas.

Los síntomas para detectar un ACV:

•Aparición brusca de una alteración en el habla. La persona intenta hablar y tiene dificultad para pronunciar una frase.

•Súbita dificultad en la comprensión y entendimiento de lo que hablan otras personas. Es decir la persona está consciente de que le están hablando e incluso escucha pero le cuesta comprender el contenido del mensaje.

•Pérdida de fuerza, alteraciones en la sensibilidad y sensación de hormigueo en una mitad del cuerpo ya sea en un solo brazo o pierna o en la cara. La pérdida de fuerza en la mitad del rostro puede manifestarse claramente cuando la persona intenta sonreír de manera que se observará una asimetría en la boca.

•Pérdida transitoria de la visión de un ojo, aunque sea por muy poco tiempo.

•Mareo intenso o vértigo incluso con pérdida de la estabilidad o la posibilidad de caminar en línea recta.

•Dolor de cabeza intenso, como si la persona hubiera recibido un zapatazo. Este último síntoma es más frecuente en los cuadros de aneurisma cerebral.

Espero haber sido contundente y preciso con la sintomatología como para permanecer alertas a esta circunstancia en nosotros o en aquellas personas que nos rodean, recordando siempre que si aparecen estos síntomas la persona debe ingresar a un centro de alta complejidad para un adecuado diagnóstico y tratamiento lo antes posible. De manera que la forma correcta de actuar es o bien el llamado inmediato a un servicio de emergencia médica o incluso si es posible ser trasladado muy rápidamente un hospital de alta complejidad. ¿Por qué digo de alta complejidad? porque se va a requerir estudios de imágenes neurológicas tales como la tomografía computada o la resonancia magnética nuclear. En muchas ocasiones la aplicación inmediata de medicación por vía arterial brinda la posibilidad de desobstruir la arteria tapada disolviendo el coágulo. Si el ACV hubiera sido por hemorragia la cirugía precoz también puede salvar la vida del paciente y disminuir las secuelas.

Quisiera para terminar decir de nuevo que: “lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro”.

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