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Puigdemont se presenta como perseguido y se expone a ser detenido

La justicia lo citó para mañana; si no va, ordenarán su captura internacional; el líder permanece en Bélgica y dijo que no hay "garantías para un juicio justo"

Miércoles 01 de noviembre de 2017
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MADRID.- Destituido, sin poder real y bajo amenaza de terminar preso, el líder separatista catalán Carles Puigdemont se presentó ayer en Bruselas como un perseguido político, anunció la creación de un virtual gobierno en el exilio y advirtió que no volverá a España hasta que no le den "garantías de un juicio justo".

Tendrá que decidir de urgencia si mantiene su palabra: al anochecer la Audiencia Nacional lo citó a declarar mañana en Madrid como acusado de rebelión, sedición y malversación a raíz de la proclamación de la república que el Parlamento catalán votó el viernes. Si falta, la fiscalía pedirá de inmediato su captura.

Puigdemont en Bruselas, antes de participar ayer de una conferencia de prensa
Puigdemont en Bruselas, antes de participar ayer de una conferencia de prensa. Foto: Nicolas Maeterlinck/DPA

La presión sobre los líderes independentistas es máxima. Los 13 ex consellers (ministros) de Puigdemont deben desfilar por los tribunales entre mañana y pasado. La jueza Carmen Lamela les dio tres días para que depositen una fianza de 6,2 millones de euros (si no lo hacen, embargará sus bienes) y podría dictarles prisión preventiva incluso a quienes se presenten a declarar. A la presidenta del Parlamento, Carme Forcadell, le tocará declarar los mismos días ante el Tribunal Supremo, porque mantiene los fueros.

El delito de rebelión que les achaca la Fiscalía General del Estado contempla penas de hasta 30 años de prisión. El de sedición, entre 8 y 15. Y el de malversación, de 6 a 12.

¿Mantendrá Puigdemont su desafío? A su show en Bélgica en una sala abarrotada de periodistas internacionales no le faltaron los habituales condimentos de ambigüedad. Afirmó que se considera "el legítimo presidente de la Generalitat" y al mismo tiempo ratificó que el independentismo competirá en las elecciones que convocó el gobierno de Mariano Rajoy como parte de la intervención de Cataluña.

Ante la alarma de las autoridades belgas, desistió de pedir asilo. Pero de sus palabras se deduce que ansía trabar las acciones judiciales en su contra. "Estoy aquí para actuar con libertad y seguridad. Hemos venido a buscar garantías que el Estado no nos da en Cataluña, porque más que un deseo de justicia lo que tienen es un deseo de venganza", dijo Puigdemont, en una sala ínfima del Club de la Prensa de la capital belga. Lo acompañaron seis de quienes fueron integrantes de su gabinete.

Evitó en todo momento decir si asistirá a la citación judicial. De no hacerlo, hará estallar un conflicto en el corazón de la UE. España deberá enviar una orden europea de captura, que derivará casi seguro en un juicio de extradición, ya que Bélgica -con un sistema en extremo garantista- es el único país europeo que no entrega automáticamente a un detenido a quien requiere otro miembro de la Unión.

Es sugestivo que Puigdemont haya contratado al abogado Paul Beckaert, experto en causas de derechos humanos que consiguió años atrás frenar procesos de entrega a España de etarras refugiados en Bélgica. "No queremos escapar a la acción de la justicia, pero queremos las garantías jurídicas en el marco europeo -dijo-. La querella del fiscal general confirma la extrema agresividad que plantea el Estado español. Busca perseguirnos políticamente por nuestras ideas."

A última hora de anoche, en medio de un insólito operativo de confusión, el ex presidente se dirigió al aeropuerto de Bruselas y se especuló con que saldría del país. Al final se supo que tres de sus ex consellers volaron hacia Barcelona, pero él se quedó, según confirmaron fuentes de su entorno.

Su actitud le hace un flaco favor a su estrategia de defensa. El riesgo de fuga es uno de los motivos que podrían justificar el pedido de prisión preventiva tanto para él como para el resto de los acusados.

Puigdemont mezcló en su declaración cuatro idiomas (catalán, castellano, inglés y francés), lo que aportó a la confusión del mensaje. La puesta en escena cuidadamente desafiante apuntaba a levantar el ánimo del independentismo, en horas bajas después de que Rajoy consiguió tomar con relativa calma el control de Cataluña. Puigdemont y sus aliados esperan aglutinar fuerzas para la campaña electoral que viene: ante el fiasco de la república prometida, el victimismo del exilio será el combustible del discurso electoral.

En un intento de mostrar autoridad, el líder destituido le exigió a Rajoy "un compromiso" de que aceptará los resultados de las elecciones de diciembre "si no le son favorables". Sueña con convertirlas en un plebiscito contra la intervención de Cataluña, amparada en el artículo 155 de la Constitución.

Puigdemont dijo que había decidido ordenar a los funcionarios acatar la intervención de Madrid, "para evitar situaciones de violencia". Pero al mismo tiempo anunció que "los legítimos representantes de Cataluña" seguirán en funciones. "Nunca hemos abandonado el gobierno", dijo. Él y una parte del gabinete trabajarán desde Bruselas, anunció, mientras que el vicepresidente Oriol Junqueras lo hará desde Barcelona con otros consellers cesados.

En La Moncloa sospechan que el bloque independentista quiere llegar a las elecciones en medio de un grave conflicto, con dirigentes detenidos y un litigio internacional en marcha.

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