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Fiel a su estilo, Trump esquivó la prudencia

Miércoles 01 de noviembre de 2017
LA NACION
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WASHINGTON.- Ocurría en Europa, no acá. Pero ayer, Nueva York, una ciudad que se precia de su resiliencia, de resistir a todo y recuperarse de todo, volvió a ser abofeteada por la locura jihadista, y sintió un escalofrío que ya es familiar del otro lado del Atlántico, pero era desconocido en las calles de Manhattan.

El peor atentado en la ciudad desde los ataques a las Torres Gemelas puso a Nueva York -y a Estados Unidos- en la lista de ciudades que han sufrido el azote de un método macabro ejecutado por un "lobo solitario" montado detrás de un volante. Ese golpe ha desgarrado ya una y otra vez a Europa.

Fue, también, el primer golpe jihadista a la presidencia de Donald Trump . El jefe de la Casa Blanca no tardó en vincular el ataque con el "terrorismo radical islámico", tal el sello que repite cada vez que se refiere al flagelo, y que los demócratas denuestan porque ata el terrorismo al islam.

Fiel a su estilo, Trump esquivó la prudencia y no esperó las conclusiones de una investigación que llevaba apenas unas horas de vida. Ató el atentado con la organización terrorista Estado Islámico (EI), un vínculo que de todos modos ya estaba en mente de todos después del primer recuento oficial del ataque, las primeras fotografías y la confirmación de las autoridades que el atacante había gritado "¡Dios es grande!" en árabe antes de ser abatido.

"No debemos permitir que EI regrese, o ingrese, a nuestro país después de derrotarlos en Medio Oriente y en otros lugares. ¡Suficiente!", escribió en su cuenta de Twitter.

¿Cuál será la reacción de Trump? ¿Qué hará ante el primer atentado bajo su presidencia para impedir, como dijo, que los terroristas vuelvan a sembrar el pánico? ¿Qué hará para "ganar", como prometió una y otra vez?

Durante la campaña presidencial y los primeros de sus presidencia, Trump utilizó los atentados terroristas que azotaron a Europa para impulsar dos de sus políticas más controvertidas: la llamada "prohibición musulmana", bloqueada por la justicia, que apunta a impedir la llegada de extranjeros de seis países mayoritariamente musulmanes, y el recorte al cupo de refugiados sirios.

La Casa Blanca y el entorno de Trump han defendido ambas medidas, que han calificado de vitales para luchar contra el terrorismo.

Pero, paradójicamente, el veto de Trump al ingreso de ciudadanos de países musulmanes no hubiera servido para impedir el ataque de ayer.

El sospechoso es un hombre de 29 años nacido en Uzbekistán, que llegó a Estados Unidos en 2010 y vivía en Tampa, Florida, según la información policial y de los medios locales.

Trump se enfrenta ahora a una pregunta con la que Europa lidia desde hace tiempo: ¿cómo se detiene a un "lobo solitario" que ataca donde menos se lo espera?

Nueva York, una de las ciudades más seguras y protegidas del país, volvió a dejar en evidencia que es un interrogante sin repuesta.

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