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"Hablen de este robo, muchachos", acusó el vicepresidente de River; "A llorar a la iglesia", respondió Russo

Miércoles 01 de noviembre de 2017 • 07:34
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LA NACION
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Foto: Captura de TV

"Todas las jugadas se revisan, pero no vamos a hacer más declaraciones". Visiblemente nervioso, el juez uruguayo Andrés Cunha, responsable principal de la utilización del VAR, soltó la frase ante los pocos periodistas que quedaban en la zona de vestuarios y dejó el estadio de Lanús. Minutos antes, por ese pasillo había caminado todo River con la certeza de que la arbitrariedad con la que se usó la tecnología en la semifinal de la Copa Libertadores lo perjudicó. La polémica de la noche, el penal que no cobraron en el primer tiempo por la mano de Iván Marcone, llenó de impotencia al equipo de Marcelo Gallardo, que se refugió en esa excusa para no admitir las debilidades propias. Si bien en las imágenes queda claro que fue mano, Cunha decidió que no merecía ser penal y por eso no le avisó al juez del partido, Wilmer Roldán, que no vio bien la jugada.

Foto: Captura de TV

La bronca Millonaria también la reflejó Rodolfo D'Onofrio, el presidente de River, que no quiso hablar con la prensa pero se tentó al dejar la zona de vestuarios y mientras caminaba a la salida gritó: "Esto es una vergüenza". Los ojos desorbitados y el gesto adusto acompañaron el sentimiento. Luego apareció el vicepresidente segundo del club, Matías Patanian, y fue más crudo: "Hablen de este robo, muchachos".

Del otro lado, Lanús era una fiesta. Sin embargo, cuando su presidente, Nicolás Russo, se enteró de las declaraciones que también hicieron Marcelo Gallardo y Leonardo Ponzio (ambos criticaron el arbitraje) les salió al cruce. "A llorar a la iglesia. Le digo a los dos, a llorar a la iglesia. ¿Desde cuándo River se queja de un partido con Lanús?". Lo cierto es que el Granate fue un justo ganador y nadie le saca la alegría de haber clasificado a la final.

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La confesión de Sand

José Sand fue clave en la remontada heroica de Lanús. El nueve tuvo que pelear solo contra Maidana y Pinola y terminó siendo una de las figuras del partido. Por eso sorprendió con sus declaraciones, al confesar la razón por la que no pateó el penal. "Yo estaba un poco nervioso...la verdad, tuve miedo de errar el penal y se lo di a Silva porque estaba bien", dijo el Pepe, que eligió ser sincero y admitir que más allá de que estaba de racha por haber hecho los primeros dos goles, no tenía la confianza necesaria para hacerse cargo de ese importante momento.

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El particular abrazo de Acosta

Apenas el árbitro pitó el final del partido, Lautaro Acosta fue corriendo hacia la mitad del campo y se abrazó con José Sand. Luego, cuando todo el equipo festejaba, el Laucha se arrodilló en la cancha junto a un alcanza pelotas y se quedó abrazado junto a él más de quince segundos. "Lo hice porque ellos también son importantes. Tienen un sentido de pertenencia grandísimo, eso es lo que hace grande al club, el sentido de pertenencia que hay desde las inferiores hasta la Primera. El chico con el que me abracé me ayudó, tenía siempre el agua preparada y apuraba el partido cuando había que apurarlo", señaló.

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El show de Lugones y los infiltrados descubiertos

El titular de la APreViDe, Juan Manuel Lugones, fue uno de los protagonistas en la previa de la semifinal. Si bien su rol era garantizar la seguridad del espectáculo, se dedicó a dar notas para explicar cómo hacían para descubrir a los hinchas de River infiltrados. "A algunas personas les preguntamos quien es el 4 de Lanús, están demoradas", dijo a Radio la Red. Mientras hacía sus declaraciones, el micro de River fue apedreado camino al estadio y le rompieron un vidrio. Ya durante el encuentro, LA NACION fue testigo de cómo, cuando el partido iba 2 a 0, en el codo de la tribuna popular local los hinchas echaron a golpes a dos personas que estaban vestidas sin nada que los identificara como simpatizantes de Lanús.

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