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El auto maldito de las pistas que volvió a correr, ahora en las rutas

El Ford en el que el Gurí Martínez perdió el título de TC de 2001 es una de las vedettes del Gran Premio Histórico del ACA, de los más aplaudidos por el público. Una historia de pasión.

Miércoles 01 de noviembre de 2017 • 10:33
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LA NACION
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El Ford ex Gurí Martínez, bajando la Cuesta del Portezuelo, camino a Catamarca
El Ford ex Gurí Martínez, bajando la Cuesta del Portezuelo, camino a Catamarca. Foto: Prensa ACA

Mientras Omar Martínez decide si se retira definitivamente del TC después de 23 campañas, uno de sus autos, uno que le proporcionó una amargura infinita década y media atrás, volvió a correr, pero cambió las pistas por las rutas y es una de las vedettes del Gran Premio Histórico del Automóvil Club Argentino, que en Catamarca alcanzó la mitad de su recorrido.

Cuando el entrerriano lo condujo por última vez, era celeste. Perdió el título de TC de 2001 en un fin de semana increíble: aquel viernes, Domingo Cavallo decretó el ruinoso corralito; el domingo, a Martínez se le escapó un campeonato que parecía seguro, en una carrera extraña, en la que el ahora diputado provincial por Arrecifes Marcos Di Palma no disimuló su rencor y lo obstruyó para favorecer la consagración de Guillermo Ortelli. El Ford le daba a Martínez su tercer subcampeonato consecutivo de TC...

Foto: LA NACION

"El Gurí no quería verlo más, y el coche estuvo mucho tiempo expuesto en un café deportivo en un shopping de Bahía Blanca", cuenta su dueño actual, Francisco Mouchet, un comerciante entrerriano de 76 años. "Lo compró un fanático que lo mantuvo con la misma decoración celeste, hasta que el Gurí salió campeón".

Martínez rompió la racha en 2004, con otro Ford, pintado de amarillo. Así que el dueño del auto maldito le copió íntegro la decoración; con ese ploteo la máquina está compitiendo en este Gran Premio, una prueba de regularidad que reúne modelos de colección y recorre 3.500 kilómetros a lo largo de una semana.

"Lo único que le cambié fue los laterales, pusimos la propaganda de mi comercio de neumáticos", cuenta Mouchet, que reside en Chajarí, y le dejó el negocio a sus hijos para disfrutar del auto. "Yo había corrido todos los Grandes Premios con un Peugeot 404, hasta que compré este auto en 2016".

El Ford tiene un motor Falcon con tapa de cilindros de aluminio y un árbol de levas especial. El habitáculo conserva las butacas, la pedalera y el comando secuencial de la caja de velocidades. Es una máquina construida especialmente para la pista... solo que ahora se enseñorea en la ruta: en la toma del radiador delantero van embutidos dos faros, necesarios para desandar los caminos. Es uno de los autos más celebrados por la gente que se agolpa para ver pasar la caravana.

"Con el Gurí tengo una relación desde que un muchacho al que yo apoyaba corría en su equipo en la Fórmula Super Renault. Fuí a verlo:

-Gurí, voy a armar el auto de Río Gallegos-le conté

-Vos estás loco- fue su primera reacción.

En Catamarca, punto medio del Gran Premio, Mouchet y su Ford están undécimos en su categoría, dominada por los Torino. "Perdimos mucho tiempo detrás de los camiones, pero por lo menos vengo con el aire acondicionado", se ríe su piloto. La mayoría de los autos participantes, construidos antes de 1967, no cuentan con ese equipamiento...

El Ford de Mouchet en Catamarca
El Ford de Mouchet en Catamarca. Foto: LA NACION

A mitad del Gran Premio, el Fiat 1500 de Manuel Urrea lidera la prueba sobre el Peugeot 404 de Luis Gilardi, ganador del 2016, por solo 7 milésimas, tal la precisión con la que se navega en esta competencia, que tocará San Juan y Villa General Belgrano antes de terminar, el sábado, en Arrecifes.

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