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Amor idealizado; la historia del hombre que dejó a su pareja por una mujer que no había visto jamás

En las ansias por recuperar su esencia, se embarcó en un intercambio apasionado de escritos con una desconocida, se enamoró y dejó lo que tenía por ella. Al encontrarse la realidad fue otra

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 03 de noviembre de 2017 • 00:25
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Todo comenzó en el año 2014. Por aquellos días, Ángel estaba en una relación de 8 años con una maestra. Dejó muchas cosas por ella. Era actor, escritor y lo abandonó todo, porque para ella esas actividades eran "de vagos". De a poco, se fue apagando y transformando en un tipo serio, demasiado formal. Sus años de tablas y escritos quedaron en el olvido y, con dolor ahogado, alejaba a las musas cuando ellas se manifestaban. Y estaba bien, nadie lo había obligado, él había elegido y se hacía responsable de su elección. Como muchos, él pensaba que esa iba a ser su única oportunidad de amar y ser amado; que con ella, debía pasar el resto de sus días.

Pero la realidad era que Ángel estaba con muchas ganas de volver a su arte. Al no encontrar el apoyo que necesitaba en su pareja, decidió retornar a un viejo mundo que conocía del pasado: el chat. Durante meses, exploró foros de gente de La Plata, sin encontrar nada demasiado emocionante. Hasta que una noche, se topó con Valkiria, tal era su nick. Como en esa época Ángel escuchaba bastante a Wagner, lo sintió como una especie de presagio. Comenzaron hablando de trivialidades, hasta el día en que conectaron a otro nivel.

Un comienzo idílico

Con Valkiria, Ángel reveló cosas que no le había dicho a nadie: sus angustias existenciales, sus deseos, sus pensamientos que para muchos eran locos; en ella, en su corrección al hablar, en sus muy meditadas formas de escritura, halló un entendimiento que jamás había encontrado antes.

Meses después, Ángel le dio su correo electrónico sin pensar que era alguien comprometido, cosa que igual le aclaró desde un comienzo. Como no tenía ninguna intención amorosa con ella, ni lo dudó. Así, comenzaron lo que fueron las cartas más hermosas, románticas e intelectualmente excitantes que nunca había recibido en su vida.

Fue para el segundo mail, que ella le tiró un dardo que se clavó en su alma y que aún destila ese dulce veneno que lo motiva a rememorar su historia: "Te amo", le dijo, "Te amo no vulgarmente, no con el desdén y la indiferencia con que los amantes lo dicen; amo tu alma, destinada a yacer con la mía, amo tu intelecto". Palabras más, palabras menos, Ángel acababa de leer las líneas más fuertes de su historia por parte de alguien que no conocía pero que, y en coincidencia con el fanatismo de ambos por el lenguaje anglosajón, sintió que era su "soulmate" (alma gemela), término que pasarían a utilizar con frecuencia.

Amar a un fantasma
Amar a un fantasma.

No puedo dejarte ir

Un día, su ahora ex novia le revisó las conversaciones de Facebook y descubrió este engaño, que no llegaba a ser carnal, y en donde ni siquiera la conocía, pero que era más profundo que cualquier vínculo que tuvo con ella. La pelea consecuente no se hizo esperar mucho y cuando su Soulmate se enteró de la discusión, propuso alejarse y le dijo: "no importa que esta sea la última vez que nos veamos. Si todo termina acá, ya me hiciste la mujer más feliz del mundo al haber compartido esto".

Ángel, no tuvo el coraje de dejarla ir. Sí tuvo el valor para enfrentar a la maestra, decirle que se había enamorado de otra mujer, y que lo suyo ya no iba más. Tuvo el valor de decir lo que implícitamente ya sentía desde hacía un año.

Días después, quedó en verse por primera vez, cara a cara, con su Soulmate. No la había visto ni en foto; no conocía el rostro de ese ser con quien se había vinculado desde un punto de vista espiritual. Tal vez, llegó a pensar, no necesitaba conocerla; con saber que su alma existía, para él era suficiente.

Verse por primera vez

Se citaron en un bar. Sus nervios no daban más. Se puso lo que consideraba que eran sus mejores ropas, su mejor perfume, y se dispuso a esperarla. Cuando finalmente apareció, quedó sorprendido ante una mujer bellísima, castaña, de anteojos blancos cuadrados que enmarcaban unos ojos dulces y soñadores que hasta hoy lo emocionan; tenía un andar sensual que los hombres vulgares no conocen. Su sonrisa, al verse, fue indisimulable; sus nervios, tampoco. Hablaron y tomaron un café con leche de esos que son excepcionalmente grandes; la lluvia, que caía de fondo, quedó grabada en su memoria hasta hoy. Y en un momento, por un impulso de felicidad, ella tomó su mano, la apretó firmemente, y le dijo "no sabés lo contenta que estoy de que finalmente nos conozcamos". El simple gesto terminó de sellar el enamoramiento.

El mismo café en el mismo lugar del primer encuentro
El mismo café en el mismo lugar del primer encuentro.

Unos días después, temprano a la mañana, ella le dijo que estaba en la casa de sus padres en su ciudad y que le encantaría estar con él tomando unos mates. Ángel tomó el auto, preparó el GPS hacia Chascomus y, sin decirle nada, se dirigió 120 km al sur de donde estaba, sin tener idea de cómo llegar, a dónde iba o qué iba a decir. Una locura.

"Pone la pava, en 10 min paso", le escribió y ella pensó que se trataba de una broma. Al ver su auto en su puerta, su cara se iluminó de felicidad. Dieron unas vueltas, estacionaron frente al lago y se quedaron charlando un largo rato. Estaban cada vez más cerca y sus miradas ya no pudieron apartarse. De pronto, el beso más intenso de su vida. Dice Dolina que lo primero que se dice después del primer beso siempre es una tontería; su caso, no fue la excepción. "Lo arruinamos..." pero al son de la música, siguieron besándose.

Enamorarse de un fantasma

Con ella tuvieron un vínculo apasionado, desde lo intelectual hasta lo artístico. Se vincularon en muchísimos niveles, incluso en lo íntimo. Todo era perfecto. Conocieron un poco más de sus historias; ella le dijo que por su condición de bipolar, había abrazado la lógica (como los Vulcanos de Star Trek, de los que era devota), porque las emociones la habían hecho tambalear mucho. Era emocional e impulsiva, pero ese balance hacía que Ángel se enamorara cada vez más de ella.

Su relación prosperó hasta que a la fantasía, a ese "cuento de hadas literario", le pasó lo que muchas veces pasa: le llega la realidad.

Comenzaron las discusiones, normal en toda pareja, pero anormal en la historia de ella. Le dijo que con su ex ella nunca había discutido, que en 10 años de pareja nunca se habían peleado y que discutir era algo que ella no podía concebir. Tuvieron 3 peleas en los 9 meses que estuvieron juntos y ella no lo aguantó. La ruptura de la casa de cristal que habían construido se hizo cada día más evidente, hasta que los vidrios estallaron en mil pedazos.

Una tarde, ella pasó por su oficina con una bolsa con cosas de él. Había decidido que su relación, ese idílico sueño que había comenzado colmado de magia, había terminado. Ella no podía más, sentía que iban a pelear nuevamente y no podía soportarlo; sentía que siempre era igual, que con sus palabras la convencía y que, esta vez, la seducción de su verba ya no iba a hacer efecto en ella. "Con solo amar no basta", le dijo, "Aún te amo, pero eso no es suficiente." Hoy, Ángel comprende que tenía razón.

Ese día, la persiguió por el edificio mientras ella ganaba la salida. Llegaron a la mitad de la cuadra y ahi comprendió todo, paró, y se quedó mirándola hasta que se alejó, llorando. De pronto, se convirtió en un punto en la mitad de la noche platense, lejana en el horizonte de cemento.

Dejarte ir
Dejarte ir.

Ya pasaron 2 años. Ángel habla de ella en terapia, porque marcó un hito en su vida. Ese vínculo espiritual e intelectual, esa belleza más allá de lo material, esa complicidad, fue algo que no volvió a vivir.

Hoy está en pareja con una dulce mujer, inteligente e incluso más compatible, pero no deja de pensar que, como decía también Dolina, uno se enamora de un fantasma; y es trágico cuando ese fantasma se encuentra con la cruda realidad, con el fin de la idealización, con las bajezas y lo común del ser humano. Hay idilios que deberían quedar en lo etéreo.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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