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Sin escalas para River: ahora toca saldar la deuda interna ante Boca

Por torneos locales, los millonarios no ganan el superclásico en su casa desde 2010; Gallardo tiene tres días para levantar el ánimo

Jueves 02 de noviembre de 2017
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Momento de barajar y dar de nuevo para Marcelo Gallardo
Momento de barajar y dar de nuevo para Marcelo Gallardo. Foto: Daniel Jayo

El clima de fiesta con el que River esperaba recibir el domingo a Boca quedó apenas en un deseo. Un deseo que hoy está hecho trizas. A River lo invade una sensación de pesadumbre, de sueño incumplido, de desazón gigante. El insospechado modo en que el equipo fue eliminado de la Copa Libertadores por Lanús, tras ir ganando 2 a 0 luego de la victoria 1 a 0 en el choque de ida, configura el peor escenario posible para afrontar el Superclásico del domingo en el Monumental. Polémicas por el arbitraje al margen, River acaba de padecer uno de esos mazazos que quedan para siempre en los registros más tristes de los clubes. Por eso, en los tres días que restan para el duelo ante el puntero de la Superliga, Marcelo Gallardo deberá trabajar esencialmente en el aspecto anímico para levantar la ajada autoestima de un plantel con el que ayer mismo tuvo una charla en ese sentido. Después de todo, el Muñeco sabe mejor que nadie que el duelo ante Boca representa una suerte de campeonato aparte por varias razones: 1º, la necesidad de ganar para acortar los nueve puntos de ventaja que le sacó Boca en apenas siete fechas; 2º, el objetivo de todo River de achicar la ventaja de nueve partidos que Boca le lleva en el historial en el profesionalismo, y 3º, el objetivo de cortar dos rachas molestas: River no gana en su casa un clásico oficial por campeonatos locales desde 2010 y por añadidura, tampoco Gallardo. Una suerte de bestia negra para Boca en los torneos internacionales, aún no logró celebrar en el Monumental por campeonatos domésticos ante el rival de toda la vida.

"La ilusión que teníamos de llegar a la final se terminó, pero esto sigue. Tenemos un partido importante que jugar. Queríamos llegar a la final de la Copa Libertadores. Vamos a tener que trabajar mucho en la parte psicológica para levantarnos y llegar de la mejor manera al domingo. Vamos a tratar de darle una alegría a la gente porque con Lanús no pudimos. No queda otra que recuperarnos y hacernos fuertes", dijo Gallardo, quien no logró quebrar el historial desfavorable de River ante Lanús en los duelos coperos mano a mano: los granates lo habían eliminado en las Copas Sudamericanas de 2009 y 2013, y le habían ganado la final de la Supercopa Argentina de este año. En 2009, a River lo dirigía Néstor Gorosito y Ramón Díaz fue el técnico en 2013. En febrero de este año, en La Plata, fue Gallardo el entrenador que sufrió ante el mismo rival.

Pero a River no le queda otra que levantar la cabeza y mirar hacia adelante: hasta fin de año lo esperan la semifinal de la Copa Argentina ante Morón (se jugaría en Mendoza el 12 de noviembre), una eventual final de esa competencia y los partidos por la Superliga ante Independiente, Newell's, Gimnasia y Unión. En ese marco, y como si se tratara de una carrera universitaria en la que hay que rendir materias casi permanentemente, al River de Gallardo también le aparece una cuenta por saldar ante Boca. La deuda interna del Muñeco en Núñez tiene ya cuatro capítulos: el 5 de octubre de 2014 igualaron 1 a 1 con goles de Lisandro Magallán y de Germán Pezzella en una tarde lluviosa, en la que el defensor de River emparejó el resultado jugando en posición de centrodelantero; el 13 de septiembre de 2015, Boca ganó 1 a 0 con gol de Nicolás Lodeiro; el 6 de marzo de 2016 igualaron sin goles; y el 11 de diciembre del año pasado, Boca se impuso 4 a 2, la tarde de la desventura de Augusto Batalla que posibilitó la remontada de Boca con Carlos Tevez como buque insignia.

El domingo, desde las 18.05, River buscará que aquel cabezazo cruzado de Jonatan Maidana, que le dio el triunfo por 1 a 0 el 16 de noviembre de 2010, deje de ser el motivo del último festejo ante Boca por un campeonato local en el Monumental. En 2014, con Ramón Díaz, y en la primera mitad de este año, con Gallardo, River se dio el gusto de ganar por el torneo doméstico en la Bombonera, pero esas alegrías le fueron esquivas en su escenario.

Desde que asumió como técnico de River a mediados de 2014, Gallardo se transformó -entre otras cosas- en un especialista en romper rachas. Ganó la Copa Sudamericana de ese año, el primer título internacional en 17 años. Y a partir de entonces sobrevinieron más alegrías para River, un torrente ganador que en 2015 incluyó la obtención de la Libertadores tras 19 años. En el medio hubo dos hitos que pusieron al técnico en el Olimpo de los ídolos del club: las alegrías coperas ante Boca, en la Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015, que para los hinchas significaron una redención histórica. Ahora, Gallardo está ante la posibilidad de levantar otro pagaré, más bien personal en este caso, en un momento duro e incómodo para River.

Envuelto en angustia por la eliminación copera, pero también consciente de que necesitará mostrar una buena versión futbolística para frenar el andar ganador de Boca, River necesita reconstruir su tejido emocional. Como después del 5 a 0 que le asestó Boca en el verano de 2015, en Mendoza, cuando le ganó por 1 a 0 la final de ida de la Recopa Sudamericana a San Lorenzo seis días más tarde. O como luego del 4 a 2 que sufrió en el Monumental el año pasado y cuatro días después se quedó con la Copa Argentina más deseada, porque otorgaba un pasaje para esta Libertadores que lo acaba de llenar de frustración y de interrogantes justo en la antesala del partido más esperado por sus hinchas.

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